ADVERTENCIA
LOS CAPÍTULOS ANTERIORES AL 002.58, SE ENCUENTRAN, EN ORDEN ASCENDENTE, DESPUES DEL CAPÍTULO 002.00 CONOCER Y SER. Si se quieren ver todos los capítulos, basta con pulsar en el archivo año 2009, allí aparece "octubre" y en ese mes están casi todos los capítulos anteriores. Los otros primeros ocho se encuentran en el 2010.
TODAS LAS FOTOS DE ESTE BLOG SON PROPIEDAD DE JORGE EDUARDO LASTRA NEDWETZKI. NO SE INCLUYEN LAS REPRESENTACIONES DE FILÓSOFOS NI LA DE LA CRUZ AL COMIENZO, EN EL LADO IZQUIERDO DEL BLOG
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003.00Hacer el bien.
No hace el bien quien quiere, sino el que puede; pero quien puede es aquel a quien Dios se lo permite.
002.58 Los seres mentales o ideales.
CAPÍTULO 10
LOS SERES MENTALES O IDEALES
Hay seres de seres,
es decir: seres que “hacen” otros seres y en esta escala toda las vidas, salvo Dios, son
“hacedoras” de nuevos y diferentes seres a partir si mismas; claro que son sólo
formas de lo material o lo intelectual, cuya duración en el ser está limitada
por las fuerzas que la misma naturaleza de cada ser “hacedor” posee; y son
realizadas mediante el recurso de la materia o el intelecto que las pueden
mantener o no, en su existencia; y aunque hay seres “hechos” que se mantiene en
el ser más o menos tiempo y forman una especie de seres no “producidos” por la
naturaleza en sus inmensas posibilidades normales, no son sino una ínfima parte
de lo que vemos, pero existen en lo material, ya sea físico o intelectual.
Una condición para
“hacer” estos seres es tener vida, pues la naturaleza física moldea formas de
ser, pero no en el grado ni en el mismo nivel de existencia que los entes
“hechos” por las diferentes vidas.
Otra condición es
el intelecto o al menos un instinto primario o más complejo que pueda estar
“programado” para realizar formas y maneras de actuar complejas y "evolucionadoras".
Los "seres hechos",
más simples, son conjunción de elementos materiales, como son todos los
elementos y formas físicas no vivientes; éstas se forman por agrupación,
disminución, fundición y otros miles de factores naturales que las condiciones
de los elementos físicos presentan de determinadas formas y maneras: en las
estrellas, planetas, satélites, cometas y un largo etc. en el espacio y en el
planeta donde giramos.
La otra forma de
producir seres es la de la materia integrada en las formas que llamamos: Vida y,
especialmente, en la forma humana que tiene el aporte de lo espiritual. En ella
se forman y hacen miles de millones de seres-formas que van desde los
excrementos hasta las madrigueras, nidos, cuevas etc. de los animales más
desarrollados. También el uso de instrumentos e ideas de formas físicas, éstas
más en los seres humanoides o ciertos animales de alto grado de intelecto; pero
lo más interesante son los seres intelectuales, hechos a partir de imágenes que
son a su vez seres ideales, procesadas por el cerebro de los grandes
antropoides y también por especies varias, como: loros, canidos, felinos,
cetáceos etc. La diferencia entre los seres físicos, hechos por otros seres, y
los ideales, es la no existencia como formas materiales de los segundos; si bien
que éstos últimos, dependen para su existencia de condiciones cerebrales
químicas, eléctricas y un complejo entramado cerebral de funciones que sólo el
órgano llamado CEREBRO, realiza. Los seres “hechos” por otros seres vivos, no
tienen la duración en el tiempo y el espacio de las formas naturales, salvo las
formas físicas “hechas” por los seres humanos, las cuales pueden durar miles de
años ya que están construidos a partir de elementos más perdurables que los
“hechos” por los animales. También aquí se establece una diferencia entre el
hombre y las otras formas vivas superiores.
Pero los seres-formas
más específicamente extraordinarios, son los mentales, las imágenes mentales y
sobre todo las ideas. Las imágenes de este tipo son “hechas” por animales de
intelecto superior que tiene sentidos y cerebros muy desarrollados así pueden realizar
imágenes de las cosas más o menos exactas y relacionar dichas imágenes unas con
otras. Las ideas forman el entramado de la mente pensante en cuanto ve en las
cosas imágenes que luego procesa con la parte “inteligente” del cerebro; al
parecer y según los descubrimientos de la “inteligencia animal”, los seres
animales superiores pueden desarrollar conocimientos intelectuales que le
permiten tener una “visión” de la realidad diferente a la forma que ella tiene
y así relacionar unas imágenes con otras de forma arbitraria, diferente a las
relaciones naturales. Esta posibilidad permite a los animales tener un código de
señales que les oriente en cuanto a las múltiples formas de relacionarse con lo
real. Dicho código varía tanto en cada especie como en cada grupo, de una misma
especie, que habitan el planeta. Los gritos de advertencia entre los animales
superiores, las señales químicas entre los insectos y un cúmulo inimaginable de
señales y funciones especificas para cada clase animal, son especificaciones
que conllevan un entramado de conocimientos de tipo “ideal” (por asociación con
el termino idea) que constituye y hace a la vida ser lo que es: formas
diferentes de unión de lo material en un ser concreto, autónomo y único; con
capacidad de conocimiento y actuación sobre la realidad circundante. Es de
notar la escala de “idealización” utilizada en los diferentes grupos de formas
vivientes, ya que en la escala de los vegetales no se puede hablar de ideas,
sino de procesos químicos de referencia que, no se sabe exactamente como, las
plantas detectan y hacen; lo mismo suceden con los insectos y animales
invertebrados o con aquellos que son instintivamente “ordenados” para realizar
diversas tareas, como son las abejas, hormigas, avispas y un largo etc. Luego,
cuando se habla de “idealización” se entiende la composición, a partir de
imágenes sensibles, en un desarrollo cerebral determinado pero con un nivel de
aprehensión de la realidad a través de imágenes cerebrales. La manera de formación
de la idea es compleja y no muy bien estudiada, aunque puede, en términos
generales, decirse que hay un “fantasma” de la imagen sensible que se
interpreta como perteneciente a un objeto percibido y que guarda o tiene, una
cierta relación de semejanza con él. Las imágenes percibidas se entremezclan y
relacionan unas con otras, formando nuevas ideas relacionadas, en una progresión
enorme. De aquí lo interesante de estos “seres” ideales, a veces llamados
indebidamente “de razón”, los cuales son producto de mentes vivientes y
cerebros desarrollados.
