ADVERTENCIA


Si se quieren ver todos los capítulos, basta con pulsar en el archivo año 2009, allí aparece "octubre" y en ese mes están casi todos los capítulos anteriores. Los otros primeros ocho se encuentran en el 2010.

TODAS LAS FOTOS DE ESTE BLOG SON PROPIEDAD DE JORGE EDUARDO LASTRA NEDWETZKI. NO SE INCLUYEN LAS REPRESENTACIONES DE FILÓSOFOS NI LA DE LA CRUZ AL COMIENZO, EN EL LADO IZQUIERDO DEL BLOG.

Normalmente cuando se introduce en el blog un capítulo nuevo, se pone y deja en primera línea durante unos días, luego se sitúa en el lugar que le corresponde de acuerdo a su numeración.


Para quienes buscan: El desarrollo del pueblo de Dios (Israel). Está en el blog Pateremon 4, entrada 17.


INTRODUCCIÓN



EL libro: "CONOCER Y SER" (002.00) fue comenzado a escribir el día 18 de Marzo de 2008. Es una especie de resumen de todas las experiencias filosóficas con las cuales he tenido contacto, tanto en los estudios formales como en las “meditaciones” que las enseñanzas de la vida y la naturaleza me permitieron “seguir”. Ha sido un largo camino, donde no han estado ausentes: las alegrías, el sufrimiento, la contemplación de realidades y hechos hostiles, así como la caridad y el amor de muchos seres que cruzaron por mis senderos y pisaron los caminos por donde iba. Se juntaron muchas cosas: pensamientos, palabras, rebeliones, cantos, lágrimas y algunos “amores” para poder distinguir los trazos de aquello que puede llamarse “filosofar” o formas de interpretar el conocer de mí mismo y de lo que me rodea. Pero, al fin, la síntesis se dio y he aquí, aquello que puedo recordar.


El libro: "SOBRE LA VERDAD" (003.00) empezó a ser escrito el día 22 de Agosto de 2014, en Salvaterra de miño, donde resido desde el 26 de noviembre de 2013.

Es una profundización sobre la verdad que se sustenta en en la Question 16 de la primera parte de la "Suma Teológica" de Sto Tomás de Aquino que tiene por título esa misma expresión: "Sobre la Verdad". La cual se divide en los siguientes artículos:

Questión 16 "Sobre la verdad"




003.00 SOBRE LA VERDAD.





LIBRO 


SOBRE LA VERDAD








"Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida"
(Jn 14, 6)


SOBRE LA VERDAD 

CAPÍTULO I 



Cuando hablamos de La Verdad, no hablamos de "nuestra verdad". Hay una enorme diferencia entre la verdad del Ser y la captación de lo verdadero en cada uno de nosotros. La verdad en El SER se da siempre cuando algo sucede o ES; pero que esté la Verdad no implica que nosotros la podamos conocer en su dimensión total. Para dar un ejemplo simple: supongamos que dos personas están en dos aceras opuestas de una calle en un mismo punto, en el momento donde ocurre un accidente automovilístico, ambos están mirando a la calle por donde pasa los vehículos; ¿cuándo el accidente ocurre será su visión del mismo igual? No, cada uno tendrá una “visión” es decir imagen de lo que ocurrió. El accidente en su dimensión de hecho real y completo no es posible captarla en su totalidad de ser. Son tantas y variadas la sensaciones y hechos que ocurren que para nosotros no es posible determinarlas en la pobre imagen de lo que percibimos por nuestros sentidos. Si esto ocurre en una cosa tan simple, ¿cómo será en la dimensión total del ser o de los seres? La necesidad de la aceptación de nuestra contingencia es requisito indispensable para poder ponernos en contacto con la Verdad. Nadie, salvo Dios, tiene la exclusiva de la Verdad total en ningún hecho o acontecer de lo que ocurre y esto a nivel material y dentro de los parámetros de nuestra dimensión humana. Por eso, querer imponer nuestra visión del mundo de manera categórica a los demás, fracasa y fracasará siempre. Lo que podemos es participar a los otros nuestra visión de la realidad o realidades que nos ha tocado vivir; pero nunca afirmar enfáticamente que nuestra visión es la realidad absoluta y total, pues no somos seres absolutos, muy al contrario, tenemos una inmensa limitación en el conocer. Aún así, la dimensión de nuestro conocimiento, es, asombrosamente, enorme; pero su concordancia con la realidad es limitada en cantidad, calidad y profundidad. ¿Luego la VERDAD es limitada? No, la Verdad de lo que ES no es limitada: ES; pero nuestra captación individual de ella es limitada y de acuerdo a variables personales inmensas y múltiples. Lo que Es, es totalidad de ser en sí mismo y esta totalidad es SU VERDAD, que ella no esté al alcance de nuestro conocimiento, es una cosa: es lo que ella sea para nuestro entendimiento; pero otra muy distinta que sea relativa en su dimensión de ser o hecho acontecido. No hay que atribuir relativismo a la VERDAD, sino a la captación de esa verdad en cada uno de nosotros afirmando su similitud. Osea que nuestro conocimiento de ella no es total, es parcial,  diferente, pero semejante en cada individuo que tiene contacto con el fenómeno o realidad que se presenta a nosotros. Recuérdese que la biblia afirma: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza" (Génesis 1,26); lo cual implica que nuestra manera de conocer es semejante a la de Dios, pero no igual; por lo que nosotros no podemos conocer "las esencias" de manera absoluta. Pero, negar la "validez" de nuestras "captaciones" del ser, sólo es posible si nosotros no somos realmente fieles a lo visto, oído o sentido de una determinada realidad. En esto está la mentira no en el ser de lo sucedido. La negación de la metafísica como pensamiento del ser en sí, es la causa de esta problemática en el pensamiento moderno.(1)

1) La verdad de las cosas, concepto olvidado.
 
Ver lo reseñado arriba: "La verdad de las cosas, concepto olvidado". Revista Universitas, Stuttgart, vol. VII, nº. 4, 1970.  Josef Pieper,  Münster.
 

 