002.57 El ser espíritu y materia.
CAPÍTULO 9
EL SER ESPÍRITU Y MATERIA
La “escalaridad”
del proceso material tiene una razón de ser: es la formación de un ente que
acerque y una las dos dimensiones de seres creados; a saber: los espirituales y
los materiales. Los seres espirituales no tienen escalaridad, en sentido de la escalaridad material; tienen diferentes grados de potencia de acuerdo a su cercanía con Dios. Fueron creados
con todas las potencias integrantes de su magnitud de ser en un solo acto
creador; su posibilidad de perfección está dada por el nivel de conocimiento de
la realidad del Ser de seres a la cual pueden llegar y su dimensión de ser no
cambia por lo tanto, sino que se une cada vez más a Dios en la perfección de su
sabiduría; y como Dios es infinito nunca podrán acceder a totalidad del
conocimiento del Ser que ES, dado que ellos son limitados. Pero en lo material
la unión con lo espiritual y la realización
“in tempore et spatio” de la escalaridad, constituyen un camino inédito en la
creación. Nada es tan perfectamente pensado y realizado como la génesis de lo
creado. Todo encaja de manera sucinta e increíble para lograr la realización de
esta inmensa “opera” de vida y formas. Nuestra captación cognoscible de esa
realidad es sólo de su superficie y los fines a los cuales conduce. Su génesis
y la inmensidad de sus actos son procesos que siempre estaremos descubriendo.
La realidad de la
creación material lleva a la unión de la materia y el espíritu, para así
“redondear” la totalidad de lo creado. El espíritu es lo superior y lo
material, mediante la escalaridad, aspira a la máxima perfección posible y ésta
es la unión entre las dos tendencias de lo creado. Pero para realizar el
proceso se necesitaba la paciencia, miles de millones de años, medida
terrestre, de paciencia. Pero al fin cuando los tiempos fueron propicios, el
espíritu se unió a la materia en un ser que conocemos porque somos eso:
hombres.
Nada es más
entrañablemente humano que las dimensiones de unidad, entre lo espiritual y lo
material. Ahí la creación haya su culmen y su realización total, pues es en ese
pequeño punto del universo, donde confluyen las tendencias de lo creado. Y aún
más, es ahí donde lo divino, lo más alto, lo más sublime y eterno de lo
espiritual, toma figura de hombre en Jesús, Dios y hombre verdadero. Él lo dice
de si: “quien me ha vista a mí ha visto al Padre, pues el Padre y yo somos lo
mismo” (Jn 14, 9). La unidad es total en la dimensión de Dios hecho hombre.
Esto que parece una cuestión de fe, no lo es tanto, si se ve desde la dimensión
de la totalidad y no desde las partes.
Por eso era necesario que la escalaridad de las formas, tuviera su desarrollo
hasta llegar al hombre, ente espiritual y material a la vez. Pues allí se
cumpliría el culmen de la creación. Y todo sería “redondeado” es decir,
volvería al “origen”.
La creación es obra
de una Inteligencia de una Voluntad y de un Deseo de expandir el amor, por eso
el sentido último de lo creado tiene su realización plena en el amor. Es así
como todas las referencias en Jesucristo al amor, llenan las páginas de los
evangelios y el mandamiento más alto y sublime es: amar a Dios sobre todo y a
los demás, los más próximos, como a uno mismo. Está siempre el amor llenando, enalteciendo
y otorgando la dimensión más grande a la que lo creado y nosotros como
criaturas, podemos aspirar.
Sin eso no hay
explicación posible a la dimensión que el universo material tiene, a la
realización de la vida y al espíritu del ser humano. Si no se interpreta bajo
la estela del amor nada parece tener sentido y lo material serían sólo “cosas”
sin más transcendencia que la duración de sus formas.
La vida es, la vida
sigue, la vida impregna la materia de una dimensión de plenitud y el espíritu
humano, completa la realización del elemento supremo como culmen de aquello que
se puede dar en lo material.
Esa es la necesidad
del ser humano, ahí reside el “por qué” del hombre; en la capacidad libre de
amar está la respuesta a los “porqués” somos lo que somos, sentimos lo que
sentimos y actuamos como actuamos. La única dificultad, en esta clara
conceptualización del hombre, es el mal. Pero su explicación reside en el mismo
don otorgado a los seres espirituales: la libertad. El amor requiere libertad;
el amor no puede proceder del instinto; el amor es voluntad de aceptación libre
y espontánea del ser amado, aún bajo circunstancias incomprensibles para el ser
que quiere amar. Por eso la libertad requiere ser probada, sin la prueba no
habría libertad total o consentida, no se sabría si se ama porque no se puede
hacer otra cosa y eso sería el instinto o se ama porque se quiere, pese a todo,
libremente amar.
La mirada del
hombre sobre lo creado está plagada de antropomorfismo e intereses
racionalizadores, donde se trata de ensalzar el papel del ser humano en la
génesis de las cosas, mediante el conocimiento que tiene de ellas; pero esto es
vanidad y soberbia, pues sólo sabemos y hacemos una ínfima parte de lo que es y
ello con raciocinios generalizadores e incompletos; así mismo hacemos formas de
las cosas utilizando los seres que ya son, tanto físicos como vivientes, en una
continua “copia” reformada de lo que ya existe. Si bien las tecnologías han
alcanzado y alcanzarán grados de perfección desconocidos por la naturaleza, no
hay que olvidar que el ser humano es producto de ella y su pensamiento forma
parte de lo creado. Aún más, las formas son, porque lo que les permite su forma,
son elementos de lo creado, formas del continuo de lo material o de lo
biológicamente alcanzado por la evolución natural. La posición de los últimos
siglos, donde la razón se convirtió en diosa de la medida de la dimensión de
todo, (recordando a Protágoras: “el hombre es la medida de todo”; y
retrocediendo en la forma de pensar mas de dos milenios), es sólo la no
compresión de la medida real de lo humano en consonancia con lo que es, nos
rodea y nos forma.
El ser espíritu y
materia que somos todos y cada uno, conlleva la responsabilidad de la libre
escogencia de las posiciones “voluntarias” de cada uno, de acuerdo a uso y
abuso de su libertad. Esto implica una continua “lluvia de desechos”
espirituales y físicos, constituidos desde la génesis primera del hombre, que
forma la inmensa “placa negativa” de voliciones formadoras de lo que llamamos
mal, en nuestro contexto humano. No sólo el mal está en nosotros, por genética,
responsabilidad personal o imposiciones sociales que aceptamos por
conveniencia, sino por el continuo azote de la voluntad esclavilizadora de
seres espirituales que inducen a hacer el mal, por odio al bien, la verdad y el
amor. Neguemos o afirmemos esta realidad, la unidad plena de lo creado está
siempre actuando en conjunto, en la naturaleza y el hombre y no es SEPARABLE ni
puede ser dejada de lado, cosa que nuestro pensamiento, por conveniencia y
falta de profundizar en la verdad de todo, hace de múltiples maneras. Así, en
cada “próximo”, realidad social o formas de pensamiento, se fragua la dimensión
de voluntad hacia la verdad, el bien o el amor, en una escala diferente en cada
uno, dependiendo, también, del tiempo de vida y de la “metanoia” (cambio) de
cada instante de nuestro pasar por el
tiempo o, de la misma manera, la dimensión contraria, en iguales circunstancias,
de acuerdo a nuestras decisiones en lo instantes continuos de nuestras existencias.
No hay caminos a
los lados, no hay otra dimensión alterna ni otros “dioses” ni otros rumbos; la
tendencia es a ampliar lo conocido, no a descubrir una realidad totalizadora
desconocida. Sólo la riqueza de lo conocido nos muestra los inmensos senderos
por conocer. La realidad del TODO ha sido percibida, pero su riqueza,
extensión, profundidad y Verdad es y siempre será en su totalidad, desconocida.
Somos pequeños seres abiertos a una dimensión infinita en todos los sentidos.
Todo nos empuja a conocer, pero todo nos dice que nada es suficiente para desvelar
la totalidad del misterio.
Recoger el fruto de
la inmersión de millones de seres en la cromática del conocimiento y hacer con
ellos realidades visibles en formas no conocidas por la naturaleza en si misma:
es nuestra tarea, nuestro aporte a la creación continua e inacabada de lo
humano; nuestro pequeño fuego a la inmensa llama del saber y nuestro camino
hacia el infinito del Ser y de la Vida. Ello,
si es sincero, honesto y verdadero nos abre las puertas del Amor y muestra el
camino hacia los espacios más sublimes que esperan a la humanidad en su marcha
hacia el Bien, lo verdadero y lo eterno.
002.56 LA ESCALA DE LOS SERES VIVOS 2.
La vida es transformación de las formas de la energía, la
cual es el sustrato primario de todo lo material, en seres con la posibilidad de intervenir "voluntariamente" en las otras formas de la energia. Vida, forma actuante sobre las otras formas, con una
“voluntad” cada vez más libre, en la medida en que se avance hacia la cumbre de
su dimensión en el ser. Vivir es hacer de lo material elemento maleable en
nuestra dimensión de transformación, de acuerdo a la capacidad “volitiva” de un
ser determinado. Vive quien tiene esa capacidad transformadora; sino, sólo es
elemento manipulado por los elementos circundantes: viento, frío, calor,
terremotos, tormentas y un largo etc. que inunda nuestro estar aquí. Y aunque
ellos también transforman a los vivientes, éstos pueden “protegerse” o
utilizarlos para beneficio propio. La vida es complemento de plenitud, es decir,
transformadora del entorno de manera “voluntaria”. Por eso la vida tiene un
elemento que no posee la materia en las formas físicas primarias, entiendo por
primarias las cosas inanimadas, y es el movimiento desde sí mismo. También
tiene otras muchas dimensiones que la materia inerte no posee, como: los
sentidos, vista, tacto, oído, gusto, sonidos voluntarios y muchos etc. Todo
ello forma un ser o unos seres que “interfieren” en el desarrollo normal de las
entidades materiales que los rodean, sean vivientes o no vivientes.
Pero estas cualidades de ser no se han realizado ni de
manera espontánea ni todas de una vez; ha sido un lento “acercamiento” a las
condiciones “totales” del ambiente, donde se desarrolló un determinado ser
viviente y de una trasformación genética de los individuos de una especie para,
con tiempo, circunstancias e inmensa paciencia, pudieran acceder a la dimensión
de los sentidos. Por eso el desarrollo escalar en el ser vivo, es mucho más
pronunciado y complejo que en las dimensiones de la pura materia física
inanimada.
¿Cuántas y cuáles fueron las circunstancias que
permitieron dar a la materia su forma física vital? No lo podremos saber nunca en
su total complejidad, pero si conseguimos barruntar el proceso selectivo y
millonario en siglos que lo hizo posible. De aquí que nuestra visión “antropomorfice”
el proceso y tengamos como verdad absoluta, lo que es una aproximación a un
proceso complejo, enorme y de una perfección inimaginable.
La “escalaridad” del proceso formativo, tanto de lo
meramente material a partir de la energía, como de los seres vivos, es una
realidad patente y notoria, pero su “larga génesis” es un misterio oculto a la
dimensión racionalizadora del ser humano.