003.01 EL PROBLEMA.









003.01 EL PROBLEMA

Pareciera que la cuestión es “fácil” de resolver si nos atenemos a la filosofía Aristotélica-Tomista; pero la distancia en tiempos y conocimientos entre las “determinaciones” filosóficas de ambas escuelas y los tiempos que vivimos, presentan una serie de preguntas y formas de pensar sobre la materia, la vida, el espíritu y la dimensión del conocer humano que han establecido unas características de conocimiento que no estaban presentes en aquellos lejanos tiempos, tanto de Aristóteles, como de Santo Tomás.
La afirmación tomista en el artículo 1 de la Question 16: “Lo verdadero y lo falso no están en la cosas sino en el entendimiento” (1), hay que entenderla en cuanto a la verdad en nosotros los seres humanos y de la definición Aristotélico-Tomista: “verdad es la adecuación entre objeto y entendimiento.”(2) Osea si bien lo verdadero está en el ser de todo lo que es, la captación de la verdad de los seres por nosotros, depende de las “especies inteligibles” que nuestro entendimiento extrae de las imágenes sensibles de las cosas. Agustín habla de la verdad del objeto, excluyendo de este tipo de verdad, su relación con nuestro entendimiento. Pues lo accidental queda excluido de cualquier definición” (3). Además vemos que dice Santo Tomás la frase:de este tipo de verdad” luego hay varios tipos de verdad; lo cual aclarará en otros textos cuando se refiere a la Verdad metafísica.
En realidad en las cosas no hay verdad ni falsedad, en el sentido humano, pues lo que ES, es verdadero “per se” al existir; pues cuando se habla de verdad en el sentido de lo humano hablamos de la “captación”, en las imágenes sensibles que nos aportan los sentidos externos sobre todo, de “especies inteligibles” (4) en los seres de toda especie, incluidos los seres no materiales, cuando tenemos o algunos tienen su “encuentro” con ellos. Aunque los seres de esa dimensión, para la mayoría de los seres humanos, son producto de la creencia o fe y no de la “captación” de su realidad por los sentidos del cuerpo. Recuérdese que para la filosofía Tomista: “Nada está en el intelecto que primero no haya sido captado por los sentidos” ( traducción libre ) o si se quiere: ."nada hay en el intelecto que no haya estado antes en los sentidos" (Nihil est in intellectu, quod prius non fuerit in sensu) (5)
La especie inteligible, se obtiene al contacto con los diversos seres y si bien en ellos no está la “verdad del intelecto” si se mantienen como fueron “captados”, son interpretados por el entendimiento (mediante el intelecto agente) llevando al acto la potencia cognoscitiva y así, al reflexionar sobre si mismo, nuestro conocimiento determina la verdad de los seres. Pero ¿esa verdad es la totalidad de lo verdadero en el ser u objeto o fenómeno que sucede y es “captado” por nuestros sentidos? Evidentemente no es la totalidad de las posibilidades de verdaderas de ningún ser, objeto o fenómeno externo y también interno, lo que determina la parcialidad del conocimiento humano de los seres. No, es su verdad en cuanto la “captación” que nuestro intelecto “hace” de lo “captado” (especies inteligibles) (6). En este caso la verdad es la totalidad de lo “percibido realmente” en nosotros, en cada uno de nosotros. Lo cual tiene carácter universal en sí mismo, no en la realidad que nos envuelve. Y a la vez, por semejanza, es universal en todas las mentes pues todos conciben de manera similar lo universal de las cosas, aunque con características individuales. La pretendida universalidad de las premisas universales no es tal ni en la realidad ni en nuestro conocer, en cuanto a uniformidad e igualdad o si se quiere totalidad, en todas las mentes de cada hombre-individuo (para diferenciarlo del género hombre general que no existe sino en la realidad del intelecto). Pareciera que la visión platónica de las Ideas, subsiste en el acervo intelectual de muchos filósofos de manera subconsciente, ya que si el entendimiento conoce a partir de los datos de los sentidos y ese mismo entendimiento “viene” “cum tabula rasa” a la existencia, los conocimiento de las ideas “se realizan al modo y manera de ser del que conoce”(5) y esto señala la individualidad donde la “esencia” de las cosas humanas, en cuanto al conocimiento, se realiza. Y como la individualidad de cada uno no es igual a ninguna otra, al negar la existencia de ideas a priori, no pueden ser iguales, sino semejantes en cada uno de nosotros. La teoría platónica es eso: una teoría para destacar la unicidad esencial del conocimiento humano; pero no es propia de una “especie” cuyos individuos son personas singulares con similitud en los procesos cognitivos pero nunca, repito nunca, iguales o absolutamente iguales; no en nuestra manera de conocer la realidad que nos rodea y somos; pues eso supondría que fuéramos absolutos en el ser y no somos seres absolutos bajo ninguna circunstancia. Entendiendo como absoluto el conocimiento total de todo el Ser, cada ser y cada acto de los seres: cosa solamente propia de Dios. (7)
_______
    1) Q.16, a.1, Contra esto.
    2) Q.16, a 1, Respondo.
    3) Q.16, a 1, A las objeciones
    4) Q.16, a.4
5) Máxima escolástica.
6) http://hjg.com.ar/sumat/a/c84.html

Ver también los siguientes “Link”:

003.02 OTRAS CONSIDERACIONES.







La verdad parece ser una consideración difícil y delicada, pero sólo en cuanto se refiere a la parte humana de la misma. En realidad está presente y rige todo el universo salvo en los seres espirituales que reniegan de Dios. Sin la verdad, nada estaría en su sitio y reinaría el caos en todas las cosas materiales y espirituales que mantienen su unidad con Dios. Las leyes del universo se repiten y respetan adecuadamente el fin para el cual fueron creadas. Todo esta en el orden que debe estar y ello corresponde a la verdad de su realidad de ser.
La libertad otorgada a los seres espirituales desvirtúa, si abusan de su libertad, la determinación y los fines para los cuales fueron creados y sólo ahí está la mentira y el mal. La libertad es la posibilidad de actuar en contra de aquello para lo cual un ser fue creado y así pervertir el orden, equilibrio y armonía del universo en general.
No se puede ver la verdad en una de sus partes, como es la que algunos de nosotros desarrollamos o tratamos de cumplir. La verdad es algo global en toda la dimensión de existencia de TODO. Es la adecuación entre el fin para el cual un ser fue creado y la actuación en el desarrollo de ese fin, de manera perfecta, en la dimensión de su ser.
Ahora bien, al existir seres que pueden “pervertir” los fines para los cuales fueron creados, sucede una alteración que afecta a lo que hacen y crea una dinámica de “vida” diferente y obstaculizante del desarrollo normal de algo de lo creado.
Como seres no absolutos, lo parcial, aunque verdadero, no es total y esto determina la dinámica del conocimiento humano. Pareciera que hay una oposición en nosotros para reconocer, lo dicho antes, como algo real y válido; queremos ser y conocer de manera inequívoca la realidad y a nosotros mismos; pero no es así, verdad si hay en nosotros, pero absoluta en ninguno y si la verdad no es absoluta no es total y si no es total es parcial, sin por ello ser necesariamente falsa. La estimación máxima de la verdad  en nosotros, deriva de dos fuentes principales: la adecuación entre las cosas y la captación de ellas en concordancia con el intelecto y la intuición del Espíritu de Dios en nosotros, cosa muy personal y limitada, que nos enseña la verdad de aquello que Él quiere que conozcamos. Ambas formas de verdad en nosotros son válidas y legítimas, pero la segunda, por ser una singularidad personal, es difícil de distinguir en su dimensión de verdad y sólo se comprueba por la realización de su contenido, a veces, en el tiempo y el espacio. Por ejemplo, las profecías que se cumple a su debido tiempo. La dificultad, en esta dimensión de la verdad, es que para quien no recibe esta “iluminación” le resulta imposible de corroborarla y se cree por un simple acto de fe en la persona que la emite. Cuando lo enunciado se cumple, se puede observarse su adecuación con la realidad y esto es su prueba a nivel humano. Así que la dimensión normal  de verdad en cuanto seres humanos, deriva principalmente de la “adecuatio” aristotélico-tomista; la cual en términos modernos se conoce por el método científico y más específico por el principio de objetividad. (1)