002.00 CONOCER Y SER
CONOCER Y SER
EL CONOCER
El conocimiento humano es limitado, porque el hombre no es absoluto. Esto es una premisa cierta, pero no siempre aceptada. La contingencia del ser humano implica “DEBILIDAD” en el sentido de que no tenemos dominio de TODO LO QUE ES, ni tan siquiera de lo que tenemos “más a mano” como es nuestro destino. Los hombres necesitamos “seguridad emocional” en lo que hacemos y en lo que somos. Esto equivale a determinar que lo pensado y lo hecho sea válido; o mejor aún, verdadero y útil. La duda es el mayor motivo de inseguridad en el ser y ahuyenta la vida propia del “espíritu”; éste es luz, claridad, verdad y amor y aquello que no esté dentro de estos parámetros, interrumpe el flujo suave y cálido de su vida intrínseca. La integración de “algo”, externo a si mismo, en su intimidad, requiere características similares a la esencia que lo forma. Nada “manchado”, con aquello que no es de su misma naturaleza, halla cabida en él y así mismo: también es ajeno a lo que mi “yo” determina como bueno. Pero el espíritu no es el intelecto, aunque este es el “escáner” de lo que las imágenes sensibles nos imbuyen en el cerebro. El espíritu tiene que tener otra dimensión de ser que aquello “material” circundante de lo que formamos parte; pues las “determinaciones” intelectuales que llamamos ideas, no existen en la parte material en la cual estamos y nos conforma físicamente. Nuestro espíritu forma entes intelectuales que sólo él “fabrica” y sólo en él tienen existencia; esta no existencia material de la idea es sólo posible si se dan dos condiciones fundamentales: que la imagen sensible sea modificada y esas modificaciones sean relacionadas con otras similares de manera independiente de la realidad circundante y que el “espíritu” sea de una dimensión no material. Pero si es independiente es diferente y si es diferente “algo”que debe ser no material, determina esta diferencia. Las modificaciones de las imágenes sensoriales no es algo consciente, pero la consciencia puede intervenir voluntariamente y “hacer” imágenes nuevas con las ya “determinadas” u otras adquiridas después. De todas maneras: las ideas son seres “mutantes” y con existencia propia en nuestra interioridad, únicas y exclusivas de cada uno, pero similares a las de los otros seres humanos por ser concebidas de manera parecida. Esto quiere decir que el “proceso” de formación en nuestro espíritu, es semejante y por lo tanto las “estructuras” espirituales son de la misma “clase” y “sustancia”. Ósea que la parte espiritual humana es esencialmente la misma.
El conocimiento humano es limitado, porque el hombre no es absoluto. Esto es una premisa cierta, pero no siempre aceptada. La contingencia del ser humano implica “DEBILIDAD” en el sentido de que no tenemos dominio de TODO LO QUE ES, ni tan siquiera de lo que tenemos “más a mano” como es nuestro destino. Los hombres necesitamos “seguridad emocional” en lo que hacemos y en lo que somos. Esto equivale a determinar que lo pensado y lo hecho sea válido; o mejor aún, verdadero y útil. La duda es el mayor motivo de inseguridad en el ser y ahuyenta la vida propia del “espíritu”; éste es luz, claridad, verdad y amor y aquello que no esté dentro de estos parámetros, interrumpe el flujo suave y cálido de su vida intrínseca. La integración de “algo”, externo a si mismo, en su intimidad, requiere características similares a la esencia que lo forma. Nada “manchado”, con aquello que no es de su misma naturaleza, halla cabida en él y así mismo: también es ajeno a lo que mi “yo” determina como bueno. Pero el espíritu no es el intelecto, aunque este es el “escáner” de lo que las imágenes sensibles nos imbuyen en el cerebro. El espíritu tiene que tener otra dimensión de ser que aquello “material” circundante de lo que formamos parte; pues las “determinaciones” intelectuales que llamamos ideas, no existen en la parte material en la cual estamos y nos conforma físicamente. Nuestro espíritu forma entes intelectuales que sólo él “fabrica” y sólo en él tienen existencia; esta no existencia material de la idea es sólo posible si se dan dos condiciones fundamentales: que la imagen sensible sea modificada y esas modificaciones sean relacionadas con otras similares de manera independiente de la realidad circundante y que el “espíritu” sea de una dimensión no material. Pero si es independiente es diferente y si es diferente “algo”que debe ser no material, determina esta diferencia. Las modificaciones de las imágenes sensoriales no es algo consciente, pero la consciencia puede intervenir voluntariamente y “hacer” imágenes nuevas con las ya “determinadas” u otras adquiridas después. De todas maneras: las ideas son seres “mutantes” y con existencia propia en nuestra interioridad, únicas y exclusivas de cada uno, pero similares a las de los otros seres humanos por ser concebidas de manera parecida. Esto quiere decir que el “proceso” de formación en nuestro espíritu, es semejante y por lo tanto las “estructuras” espirituales son de la misma “clase” y “sustancia”. Ósea que la parte espiritual humana es esencialmente la misma.
002.1El proceso de "idefinición"
El proceso de “idefinición” (1), en términos actuales, se llama conocer. Conocer no es más que determinar en nuestra “mente” la imagen o imágenes de la realidad que somos y nos rodea. Y así establecer lo que nos es real o no lo es; digo: “lo que nos es” ósea aquello que en su identidad, asumida por el espíritu, se ajusta a los “parámetros” de su realidad esencial; esto decimos que es Verdad. La no verdad es aquello que no corresponde a esos parámetros; pero que, forzado la voluntad, asumimos como “verdadero”, aun sin corresponder cabalmente a dichos parámetros. De aquí el problema de las enfermedades mentales que tanto daño hace a los seres humanos. La mentira se sobrepone a los “parámetros esenciales” del espíritu y se asume, mediante un acto espurio de la voluntad consciente, como “parámetro esencial” sin serlo; esto obstruye la concordancia entre espíritu y realidad, creando una falsa determinación “real” en nuestra mente; generando toda clase de desorden en nuestro interior y trastornando la relación con los otros y el mundo material.
_____________________________________
1) Proceso de determinación de las imágenes sensibles en ideas
002.2Más sobre el conocer.
Conocer es más que la mera asunción de entidades materiales por el proceso de “idefinición”; es también creación de determinaciones “iderales” (2) que suplantan a aquellas que ya están determinadas en la esencia del espíritu (éste es luz, claridad, verdad y amor). La “ideralización” es eminentemente racional en su formación y puede ser irracional en su contenido. Es, como toda idea, ente formado por la razón e irracional si conlleva elementos que no estén acordes con la esencia del espíritu humano. Pues el recto ejercicio de la razón sólo permite “fabricar” ideas cónsonas con aquello que nuestro espíritu tiene como esencia fundamental.
El ser humano al “fabricar” ideas que resulten inaprensibles por la sustancia espiritual; forma verdaderas masas de conceptos que nublan o aniquilan la luz de verdad y realidad, dilucidada por el espíritu, en las imágenes de las cosas; la situación de oscuridad espiritual, está dada por: la multitud de conocimientos inadecuados que las diferentes concepciones de un individuo o cualquier sociedad, a desarrollado, creído y alentado como verdades inmutable a través que los siglos; y ha impuesto, obligado o imbuido a creerlas, como verdades fundamentales del hombre. La verdad que es: adecuación entre la cosa o las cosas y el intelecto del espíritu en el ser humano, (Sto. Tomas de Aquino), no es absoluta en nosotros los seres humanos sin dejar de ser verdad y además está lastrada por siglos y siglos de “fantasías”, mentiras, intereses espurios y consideraciones emocionales o varias formas de vicios y mezquindades. Es decir: por toda la panoplia de antirealidad y antiverdad que el hombre ha generado y que llamamos “mal”.
De otra parte, la concepción de las ideas en lo que llamamos ciencia experimental, o sea el conocer científico, es una determinación de la realidad que conlleva un argumento de validación justo y útil; como es el principio de objetividad que, más o menos, se puede expresar de la siguiente forma: un hecho es valido, cuando puede ser comprobado una y otra vez, por diferentes personas, bajo circunstancias comunes o similares. Es decir: la validez de una ley o un hecho, dependerá de si se puede o no comprobar su “determinación”, cuantas veces se desee, bajo circunstancias similares. La ventaja del método científico es que cualquiera puede establecer su veracidad y, esta, no depende de la autoridad de un ser humano o de un grupo de seres humanos que tratan de imponer un hecho como cierto. El factor de error que aparece en este principio, es el de la limitación del conocimiento humano y más aun, el de una persona determinada. Luego, de ésta manera, se infiere, como correcta, la celebre frase latina: errarum humanum est. Y aun más, no sólo el errar, sino la cualidad implícita de poder equivocarse muchas veces.
Pero si bien, el método científico, es un método confiable, ni es absoluto, ni cien por cien seguro; y además, está limitado al conocimiento de las cosas materiales y sus relaciones, con un sentido general, no individual. Es decir, el conocimiento científico: es conocimiento de relaciones o hechos generales, no de “singularidades”. Sobre lo singular, lo particular, lo determinado como unidad substancial o física, no se puede sino especular. Luego, el conocimiento científico, es en principio hipotético, luego experimental y finalmente determinante bajo ciertas circunstancias generales que pueden ser englobadas por otras más generales aun.
(2) Ideas a las cuales les damos fuerza de realidad objetiva, es decir de realidad fuera de nuestra mente, cuando, en verdad, no la tienen.
002.3Conocimiento científico.
El conocimiento científico, sin
embargo, tiene una característica fundamental, es la de ser el más “confiable” de los conocimientos que se
pueden adquirir en
relación con la realidad que nos rodea. Pero de esto a hacer de dicho
conocimiento el único válido y extrapolarlo a dimensiones que no sean de índole
material, hay un abismo de
incongruencia que suele llamarse ciencia, pero no es más que
especulación
científica, o sea “cientificismos”, filosofía basada en hechos
científicos y
que sacados de contexto o extrapolada sustentan “verdades” que son ideas
falaces o al menos no determinadas sino por la mente de quien las
inventa.
Además, la ciencia en si, requiere un alto grado de fe y confianza en
los
científicos que sugieren “verdades científicas” ya que si bien hay
hechos
científicos incuestionables y que determinan el avance técnico; como
fuente de
poder, fama y prestigió, la ciencia atrae y conlleva un sin número de
ambiciones y recompensas que hacen caer a muchos de los que en ella
medran. La
mentira y el abuso, en el conocimiento científico, también es algo real.
La
honestidad que engloba la verdadera sabiduría, está muchas veces ausente
en el
espíritu de algunos que transita los caminos de dicho conocimiento. Y
aunque su
validez intrínseca se demuestra con los avances que la técnica
desarrolla, no
hay que olvidar la “zona” donde el conocimiento científico se
desenvuelve: la
parte material del ser y sólo en ésta.
El hombre conoce, ¿pero que cosas conoce? Y ¿Cuándo empezamos a conocer? Las interrogantes son, evidentemente, más que estas y las hay sutiles, y muchas que no tienen respuesta ni en el sentido “racionalizador” del espíritu. El conocer es simplemente agregar, a nuestra dimensión de ser, nuevas y variadas ideas, hábitos y costumbres que influirán en todo aquello que hagamos, en mayor o menor medida. Pero el conocimiento es personal, tiene una vertiente social o grupal que es “neutra”, en el sentido que está “ahí” y cualquiera interesado lo puede recibir. Las maneras de “recibir” el conocimiento son múltiples: van desde los libros, las conversaciones, los medios de comunicación en general, hasta la mera observación sensorial de nosotros mismos y lo que nos rodea.
Advertencia: en Google, cuando se pregunta sobre el conocimiento intuitivo, aparece una referencia a pateremon 3 y a esta entrada y dice lo siguiente: "002.3Conocimiento científico. ..... (Tomado de Wikipedia) ..." No se a que se refiere, pero ninguna de estas entradas está tomada de Wikipedia y menos de otra parte; son autoría de quien las escribe en pensamiento y creación.
002.4El proceso de conocer.
La vida es la esencia que permite el conocer. Pero hay múltiples formas de vida. Existen las vidas personales, las individuales, las grupales, las primarias y principalmente
La vida primaria son los virus, las bacterias y en general los seres unicelulares, cuya vida es corta y tienen movimiento y reproducción; ya sea que necesiten a otros seres para ello, como los virus, o que se muevan, coman y se dividan por ellos mismos. Pero su característica esencial es que no son sólo formas materiales. De alguna manera son capaces de “reaccionar”, al menos a lo más elemental, como es la comida o la célula que les permitirá reproducirse. Esto, comparado con la simple forma de una piedra o de un cristal, es un avance en la independencia de la materia sobre la inmutabilidad de las formas. Pero, ésta forma de vida, esta tan cerca de lo meramente material que hay ciertos virus que cristalizan cuando las condiciones no son favorables y pueden permanecer así por largo tiempo. Afirmando la premisa de que los virus son el elemento más próximo entre la vida y la materia.