La verdad tiene una dimensión absoluta, pero no para nosotros. Es absoluta en cuanto si misma pues es la Verdad de Dios; pero para cada uno de nosotros es limitada. Podemos conocer que hay una dimensión total o absoluta tanto cuanto lo cognoscible nos depasa de manera total; pero no captar sus dimensiones particulares y totales. Estamos en un infinito océano de saber que nos rodea, pero no podemos penetrar en cada una de sus dimensiones ni de manera imaginativa. Así enfrentamos a cada instante nuevas situaciones, conocimientos y vivencias y modificamos nuestra conducta y nuestros actos de acuerdo a lo percibido, aunque no en todos los casos. La verdad de todo sólo Dios la posee y nada ni nadie, sólo Él, puede penetrarla en su totalidad.
En cuanto a la negación de la existencia de esa Verdad absoluta, es solamente nuestra limitación y el deseo de ser el centro del universo y del conocimiento lo que la niega, pues muy bien sabemos, los que piensan correctamente, la limitación impresionante en la cual existimos. Es tanto lo que asumimos por los sentidos y lo que no vemos o sentimos todos que la realidad de lo total es perceptible pero no asumible ni conocible. La “necesidad” psicológica de seguridad, nos impide aceptar humildemente nuestra limitación y buscamos ser “absolutos” sin serlo; con lo cual hacemos “absolutos” a nuestra medida y queremos que lo sean para todos, aún imponiéndolos a la fuerza. De aquí las tiranías de todo tipo que algunos seres descentrados y llenos de soberbia, pretenden imponer a los demás con las consecuencias previstas y previsibles.
¡NO SOMOS SERES ABSOLUTOS Y NO HAY MANERA DE SERLO AUNQUE QUERAMOS! ¿O pensamos que lo podemos ser? En nuestra realidad de ser; en nuestra dimensión de ser, no alcanzamos, ni nunca alcanzaremos el atisbo somero de lo que ES. Cuanto más nuestra sabiduría será limitada a lo que podamos saber y esto es casi nada comparado con lo infinito del ES. Así somos, pero somos y SER, es un don tan inestimable que nadie esperó, porque no era, ni ninguno de nosotros comprende ni sabe exactamente que es SER.
La Verdad es el ES y nadie sino ÉL tiene acceso a ella. Nuestra verdad está limitada a aquello que podemos conocer por nuestro “sistema” imperfecto y limitado, pero válido, de conocimiento.

003.03 LA ENCRUCIJADA DEL CONOCIMIENTO EN RELACIÓN CON LA VERDAD







Al conocer, determinamos en nosotros, en nuestra inteligencia y espíritu, las realidades que están a nuestro alcance; a la vez nos definimos y definimos la realidad que nos rodea, en la forma consona con lo obtenido al conocer y conocernos. Esto forma la verdad parcial que nos define a cada uno; y es, también, pensamiento y definición en todo ser humano individual. Y a la vez, determina las acciones que llevaremos a cabo de una u otra forma: pues cada ser reacciona a la interacción con la realidad, de la manera en que está definido. Pero ello no significa que la verdad sea nuestra, sino que está determinada por un conglomerado de hechos, acciones, situaciones y compañías humanas, las cuales han “condicionado”, de una u otra manera, nuestro ser y, evidentemente, nuestro hacer. La verdad, en nosotros, es limitada y no sólo eso, sino también inestable en la medida que estamos sujetos y propensos a interpretar la realidad de manera falsa y engañosa; la verdad a nivel humano está sujeta a la voluntad de bien y veracidad que habita, como definición de vida, en cada uno de nosotros en un momento dado. La “definición de vida” son posiciones personales de nuestra voluntad que nos permiten, o así lo creemos, interaccionar lo más convenientemente posible, a nuestro parecer, con lo que nos sucede. Pero, así mismo, hay que destacar la uniformidad de definiciones que una determinada sociedad, hábitats, ciudades o pueblos, han “sembrado” en nuestra percepción de la realidad y de lo real, haciéndonos, en mayor o menor medida, definirnos de acuerdo a sus postulados. Esto, sin embargo, no quita la libertad de la inteligencia y nuestra capacidad, curiosidad o discernimiento, para optar, por otras definiciones más consonas con nuestras inquietudes de todo tipo; de ahí que las sociedades no puedan, deben ni son inmutables, ya que están compuestas por personas que viven y piensa de acuerdo a una serie de factores innumerables que, a Dios gracias, permiten, hacen y establecen diferencias con las premisas dadas, inducidas o impuestas. Somos seres de cambios y de novedades; nuestros pensamientos son siempre diferentes aunque puedan ser similares: nadie piensa lo mismo de la misma manera ni siquiera dentro de sí mismo. En otras palabras, hasta nuestros pensamientos, sentimientos e ideas, son diferentes a cada instante; entendiendo por diferentes, la mínima percepción que no corresponda exactamente a la anteriormente percibida. Heráclito ya había adelantado está premisa, pero refiriéndose a la parte material del universo; sin embargo, no lo había extendido a la parte del conocimiento en nosotros mismos, es decir en la persona humana. Tal determinación en la naturaleza, tanto física, como vital, como humana, se debe a que lo material está formado por compuestos de partes que se unen con un fin común y no mantienen en todo instante, un comportamiento único, siempre idéntico al anterior, ya que, el tiempo y el espacio lo hacen, quieran o no, ser diferente. En caso del único elemento no material que podemos conocer: el Espíritu Humano inmortal; su movilidad, depende no del compuesto material que no tiene, al ser energía pura, sino de la limitación en cuanto a su perfección como ser, al no tener la dimensión de plenitud Espiritual, sólo propia de la Divinidad. Ya que aspirará siempre, a llenarse de lo que percibe en la dimensión divina; pero como Ella es infinita, nunca llegará a llenarse de manera total y siempre estará creciendo en la dimensión de aquello que le depasa infinitamente; lo cual implica, por sí mismo, cambio. Lo único en el SER que no cambia pues es TODO lo que ES, es DIOS, y Él está en todo lo que ES sin serlo, en la parte de su creación (misterio de misterios). Y aquí nuestra pobre inteligencia tropieza con todos los peros y por qués de nuestra inmensa limitación ante la realidad sin fin del SER. Evidentemente tal dimensión nos resulta y está, más allá de nuestra capacidad, de una manera inmensa y parece que nos descorazona y optamos por, dejarla a un lado o bien por movernos en otras dimensiones más cónsonas con nuestras capacidades. Pero esa realidad, es LA REALIDAD, lo queramos o no y tarde o temprano, nos enfrentaremos a ella y lo que parece imposible, se convertirá en factible y en posibilidad infinita de felicidad y conocimiento, pues el conocer hará que nuestro existir tenga la dimensión de “siempre nuevo” a la cual estamos llamados y formados para ello. Lo anterior es y se producirá cuando estemos en el otro plano de nuestra realidad posible, mientras estemos aquí, es necesario la interacción con la “verdad” es decir realidad limitada de las cosas y los seres que conocemos por nuestros sentidos de una y otra forma. Así se producirá el “conocimiento”, más o menos extenso, de la realidad de los seres creados y nuestro “dominio” sobre ellos.

003.04 APROXIMACIÓN DE LO VERDADERO EN NOSOTROS






La razón humana, la tan potenciada razón humana, utilizada a diestra y siniestra, para hacer “validos”, los más absurdos presupuestos de la gran mayoría de los seres que pisamos este desmedido mundo de ensueños y mentiras en el cual vivimos, nos movemos y existimos. La susodicha razón no es más que el elemento más cónsono para el conocimiento de los que nos rodea y somos; pero jamás fin último del conocer y del ser. La razón aclara, eleva y trasmite el reflejo de la dimensión donde vivimos; pero sus resultados son esos “reflejos” validos, pero limitados, de esa realidad que nos forma, permite que seamos y nos “alimenta” con el aire, el sol, las vidas de las plantas, animales y otros seres humanos, iguales a nosotros, pues su dignidad de ser es igual a la nuestra, salvo por la parte inmortal de nuestro espíritu.
Ninguno de nosotros sabe porque vino a esta vida; ninguno escribió una carta queriendo venir; aquí nos encontramos en un momento de nuestro transcurrir por el mundo y no sabemos a donde vamos o no lo queremos saber o no nos preocupamos por saberlo. Sí, estamos seguros de pasar y terminar al cabo de un tiempo nuestro recorrido por esta dimensión. Pero cada uno toma este hecho a la medida de su sabiduría, ignorancia, estulticia, emocionalidad y un largo etc. de motivaciones personales o grupales “ad hoc”. ¿Cual es lo más aproximado a la verdad de nuestro estar, pasar y ser aquí? Hay respuestas para todos los gustos. Desde:

  1. No se y no me interesa; pues lo que quiero es disfrutar de lo que tenga o consiga.
  2. Ni lo pienso, es perder el tiempo y el tiempo debe ser aprovechado.
  3. La vida que tengo me satisface plenamente y no deseo más sino que siga como hasta ahora.
  4. Soy de pensamiento marxista o agnóstico y no me preocupa sino el mejorar la realidad del ser humano en esta dimensión, en el aquí y ahora.
  5. No se debe pensar en la muerte o el acabar, pues arruina nuestra vida y nos hace pesimistas.
  6. Sí, algunas veces me pregunto cosas, pero como no tengo respuestas claras, no sigo pensando en ello.
  7. Para la mí, la vida tiene un sentido más alto, pero no termino de ver lo que es.
  8. Si creo en otra dimensión y que el hombre continua siendo después de la vida en otra dimensión; pero no se cual es ni como es.
  9. La religión, las religiones en general, habla de otra vida, pero como no se ponen de acuerdo es un rompecabezas seguirlas.
  10. Creo en la vida eterna de hombre en otra dimensión, pero no estoy al tanto de que eso sea como yo lo pienso.
  11. Creo y estoy convencido que la dimensión de las religiones en la correcta; pero como no practico ninguna no se por donde o como empezar a realizar lo que creo.
  12. Se que Dios existe, lo creo con firmeza, creo en la religión de mi niñez, pues mis padres y aquellos que la practicaban, eran gente buena, noble y que procuraba hacer todo el bien posible.
  13. Soy cristiano, por conciencia y convicción y creo en todo aquello que el cristianismo explica y trasmite.
  14. Soy cristiano católico y creo en la dimensión que mi CREDO católico nos indica como verdadero, por supuesto dentro de la limitación de mi capacidad de conocer y ser.
  15. La verdadera razón por la cual estamos aquí está claramente trasmitida en la Biblia, especialmente en el nuevo testamento y la tradición de la Iglesia católica.
Estas y otras muchas afirmaciones podemos escuchar al plantearle a alguien preguntas sobre esta cuestión. Pero realmente ¿qué podemos afirmar de aquello en lo cual creemos? La esencia de la fe no es la razón como tal, aunque la razón puede dilucidar, con bastante aproximación, algunas de sus afirmaciones. Claro que no hablo de todas las religiones ni de todos los dogmas que ellas sostienen, Hablo de la inmensa, casi infinita, dimensión de lo que existe, aunque sólo una muy pequeña parte podamos conocer. Pero lo asombroso es la ligereza con la cual se trata lo relativo a la religión y a su contesto más importante que es la inmortalidad de ser humano en cuanto espíritu y la trascendencia hacia otra dimensión de plenitud, purificación o castigo del hombre, de cada uno de nosotros. La negación de tal característica es el gran castigo intelectual, enormemente vigente en la actual moda de pensamiento social. Neguemos o no lo neguemos, la realidad de “vida después de la vida” es una dimensión mas real que la realidad material e infinitamente anterior a ella. La “demostración” o la petición de demostración de su realidad, se sustenta en postulados de índole racionalista que presuponen la idea cartesiana de: “solo en lo claro y distinto en mi mente puedo creer” (en interpretación libre), con lo cual hacemos al hombre, a la razón humana: la medida de todas las cosas (Protágoras dixit). Y me pregunto: ¿cómo alguien que no conoce sino una ínfima parte de lo que existe, puede arrogarse el derecho de ser el único que conoce, discurre y pontifica, sobre lo que no puede conocer? “Contradictio in terminis”. Tal afirmación es desde luego y por lo poco, una enorme contradicción. Y lo peor es que se basa en un principio de conocimiento general que sólo sabe discernir una ínfima parte de lo que sus sentidos perciben, como es el “funcionamiento” del conocimiento humano. 

 

003.05 LAS FORMAS DE LA VERDAD.









003.05 LAS FORMAS DE LA VERDAD


Hay una sola Verdad; pero en el ser humano y en todos los seres pensantes, lo verdadero está limitado a su potencia de ser sin ser falso. Esto es porque no somos seres absolutos sino seres de dimensión intelectual con potencia de ser limitada. Lo verdadero es asumido, en nosotros, a la manera de la potencia de ser del que conoce y de ahí, sin dejar de ser verdadero, es parcial. ¿Qué significa entonces la verdad si no es total? ¿Es relativa a cada uno de nosotros? No, pero es tan vasta la totalidad de lo real y todo lo real es per se verdad que podemos contemplar algo verdadero y los demás no verlo. Ahora bien que cada uno no pueda ver algo como verdad, no le quita a la verdad su “virtus” de serlo. Es decir la verdad ES con nosotros o sin nosotros, al ser. Pero ¿en el hombre cual es la verdad? Hay en nosotros verdades de varios tipos, como ya se especifico antes. Existe la verdad de que somos, la de aquello que nuestros sentidos perciben, la verdad moral, la verdad ética y la verdad metafísica. La diversidad de lo verdadero en el hombre no quita su posibilidad de conocer la verdad y lo verdadero; pero siempre en la dimensión de su potencialidad como ser. Confundir la lo verdadero con la Verdad absoluta es uno de los problemas cuando se habla de verdad. La verdad está plenamente en Dios y nadie puede tenerla sino Él. La confusión estriba en entender la verdad en nosotros como un absoluto que no es posible o bien creer que cuando conocemos algo lo conocemos en su totalidad de ser, lo cual tampoco es posible. La verdad en nosotros es limitada a nuestra potencia de ser, lo repito y lo seguiré repitiendo; pero es verdad y por eso negar que podamos conocerla es falso. Normalmente se habla de verdad y mentira como absolutos que en nosotros no lo son. El problema estriba en que ya que cada uno tiene la posibilidad de ver o entender la verdad a su manera entonces la verdad es relativa a cada uno. Y no es así, la verdad es verdad, nuestro conocimiento de ella está condicionado por miles de factores que en cada individuo son diferentes pero lo verdadero es conocido aunque no en totalidad de lo que ES. Que ninguno de nosotros tenga la totalidad de la verdad es un hecho indiscutible; pero que la verdad no exista o no pueda ser conocida es sólo posición de soberbia al no poder conocer lo verdadero absoluto de cada cosa, ser, pensamiento o relación con la cual nos tropezamos al existir aquí. De acuerdo a la potencia intelectiva o de ser de cada creatura, su capacidad de conocer lo verdadero cambiará, en unos será más que en otros; pero todos pueden alcanzar la verdad en mayor o menor medida. La verdad absoluta solamente la posee Dios. No hay verdades totales en ningún ser creado, pero si hay verdad. Pues lo verdadero no tiene que ser absoluto para serlo.
Es cierto que en nosotros hay mentiras, pero son aquellos conocimientos que sabiendo que no son realidad, lo afirmamos como real. El desconocimiento o la interpretación no adecuada a la realidad de los seres, es un error, pero no mentira, siempre y cuando se proceda de “buena fe”.
Lo verdadero es propio de la divinidad. Dios es Amor, y el amor no puede tener falsedad, pues la mentira es lo contrario de la realidad a la cual hace referencia. Dios es Uno, Bueno y Verdadero. La mentira está en los seres que Él creo libres y usando mal su libertad no proceden con la adecuación entre lo que son, perciben o conocen, de manera cónsona a la realidad que es. La mentira tiene fundamento en la negación primera de la realidad de lo que Dios es, naturalmente, en la medida de lo que nosotros podemos conocer de Él. No hubo mal en nada de lo creado, sino cuando algunos de los seres libres se apartaron de la realidad del Ser que ES. Y, consecuentemente, a la vez engañaron a otros seres libres a seguir su ejemplo (caso Adan y Eva). Con su voluntad, los seres creados libres, tiene la posibilidad de ir en contra de aquello para lo cual fueron hechos y de esa manera pervertir el plan primero de sus designios de existencia. Esto hace una realidad paralela, pero discordante, con los deseos creadores de Dios y así sucede lo que llamamos pecado; pues el Creador hizo todo de manera perfecta y la criatura no tiene el poder, la visión y el amor para transformar las cosas a su propia imagen. Las cosas hechas de esa manera, sin Dios, no podrán continuar siendo, ya que ellas o nosotros no tenemos la dimensión de ser necesaria para mantenerlas en la existencia. El Creador es el único con esa potencia de ser y eso, muchos, no pueden, ni quieren o desean admitirlo.
La verdad muestra su cara de ser lo que es y eso lo pervierten aquellos seres dotados de libertad que la usan como no deben. La mentira nace de aquí y no puede “funcionar” o permanecer dada la limitación del ser de quien la hace. Esto también implica la realidad de quien miente y su condición contingente de ser limitante al hacer y por lo tanto contingente; osea, no se hizo a si mismo. Sino se hubiera hecho perfecto.
No hay necesidad de la mentira, lo que es, es suficiente para la marcha completa, en su dimensión, de las creaturas y el universo creado. La mentira no hace sino cosas, situaciones y modos de ser, con existencia efímera y transitoria, imposibles de mantenerse por si mismos siendo.
La verdad en cambio, al aproximarse a la realidad material, descubre y permite modificarla de manera adecuada a las necesidades de un ser determinado; sin por ello crear algo de la nada. La interacción con lo real en el hombre, hace formas diferente con la materia primera de las cosas. Esto es el trabajo del ser humana y creamoslo o no, es mucho y suficiente. Para ello empleamos toda una serie de cualidades, habilidades, instrumentos y condiciones que de alguna manera nos permiten vivir mejor y hacer menor esfuerzo al realizar las tareas propias del vivir.
La verdad total es imposible de conocer; pero lo conocido es suficiente para cada momento de nuestra historia, en el lugar y modo de vida que tengamos. Por lo tanto el conocer siempre esta estableciéndose, creciendo y nunca cesa de aparecer en la historia de la humanidad.
La verdad es infinita, pues Dios es verdad y está en síntesis con todo ella; es la adecuación de Dios con lo creado y refleja aquello que es, para quien puede conocerla. Pero en el grado y perfección propia del ser que llega hasta ella en cualquiera de sus infinitas formas, modos y sentidos; pero la totalidad de la verdad es exclusiva de Dios.