Las vidas grupales son aquellos individuos que juntan sus elementos constitutivos en función de un fin común, como son las plantas en general, pero su “mi” no aparece, sino que es una función coordinada entre los factores que la forman, realizada por un mecanismo “de vida” que no se conoce bien todavía. Las plantas tienen procesos complejos de crecimiento, respiración, transformación, protección, conservación, alimentación, desarrollo y reproducción. También poseen movimientos de orientación hacia arriba, hacia abajo y hacia la luz y en algunos casos de abertura y cierre de sus hojas o flores, cuando se las toca. Todo esto y muchas cualidades más, son “conocimientos” que las plantas desarrollan al contacto con el medio ambiente y definen un modo de relacionarse con la realidad circundante que implica un “conocer” determinado por su esencia de ser; pero no es el conocimiento derivado de un “mi” integrador.
Las vidas individuales son seres que poseen en mayor o menor escala de definición un “mi”; es decir, son individuos únicos, con funciones especificas, determinadas por un centro coordinador de su actividad. Tienen movimiento propio, cuerpos no simples, órganos sensoriales, comen, se reproducen, nacen, sienten y cambian de acuerdo al medio donde se encuentren, en un proceso adaptativo complejo y en gran parte aún desconocido por
002.5Las vidas...
Las vidas personales son aquellas que no sólo tienen un “mí” sino que saben que lo poseen bien diferenciado, único, excluyente y que pueden volverse sobre si mismos y saber que “conocen”. Su vida depende de factores como la vida que tienen los vegetales, la parte de los sentidos de los animales, la inteligencia instintiva de los animales superiores y la “posicionalidad” de una entidad material que une la materia con un elemento de existencial cuya esencia no está formada por átomos, moléculas, células o ningún elemento de origen físico. Pero su “mí” profundo y primario es independiente aunque necesita de las condiciones, vegetativas y animales, antes enunciadas. Esta anomalía en un mundo formado por elementos derivados de la “energía enfriada” supone una escala de transformación de dicha energía, en una escala de menor a mayor, hacia la concordancia con
Todas las formas “conoscitantes” (4) tiene como elemento común el ser derivadas de la materia en formas complejas y en escala de menor a mayor. Salvo una: la del ser humano, quien engloba la forma de conocer de los otros seres materiales, con una dimensión que, por “sus características de resultado”, eleva la dimensión material a otro plano no correspondiente a la realidad del entorno, aunque se vale de ella, de la dimensión material, para discernir formas no incluidas en la materia misma e imposibles de ser determinadas por dicha materia. Esto se percibe por cuanto las formas de las cosas hechas por el hombre, sin hablar de sus pensamientos, nunca son iguales a las que presenta la realidad material que lo engloba. En las matemáticas, por ejemplo, los desarrollos del dicho lenguaje, aunque pueden interpretar ciertas partes de la realidad, no corresponden, ni de lejos, a lo que esa realidad es en si misma. El conocimiento humano es relevantemente otro, no sólo con los animales, sino en relación a las estructuras materiales de
Conocemos algo de nuestro ser intrínseco; pero desconocemos la mayoría de lo que nos rodea y permite que seamos. Conocer, en términos humanos, no es ser, es sólo categoría de ser. Manera de presentarse el ser en la realidad del Universo.
Nuestros “mundos” son realidades intelectuales en primera instancia y proceden del contacto que tenemos con lo natural. “Omni cognitio príncipe a sensu” decía Sto. Tomas de Aquino siguiendo a Aristóteles. Pero estos conocimientos se determinan en nuestro espíritu de una manera especial propia de muestra especie y da lugar a “mundos” interiores y obras exteriores que son nuestro legado, bueno o malo, mejor o peor, a la dinámica de vida y creación de formas que es propia de nuestro Universo. Las ideas son propias del ser humano como resultado de la interacción entre la mente y el Universo, pero éste es de tal tamaño y nuestra mente tan pequeña que las ideas son generalizaciones de una realidad inconmensurable y diferente a nosotros, y tienen la cualidad de hacer posible el “acercamiento” a la dimensión de ser de lo Creado.
El conocer es absorción de una realidad “cercana” en el espíritu de quien la percibe, pero en forma de “idea”, nunca de realidad de ser total.
La complejidad de la idea viene dada por esta extrapolación de la realidad en la mente del “conoscitante”. Esta función se realiza normalmente por los sentidos externos que nos ponen en contacto con los seres circundantes. Pero también con los llamados sentidos internos, como la percepción de si mismo, que nos permite conocer nuestro “yo” interno, estados anímicos, “percibir” nuestras funciones interiores e incluso la “marcha” de nuestro cuerpo.
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3)Principio de todo.
4)Quienes pueden incluir en si mismos algo de lo que nos
rodea en forma de idea.
002.6La escala del conocimiento.
Los seres dotados de “conoscitación” (5) forman una escala en
el orden del conocimiento de acuerdo a la mayor o menor inflexión de la idea en
ellos. Cuanto más nivel de conocimiento de si mismo y de la realidad tenga un
ser dado, más extensa y precisa será su “conoscitación” de lo real. La vida en
sus manifestaciones tiene tendencia a suplantar, ingerir, procesar o
“internalizar” otros seres y vidas. Toca, desplaza, absorbe y asume dentro de
su parte “mental” otros seres y otras vidas. Este último proceso es propia de
los vivientes, la parte material sólo puede tocar y desplazar mezclarse o ser
absorbida. Pero lo “mental” hace aparecer un estado de ser diferente a los
meros procesos materiales. Los seres vivientes de cierto nivel conoscitante
tienen la capacidad de hacer imágenes de lo real que les rodea y de su
“sentires” internos. Esto conlleva una dimensión de ser que les permite
interactuar con los otros seres de maneras diferentes a lo que la parte
material sensible les permite. No quiere esto decir que la ínteractuación sea
de otro orden diferente al de la materia, sino que el organismo vivo crea una
determinación del orden material en forma de imagen, por medio de elementos
materiales como la electricidad, ciertas substancias químicas, rechazo o
aceptación y otros procesos interiores, mediante la dinámica del órgano que
llamamos cerebro. La complejidad y tamaño de estás operaciones es, como todo lo
real, de una dimensión para la cual no tenemos medida ni capacidad de
percepción.
La informática actual, mediante la electricidad, permite hacer eso mismo de manera no viviente pero si compleja. El problema reside en: ¿que hace la diferencia entre el “conocer” de la máquina y el conocer de la vida? Es obvio que la máquina está programada para hacer lo que hace, la vida también tiene un “programa”, inmensamente más complejo, pero lo tiene. Luego aquí de lo que se trata es del grado de complejidad y de la utilización por el ser humano de la percepción de sus funciones interiores de razocinio que conjugando la técnica, logran “reproducir”, de manera similar, dichas funciones con elementos materiales ordenados de acuerdo al proceso que quieren aprovechar. Pero esto que engloba la técnica humana será tratado más adelante.
Las imágenes que los seres vivientes “fabrican” en sus mentes, tienen características similares pero son individuales y propias. Individuales, porque cada individuo conoscente, hace imágenes de acuerdo a la forma, distancia, fuerza, manera etc. en que percibe la imagen que “fabrica”. Y propia, porque ningún otro individuo puede ni tiene la misma percepción. Esta “singularidad” de la imagen hace de éstas algo exclusivo y en cuanto a la cantidad: inconmensurables. Luego tenemos imágenes propias en la mente de cada ser viviente y formas determinadas en el mundo real. Las imágenes corresponde a ciertas de esas formas pero singularizadas por cada uno de los conoscitantes, esto conlleva la pregunta de: ¿cómo se pueden trasmitir, mediante signos, dichas imágenes, entre unos y otros de los vivientes?
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5) la operación que realiza el ser vivo al determinar una imagen.
5) la operación que realiza el ser vivo al determinar una imagen.
002.7La potencialidad de la imagen.
Sin embargo la imagen no es la última potencialidad que la mente puede realizar en torno al conocimiento de la realidad; las imágenes tienen “vida propia” en la mente de quien las percibe. Esto permite asociar o disociar imágenes que conllevan otras nuevas, la mayoría de las veces sólo mentales. Es el caso simple de una sirena o un centauro.
Por supuesto que al “enredarse” imágenes en tropel, por decir algo, la secuencia puede llevar a otras de carácter netamente fantástico e inusual. Pero todo ello se realiza de manera individual y mental. Posteriormente esas imágenes se pueden dibujar de manera material, pero nunca serán las mismas que concibió la mente, parecidas quizás, las misma nunca.
Las imágenes son propias de la mente “conosciente” y al recordarlas, en si mismo, el individuo no puede reproducirlas de manera igual; el factor tiempo, en este caso mental, cambia la imagen de manera sutil. Luego la imagen, producto de la interacción entre la mente y la realidad, se convierte en ser mental con características especiales con respecto al ser que las originó y al cual tiene similitud. Las imágenes fotográficas, si bien no dan la totalidad del ser o seres que reproducen, si son fieles al instante o a la luz, etc. que estaba en el momento dado. Las mentales no poseen esa cualidad. Parece que son de otra naturaleza. Este problema se debe más a las características de los seres mentalizados que a la posibilidad del proceso en si. La mente no es exacta con respecto a la realidad: es perceptiva, no copia, integra a su manera de ser la imagen real del ser del otro.
Los diferentes seres “mentaloides” (6) tienen caracterizas y actividades mentales diferentes que también forman una especie de escala donde las percepciones de las imágenes son distintas, no sólo como individuos, sino como especies. La manera de percibir las imágenes de la realidad, en las diferentes especies, debe ser similar en cada una de ellas pero diferente a la de las otras. Las pruebas que los sicólogos del conocimiento animal han realizado con diferentes seres “mentaloides”, loro, urracas, delfines, diferentes clases de monos etc. parecen indicar que si bien la percepción puede ser diferente la identificación de los objetos sigue siendo válida. Es decir el resultado de tener una imagen mental, en no importa cual especie animal “mentaloide”, conlleva la identificación real del objeto y su ínteractuación con él de maneras diversas. Luego la manera de percibir la imagen no es obstáculo para el conocimiento del ser al cual ella hace referencia. Es, entonces, una cualidad de las mentes el no reproducir “fotográficamente” la realidad, así la similitud y no la igualdad sirve para ampliar el campo de “visión” de ésta. Pero también muestra que los animales “mentaloides” tienen un conocimiento de la realidad “ad hoc” y no de esa realidad tal cual ella es. Significa esto que la evolución, en la naturaleza, no lleva a una perfección total, sino que determina seres con características “escalares” (7) que poseen mayor o menor “contacto” con lo real. Lo que en términos materiales son las etapas “escalares” de la energía, los quars, los muones, neutrones, átomos, moléculas, formas y compuestos complejos, hasta llegar a la vida y los seres vivos. En la parte mental se reproduce el mismo esquema de manera precisa en la escala de mayor a menor. Hay, al parecer una constante “escalar” en todo lo creado.
Luego en los diferentes seres “mentaloides” la captación, operación y proceso de la imagen tiene evidentes diferencias. Ya los mismos órganos de la recepción de las imágenes, al presentar diferencias de percepción y capacidad, conllevan distintas formas de aprehensión de ellas. Pero su carácter universal, aunque muy difuso, es congruente. Esto se ve claro cuando se estudia la actuación ante elementos reales en dicha clase de animales.
Todo este complejo conjunto de actos y procesos, que son múltiples y en número enorme, es sólo una pequeña parte de las posibilidades de conocimiento que se realizan en la llamada: “naturaleza”; conjunto de hechos, sucesos, relaciones, condiciones etc. que forman la plataforma material y vital donde marcamos nuestro transcurrir en el tiempo.