003.06 LA DIMENSIÓN DE LA VERDAD EN LOS SERES CREADOS.









003.06 LA DIMENSION DE VERDAD EN LOS SERES CREADOS.

La creación de seres que no son Dios, pero en quienes está, sostiene y se complace en ellos, son inmensos en cuanto cantidad, dimensión y acción. Los hay espirituales, es decir sin materia tal como la conocemos y con materia como es la nuestra: los seres espirituales y nosotros, y en menor medida los animales en general, pueden hacer seres transitorios tanto materiales como intelectuales o de pensamiento, sentimientos y actos. Esta diversidad de los seres con potencialidad para hacer otros seres por si mismos, forma parte de la potencia de ser que cada uno de ellos tiene como individuo y algunas veces, juntando sus esfuerzos, pueden hacer obras mucho más grandes y con variantes, al ser casi infinitas en potencia. La verdad de estos seres es que se oponen a la nada, es decir: son y al ser tienen una serie de cualidades, dimensiones, acciones y permanencia en el ser adecuado a cada uno de ellos. Lo que es, es verdad al serlo, pero su dimensión verdadera no nos es posible, a los seres humanos, penetrarla sino en una mínima parte de lo que son. ¿Cómo podrían no ser verdad si están ahí? Todo lo que es, es verdad de si mismo al ser y en la medida de su dimensión como tal. La casi infinita, por poner una cantidad inconmensurable para nosotros, variedad de los seres, es imposible conocerla; pero lo que conocemos de algunos de ellos es ya más que suficiente para determinar nuestro hacer en este momento y en este mundo llamado tierra.

No estamos solos, pese a que estamos y vivimos en nosotros mismos, como una ostra vive en el mar y se abre o cierra para recibir el agua que le da vida. En la medida que podamos abrirnos más y mejor vivimos con más intensidad la realidad que nos rodea la cual nos ha permitido ser y a la cual pertenecemos. Los seres que circundan nuestros propio cuerpo y espíritu, son solo unos cuantos entre los seres totales conocidos por nosotros. Formamos parte de un todo global al cual estamos sujetos y relacionados, del cual vivimos y nos permite realizar toda la “opus” humana que conocemos y la que aun no tenemos. Somos, sí, pero no solos, sino en una inmensa relación con los otros seres la cual es desconocida e infinita si consideramos al Ser Creador como lo que en verdad es: el siempre existente y el SER QUE ES SER POR SI MISMO.
Los seres creados llenan una dimensión hecha para continuar siendo siempre, pues Dios no crea para destruir; pero los seres materiales al estar compuesto por partículas ordenadas de materia y al ser la materia energía en movimiento, conlleva el germen de su disolución, pues depende de otros seres materiales para ser y estos se degeneran en sus formas para reducirse a aquellas que los componen o unirse a otras diferentes para hacer variaciones de ella; es decir: todo lo material son formas de la energía en distintos ordenes y compuestos, para los cuales la energía se ordena. Este orden es uno de los grandes misterios de la creación; pero está dirigido a un fin determinado que involucra a todos los otros seres materiales y no sabemos de que manera a los espirituales, para conseguir llegar a la dimensión la cual pueda recibir un espíritu inmortal. Esa entidad somos los seres humanos. En nosotros la materia se une a lo espiritual y su conjunto cierra el circulo de lo creado; no en cantidad y variedad, pero sí en dimensiones de orden.
Esto es un pensamiento globalizante tanto cuanto nuestra inteligencia o al menos la mía, pretende penetrar la razón del ser. La finalidad de todo solo Dios la sabe; pero en la medida en que nuestra razón pueda entender, lo hacemos a riesgo de caer en el error de creer saber lo que no sabemos. Como la filosofía tiene parte de especulación o posibilidad de pensar en lo total, se ha de especular con la mayor posibilidad lógica que tengamos y que la iluminación del Espíritu de Dios nos permita. Esto pareciera contravenir el postulado modernista y también muy antiguo de que el hombre es la medida de todas las cosas: no es verdad, tiene validez la razón, pero no totalidad y sin ello, no puede permanecer en un estado de conocimiento perpetuo como si fuera ya el “todo” logrado en un instante del tiempo. La dimensión del hombre es limitada y aunque grande y suficiente deja mucho de conocimiento en las cosas sin poder ser “captado” y mucho menos comprendido. La referencia al Espíritu de Dios es totalmente necesaria pues Él esta perpetuamente actuando en nosotros. No es algo separado, distante y por allá... Es actual, actuante y quiere que sepamos pues es infinito en saber y Él es el Sabio por excelencia. Además somos sus hijos muy queridos y ¿que padre no quiere que sus hijos conozcan sus secretos y disposiciones? La referencia a la Divinidad es siempre necesaria y complementa la limitación de quien es sólo una pobre criatura en el inmenso circulo de lo que es.
Creo que el pensamiento humano debe “subir” a nuevas alturas de pensamiento, pues la dinámica del conocimiento en los últimos siglos, alerta sobre la necesidad de nuevos postulados con respecto al pensamiento global o paradigmas, sobre la realidad del Ser que ES y de los seres en general; no se dice nada que no sea ya dicho o barruntado; pero si se debe aclarar y expandir lo ya anunciado de manera aún misteriosa u oscura y “hacer luz” sobre lo no sabido. El conocimiento humano nunca terminará de comprender el misterio completo de lo creado; pero puede y debe subir cada vez más, en la visión más cónsona con la realidad que se vaya intuyendo, en la medida del surgimiento del conocimiento primario de las cosas y el “Universo”. Estamos en una relación de los unos con los otros de forma global en cuanto al saber y, aunque nadie sabe ni siquiera una ínfima parte de lo sabido por el ser humano, si se pueden hacer síntesis más completas y exactas de la realidad que las anteriormente “dibujadas”. Esto hace el filósofo, o pretender hacerlo; es su “realidad de estudio” y, empleando lo más sanamente posible la lógica humana y la iluminación del Espíritu Santo, difundir una visión de la realidad que aproxime al hombre a la ruta mejor y más válida de su caminar en búsqueda de lo eterno de la Verdad.

002.00 EL CONOCIMIENTO EN GENERAL








LIBRO



CONOCER Y SER









CAPITULO I

EL CONOCIMIENTO EN GENERAL


El conocimiento humano es limitado, porque el hombre no es absoluto.  Esto es una premisa cierta, pero no siempre aceptada (a). La contingencia del ser humano implica “DEBILIDAD” en el sentido de que no tenemos dominio de TODO LO QUE ES, ni tan siquiera de lo que tenemos “más a mano” como es nuestro destino. Los hombres necesitamos “seguridad emocional” en lo que hacemos y en lo que somos. Esto equivale a determinar que lo pensado y lo hecho sea válido; o mejor aún, verdadero y útil. La duda es el mayor motivo de inseguridad en el ser y ahuyenta la vida propia del “espíritu”; éste es luz, claridad, verdad y amor (b) y aquello que no esté dentro de estos parámetros, interrumpe el flujo suave y cálido de su vida intrínseca. La integración de “algo”, externo a si mismo, en su intimidad; requiere características similares a la esencia que lo forma. Nada “manchado”, con aquello que no es de su misma naturaleza, halla cabida en él y así mismo, también es ajeno a lo que mi “yo” determina como bueno. Pero el espíritu no es el intelecto, aunque este es el “escáner” de lo que las imágenes sensibles nos imbuyen en el cerebro. El espíritu tiene que tener otra dimensión de ser que aquello “material” circundante de lo que formamos parte, pues las “determinaciones” intelectuales que llamamos ideas, no existen en la parte material en la cual estamos y nos conforma físicamente. Nuestro espíritu forma entes intelectuales que sólo él “fabrica” y sólo en él tienen existencia; esta no existencia material de la idea es sólo posible si se dan dos condiciones fundamentales: que la imagen sensible sea modificada y esas modificaciones sean relacionadas con otras similares de manera independiente de la realidad circundante y que el “espíritu” sea de una dimensión no material. Pero si es independiente es diferente y si es diferente “algo” que debe ser no material, determina esta diferencia. Las modificaciones de las imágenes sensoriales no es algo consciente, pero la consciencia puede intervenir voluntariamente y “hacer” imágenes nuevas con las ya “determinadas” u otras adquiridas después. De todas maneras: las ideas son seres “mutantes” y con existencia propia en nuestra interioridad, únicas y exclusivas de cada uno, pero similares a las de los otros seres humanos por ser concebidas de manera parecida. Esto quiere decir que el “proceso” de formación en nuestro espíritu, es semejante y por lo tanto las “estructuras” espirituales son de la misma “clase” y “sustancia”. Ósea que la parte espiritual humana es esencialmente la misma (c).




002.01 EL PROCESO DE "IDEFINICIÓN"












El proceso de “idefinición”[1], en términos actuales, se llama conocer. Conocer no es más que determinar en nuestra “mente” la idea o ideas de la realidad que  somos y nos rodea; y así establecer lo que nos es real o no lo es; digo: “lo que nos es” ósea aquello que en su identidad, asumida por el espíritu, se ajusta a los “parámetros” de su realidad esencial; esto decimos que es Verdad. La no verdad es aquello que no corresponde a esos parámetros; pero que, forzado la voluntad, asumimos como “verdadero”,  aun sin  corresponder cabalmente a ellos. De aquí el problema de las enfermedades mentales que tanto daño hace a los seres humanos. La mentira se sobrepone a los “parámetros esenciales” del espíritu y se asume, mediante un acto espurio de la voluntad consciente, como “parámetro esencial” sin serlo; esto obstruye la concordancia entre espíritu y realidad, creando una falsa determinación “real” en nuestra mente; generando toda clase de desorden en nuestro interior y trastornando la relación con los otros y el mundo material.

Conocer es más que la mera asunción de entidades materiales por el proceso de “idefinición”; es también creación de determinaciones“iderales” [2] que suplanten a aquellas, mal formadas, que hemos acumulado, muchas veces sin saberlo, en nuestra niñez y ya están determinadas como “verdaderas” en la “memoria” del espíritu.(d)



[1] Proceso de transformación de las imágenes en ideas.
[2] Imágenes que la “mente” transformó en ideas.

002.02 MÁS SOBRE EL CONOCER.









La “ideralización” es eminentemente racional en su formación y puede ser irracional en su contenido. Es, como toda idea, ente formado por la razón, e irracional si conlleva elementos que no estén acordes con la esencia del espíritu humano.  Pues el recto ejercicio de la razón sólo permite “fabricar” ideas cónsonas con aquello que nuestro espíritu tiene como esencia fundamental. El ser humano al “fabricar” ideas que resulten inaprensibles por la sustancia espiritual;  forma verdaderas masas de conceptos que nublan o aniquilan la luz de verdad y realidad, dilucidada por el espíritu, en las imágenes de las cosas; la situación de oscuridad espiritual, está dada por: la multitud de conocimientos inadecuados que las diferentes concepciones de un individuo o cualquier sociedad, ha desarrollado, creído y alentado como verdades inmutable a través de los siglos; y ha impuesto, obligado o imbuido a creerlas, como verdades fundaméntales del hombre. La verdad  que es: “adecuación entre la cosa o las cosas y el intelecto del espíritu en el ser humano”, (Sto. Tomas de Aquino)[3] no es absoluta en nosotros y además está lastrada por siglos y siglos de “fantasías”, mentiras, intereses espurios y consideraciones emocionales o varias formas de vicios y mezquindades. Es decir: por toda la panoplia de antirealidad y antiverdad que el hombre ha generado y que llamamos “mal”.

De otra parte, la concepción de las ideas en lo que llamamos ciencia experimental, o sea el conocer científico, es una determinación de la realidad que conlleva un argumento de validación justo y útil; como es: el principio de objetividad que, más o menos, se puede expresar de la siguiente forma: un hecho es valido, cuando puede ser comprobado una y otra vez, por diferentes personas, bajo circunstancias comunes o similares (e). Es decir: la validez de una ley o un hecho, dependerá de si se puede o no comprobar su “determinación”, cuantas veces se desee, bajo circunstancias similares. La ventaja del método científico es que cualquiera puede establecer su veracidad y, ésta, no depende de la autoridad de un ser humano o de un grupo de seres humanos que tratan de imponer un hecho como cierto. El factor de error que aparece en este principio, es el de la limitación del conocimiento humano y más aun, el de una persona determinada. Luego, de ésta manera, se infiere como correcta, la celebre frase latina: “errare humanum est”[4] . Y aun más, no sólo el errar, sino la cualidad implícita de poder equivocarse muchas veces. Pero si bien, el método científico, es un  método confiable, ni es absoluto, ni cien por cien seguro; y además, está limitado al conocimiento de las cosas materiales y sus relaciones, con un sentido general, no individual. Es decir, el conocimiento científico: es conocimiento de relaciones o hechos generales, no de “singularidades”. Sobre  lo singular, lo particular, lo determinado como unidad substancial o física, no se puede sino especular (f). Luego, el conocimiento científico, es en principio hipotético, luego experimental y finalmente determinante bajo ciertas circunstancias generales que pueden ser englobadas por otras más generales aún[5].



[3] “veritas est adaequatio rei et intellectus”. S. Th. I, 16, a.1 (Respondeo) et ibídem. a.2 Dificultades 2.
[4] Lucio Anneo Seneca: errare humanum est, sed perseverare diabolicum
[5] Para más detalles ver: http://es.wikipedia.org/wiki/MC-14

002.03 EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO.





 Advertencia: en Google, cuando se pregunta sobre el conocimiento intuitivo, aparece una referencia  a pateremon 3 y a esta entrada y dice lo siguiente: "002.3Conocimiento científico. ..... (Tomado de Wikipedia) ..." No se a que se refiere, pero ninguna de estas entradas está tomada de Wikipedia y menos de otra parte; son autoría de quien las escribe en  pensamiento y creación.




El conocimiento  científico, sin embargo, tiene  una  característica  fundamental, es la de ser el más “confiable” de los conocimientos que se pueden adquirir en relación con la realidad que nos rodea.  Pero  de  esto  a  hacer de dicho  conocimiento el único válido y extrapolarlo a dimensiones que no sean de índole material, hay un abismo de incongruencia que suele llamarse ciencia, pero no es más que especulación científica, o sea “cientificismos”, filosofía basada en hechos científicos y que, sacados de contexto o extrapolada, sustentan “verdades” que son ideas falaces o al  menos no determinadas sino por la mente de quien las inventa. Además, la ciencia en si, requiere un alto grado de fe y confianza en los hombres de ciencia que sugieren “verdades científicas”, ya que: si hay hechos científicos incuestionables y que determinan el avance técnico; como fuente de poder, fama y prestigió, la ciencia atrae y conlleva un sin número de ambiciones y recompensas que hacen caer a muchos de los que en ella medran. La mentira y el abuso, en el conocimiento científico, también es algo real. La honestidad que engloba la verdadera sabiduría, está muchas veces ausente en el espíritu de algunos que transita los caminos de dicho conocimiento. Y aunque su validez intrínseca se demuestra con los avances que la técnica desarrolla (g), no hay que olvidar la “zona” donde el conocimiento científico se desenvuelve: la parte material del ser y sólo en ésta[6].

El hombre conoce, ¿pero que cosas conoce? Y ¿Cuándo empezamos a conocer? Las interrogantes son, evidentemente, más que estas y las hay sutiles, y muchas que no tienen respuesta ni en el sentido “racionalizador” del espíritu. El conocer es simplemente agregar, a nuestra dimensión de ser, nuevas y variadas ideas, hábitos y costumbres que influirán en todo aquello que hagamos, en mayor o menor medida. Pero el conocimiento es personal, tiene una vertiente social o grupal que es “neutra”, en el sentido que está “ahí” y cualquiera interesado lo puede recibir. Las maneras de “recibir” el conocimiento son múltiples: van desde los libros, las conversaciones, los medios de comunicación, hasta la mera observación sensorial de nosotros mismos y lo que nos rodea.



[6]Cuando me refiero al método científico, considero como tal, el de las ciencias experimentales solamente.


002.04 EL PROCESO DE CONOCER.







El proceso de conocer es variado y cuenta con múltiples actores que son todos los seres vivientes. La aprehensión de “algo en otro” no es la ingestión material del comer. Se sitúa en un plano de realidad más alto que implica, de parte del aprehensor, la posibilidad del “órgano” o principio que reciba lo aprehendido, es decir lo que se hace conocido para mi; si, hace falta un “mi” para poder conocer. Hablo de “mí” como algo integrador en una determinada forma “vital” que puede sobretodo reproducirse y crecer, sea por si misma o a través de “infección” de las células.

Las cosas materiales, formas de la energía, no poseen conocimiento; simplemente son “forma”. Luego el conocimiento requiere vida; y la vida es: unidad de algo, entorno de un centro específico unificador de un todo determinado, simple o compuesto (h).

La vida es la esencia que permite el conocer. Pero hay múltiples formas de vida. Existen las vidas personales, las individuales, las grupales, las primarias y principalmente la Total. La Vida Total es aquella que permite todas las vidas y todas las cosas y tiene es Si la plenitud del Ser. Pero de está Vida se hablará más adelante.

La vida primaria son los virus, las bacterias y en general los seres unicelulares, cuya vida es corta y tienen movimiento y reproducción; ya sea que necesiten a otros seres para ello, como los virus, o que se muevan, coman y se dividan por ellos mismos. Pero su característica esencial es que no son sólo formas materiales. De alguna manera son capaces de “reaccionar” al menos a lo más elemental, como es la comida o la célula que les permitirá reproducirse. Esto, comparado con la simple forma de una piedra, es un avance en la independencia de la materia sobre la inmutabilidad de las formas.

“Existen opiniones dispares sobre si los virus son una forma de vida o estructuras orgánicas que interactúan con los seres vivos. Por ello algunos autores se refieren a ellos como «organismos al límite de la vida». Por una parte se asemejan a los organismos que tienen genes y evolucionan por selección natural, y se reproducen creando múltiples copias de sí mismos para autoensamblarse. Sin embargo, carecen de estructura celular, lo cual es considerado la unidad básica de la vida. Además, los virus no tienen un metabolismo propio, y necesitan una célula hospedadora para crear nuevos productos. Por tanto, no se pueden reproducir en el exterior de una célula huésped (aunque bacterias como Rickettsia y Chlamydia son considerados organismos vivos a pesar de tener la misma limitación). Las formas de vida aceptadas utilizan la división celular para reproducirse, mientras que los virus aparecen de forma súbita y en gran cantidad dentro de las células, lo que es análogo al crecimiento autónomo de los cristales. El autoensamblaje de los virus dentro de las células tiene implicaciones para el estudio del origen de la vida, pues refuerza las hipótesis de que la vida podría haber comenzado en forma de moléculas orgánicas autoensamblantes”[7].  

Las vidas grupales son aquellos individuos que juntan sus elementos constitutivos en función de un fin común, como son las plantas en general, pero su “mi” no aparece, sino que es una función coordinada entre  los factores que la forman, realizada por un mecanismo “de vida” que no se conoce bien todavía.  Las plantas tienen procesos complejos de crecimiento, respiración, transformación, protección, conservación, alimentación, desarrollo y reproducción. También poseen movimientos de orientación hacia arriba, hacia abajo y hacia la luz y en algunos casos de abertura y cierre de sus hojas o flores, cuando se las toca. Todo esto y muchas cualidades más, son “conocimientos” que las plantas desarrollan al contacto con el medio ambiente y definen un modo de relacionarse con la realidad circundante que implica un “conocer” determinado por su esencia de ser.

Las vidas individuales son seres que poseen en mayor o menor escala de definición, un “mi”; es decir, son individuos únicos con funciones especificas, determinadas por un centro o “actividad orgánica”[8] coordinadora de su actividad. Tienen movimiento  propio,  cuerpos no simples, órganos sensoriales, comen, se reproducen, nacen, sienten y cambian de acuerdo al medio donde se encuentren, en un proceso adaptativo complejo y en gran parte aún desconocido por la ciencia. Son todos los animales que van desde los insectos, casi microscópicos, hasta los grandes monos y el hombre. En ellos, el “mi”, sigue una línea de conocimiento ascendente, proporcional al desarrollo de su centro nervioso coordinador o de la capacidad cerebral que posean. Este segmento de la vida, en el planeta tierra, es el más avanzado en cuanto a la transformación de la materia se refiere; sería como si la parte inanimada, formada por la energía, con la complejidad que más o menos conocemos: partículas subatómicas, átomos, moléculas, aminoácidos, células, etc.; se desarrollaran, por un mecanismo desconocido, hasta llegar a formas de vida, donde el movimiento, el crecimiento, la reproducción y finalmente la inteligencia, fueran las formas de vida buscadas por una fuerza desconocida, pero actuante, que abarca todo el universo



[7]http://es.wikipedia.org/wiki/Virus (Propiedades de Vida)
[8] Entiendo por ésta: todo lo que pueda inducir a un conjunto material a desarrollar cambios como: crecer, reproducirse o alimentarse.

 

002.05 LAS VIDAS.









Las vidas mibióticas [9] o personales, son aquellas que no sólo tienen un “mi” sino que saben que lo poseen bien diferenciado, único, excluyente y que pueden, en las más relevantes, “ver” dentro de sí mismos y saber que “conocen”. Su vida depende de factores como la vida que tienen los vegetales, la parte de los sentidos de los animales, la inteligencia instintiva de los animales superiores y la “posicionalidad” de una entidad material que une la materia con un elemento de existencia cuya esencia no está formada por átomos, moléculas, células o ningún elemento de origen físico. Pero su “mi” profundo y primario es independiente, bien que necesite las condiciones vegetativas y animales, antes enunciadas. Esta anomalía en un mundo formado por elementos derivados de la “energía enfriada” supone una escala de transformación de dicha energía, en una escala de menor a mayor, hacia la concordancia, no integración, con la “Energía Pura” que es la “Creadora” de “aquello”[10] que forma la materia conocida (i). En el ser humano se reúnen y tocan estás dos energías como final de una COMPLEJA ESCALA DONDE LA MATERIA SE UNE, POR SEMEJANZA, A LA ENERGÍA PURA E INFINITA.

Todas las formas conoscentes tiene como elemento común el ser derivadas de la materia en formas complejas y en escala de menor a mayor. Salvo una: la del ser humano, quien engloba la forma de conocer de los otros seres materiales, con una dimensión que, por “sus características de resultado”, eleva la dimensión material a otro plano no correspondiente a la realidad del entorno, aunque se vale de ella, de la dimensión material, para discernir formas no incluidas en la materia misma, e imposibles de ser determinadas por dicha materia. Esto se percibe por cuanto las formas de las cosas hechas por el hombre, sin hablar de sus pensamientos, nunca son iguales a las que presenta la realidad material que lo engloba.

En las matemáticas, por ejemplo, los desarrollos de dicho lenguaje, aunque pueden interpretar ciertas partes de la realidad, no corresponden, ni de lejos, a lo que esa realidad es en si misma. El conocimiento humano es relevantemente otro, no sólo con los animales, sino en relación a las estructuras materiales de la naturaleza. El “mundo”, hecho por el hombre, implica un dominio de las causas y reglas de la naturaleza, así como una “arquitectura” interna de discernimiento que no se encuentra en ningún otro ser del mismo origen; es decir: dentro del orden de lo material.

Pero este dominio de las reglas de lo natural, no implica que sea tal cual es el orden de la naturaleza, ni que el hecho de “conocer”  sus reglas, cambie de manera esencial el orden de las cosas y los seres. El dominio, en el ser humano, es para producir nuevas formas, nunca para desarrollar los elementos intrínsecos (la sustancia) de las cosas. Se pueden alterar formas, nunca para crear esencias. Las formas hechas se pueden desarrollar de maneras sumamente complicadas; pero la necesidad intrínseca de lo que existe es palpable. Todas ellas requieren el sustrato de lo material para ser. Todas ellas son porque hay algo anterior a ellas no hecho por el hombre. Si existen, es porque las reglas del universo siguen funcionando con ellas o sin ellas. Son fabricadas a partir de “algo” y sólo pueden existir,  si ese “algo” permanece en el ser y las sustenta en su manera de existir. Esto es parte de la “contingencia humana” y de la contingencia de las cosas. No somos por nosotros mismos y aunque, recreándonos en lo que hemos logrado, pensemos que somos una “maravilla” y que nada sería el mundo sin nosotros; o presumir de como hemos hecho de la naturaleza nuestro dominio. Tales pensamientos no son si no la obra del desfase que muchas veces el pensamiento tiene con la realidad y a la vez muestra la mentira en la cual vivimos y nos regocijamos.

Conocemos algo de nuestro ser intrínseco; pero la mayoría de lo que nos rodea y permite que seamos lo desconocemos. Conocer, en términos humanos, no es ser, es sólo categoría de ser. Manera de presentarse el ser en la realidad del Universo.

Nuestros “mundos” son realidades intelectuales en primera instancia y proceden del contacto que tenemos con  lo natural. “Nihil est in intellectu quod prius non fuerit in sensu”[11] decía Sto. Tomas de Aquino siguiendo a Aristóteles. Pero estos conocimientos se determinan en nuestro espíritu de una forma especial propia de muestra especie y da lugar a “mundos” interiores y obras exteriores que son nuestro legado, bueno o malo, mejor o peor, a la dinámica de vida y creación de formas que es propia de nuestro Universo. Las ideas son propias del ser humano como resultado de la interacción entre la mente y el Universo, pero éste es de tal tamaño y nuestra mente tan pequeña que las ideas son generalizaciones de una realidad inconmensurable y diferente a nosotros, y tienen la cualidad de hacer posible el “acercamiento” a la dimensión de ser de lo Creado. El conocer es absorción de una realidad “cercana” en el espíritu de quien la percibe, pero en forma de “idea”, nunca de realidad de ser total.

La complejidad de la idea viene dada por esta extrapolación de la realidad en la mente del “conoscitante”[12]. Esta función se realiza normalmente por los sentidos externos que nos ponen en contacto con los seres circundante. Pero también con los llamados sentidos internos, como la percepción de si mismo, que nos permite conocer nuestro “yo” interno, estados anímicos, “percibir” nuestras funciones interiores e incluso la “marcha” de nuestro cuerpo.



[9] Aquellos seres vivos que tienen un “mi” diferenciado.
[10] En la ciencia no se plantea claramente si hay un “elemento” o energía primigenia que está en el principio de la materia, pero tampoco se “pregunta” el problema de manera sistemática. Pues es una “singularidad”. Michio Kaku, El universo de Einstein p. 109.
[11] Sto. Tomas. De veritate, q. 2 a. 3 arg. 19
[12] Seres que pueden incluir en si mismo “algo diferente” a lo meramente  material.