El tiempo es el otro orden de suceso que influye, determina y acoge el conocer. El tiempo es la no permanencia en el mismo estado de ser de una cosa o de las cosas. Ósea la mutación continua y constante en el ser de algo y de todo. El tiempo está dado por lo “inabsoluto” (8) de la materia aparecida. Sólo lo que es total y absoluto o está determinado substancialmente, escapa al proceso de tiempo y espacio. La creación es contingente, ósea, no absoluta y por eso cambia. No está totalmente realizada por eso evoluciona. Y al evolucionar lo hace en un lugar y dentro de unas condiciones de ser inestático. Luego el conocimiento, en un lugar donde tiempo y espacio existen, es a su vez cambiante, modulable e inexacto. Y si bien la “mente” que lo concibe puede ser substancialmente determinada, es decir ya definida en el ser, aunque no total o absoluta; lo percibido nunca tendrá la determinación categórica ya que no lo es “per se” y lo no absoluto no puede determinar en el ser nada.
Por otra parte, ninguna de las formas de la materia esta determinada substancialmente. Todos son compuestos, más o menos cambiantes, de formas más o menos complejas. El único determinante substancial, en lo material, es lo que llamamos: energía. Elemento que no conocemos y sólo suponemos como lo más universal, primario y congénito que tienen todas y cada una de las formas materiales conocidas. De aquí deriva que el conocer a nivel de los seres “mentaloides” sea imperfecto, limitado, contingente y sólo se pueda desarrollar en la aprensión de seres formados por el mismo proceso que hizo el universo. Se deduce que el conocer, por si mismo, no realiza el ser, no esta determinado sino como como proceso, y sus categorías lo serán tambien. Luego: CONOCER NO ES SER, en términos de seres no absolutos.
Todo esto es para ubicar el conocer “mentaloide” en la escala que le corresponde dentro de lo que llamamos conocer. Pero dentro de los seres que realizan dicho proceso, hay un ser que por las consecuencias de desarrollo en la creación de formas sumamente complejas, es excepción en dicha escala, al menos por ahora. Evidentemente esta excepción es el ser humano. Pero en cuanto a lo que hace la diferencia y en el “cómo” es el proceso, no es algo fácil de interpretar; las opiniones, la falta de conocimientos sobre nosotros mismos, en fin, la limitación del mismo proceso que utilizamos; hace muy difusa la visión de un saber a cerca de como nuestra capacidad de aprehensión de los otros seres y realidades, se realiza y actúa.
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8) Aquello que no posee la condición de ser por si mismo. Sino que requiere de un ser anterior y absoluto que lo determine. Lo cual puede ser por creación directa o por evolución. Lo absoluto no requiere ni creación ni evolución. Sólo Ser.
6) Seres que tiene cerebros y capacidad de recibir y procesar imágenes.
7)
La situación de la materia y los seres vivientes en cuanto a su proceso
de perfeccionamiento en la realización de la complejidad de los seres,
tanto desde el orden formal como de la vida. 8) Aquello que no posee la condición de ser por si mismo. Sino que requiere de un ser anterior y absoluto que lo determine. Lo cual puede ser por creación directa o por evolución. Lo absoluto no requiere ni creación ni evolución. Sólo Ser.
002.8Comparación.
Por un lado compartimos con los animales “mentaloides” la capacidad y la manera, más o menos similar, de “hacer” imágenes. Pero el proceso que dichas imágenes “sufren” en nuestro interior es diferente y de mayor nivel que el de las otras especies. Esta afirmación tiene su base en el resultado de las obras y actos que el ser humano desarrolla en comparación con el de las otras especies “mentaloides”; incluidos los grandes simios y los delfines o los cetáceos en general que tienen el cerebro más grande de todos los seres en
En los últimos años diferentes experimentos de cognición animal, han dado resultados asombrosos, en cuanto a nuestras ideas sobre el conocimiento en los animales; demostrando el alto grado de “inteligencia” que tiene especies como los loros, los pulpos, los perros, los delfines y cetáceos en general, así como evidentemente los grandes simios. Muchos de ellos pueden resolver problemas prácticos y dan respuestas que sólo una mente “inteligente” puede enunciar. La solución de problemas, incluso matemáticos, se puede lograr en ellos con el debido entrenamiento. Pareciera que la diferencia entre hombres y animales, en cuanto al conocimiento, disminuyera. (9) El problema que filosóficamente se plantea es en primer lugar: si hay diferencia entre la inteligencia del hombre y la de los animales. Y si ésta es sólo de acumulación social de hábitos de aprendizaje. En segundo lugar: si el ser humano posee un elemento diferenciador de naturaleza no material que ha permitido el desarrollo de la cultura, las obras, la técnica etc. que determina la “socioesfera fabrística” (10) entre animales y humanos. En tercer lugar: si el elemento determinante en el ser humano es de otro orden diferente al material: ¿por qué sólo él? Y si ese orden implica lo que llamamos: inmortalidad.
¿Hay diferencia entre la inteligencia del hombre y de los animales? En principio si. Por varias razones. Primera: la misma que puede haber entre las diferentes especias. Segunda: por el mismo desarrollo “socio esférico” la diferencia es indudable. Tercero: aunque el proceso evolutivo físico entre los primates ha sido paralelo, en un momento dado del tiempo “algo” hizo que el ser humano se disparara a una velocidad cada vez mayor, hacia más altas cotas de conocimiento y se convirtiera en la especie que puede “trans-formar” la materia de acuerdo a su requerimiento, fantasías o necesidades. Esto es lo que hay que analizar para tratar de encontrar al menos algunos elementos que permitieron o permitirían ese cambio. Partamos de lo que es común, a ver si encontramos lo que es diferente. El universo material es el mismo para todos. Los elementos constitutivos de la naturaleza viviente, los átomos y moléculas, son las mismas. Los elementos, materiales de la tabla periódica, para la formación de la vida son los mismos. El elemento (ADN) que construye la vida es el mismo. Pero el orden del ADN en cuento a los aminoácidos que lo integran es diferente en cada especie y también hay variaciones en cada individuo, aunque esto último se percibe más a nivel de genes que de ADN. Luego la primera diferencia importante está: EN EL ORDEN DE LOS AMINOACIDOS EN LA FORMACIÓN DEL ADN. Hay que darse cuenta que cuando se habla de los "mismos" se entiende en el sentido de la forma igualitaria que la materia tiene en cuanto a la estructura formal.
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9) Se pueden ver los trabajos de: Rob Shumaker con los orangutanes. De Irene Peppeberg con los papagayos etc.
10) Las “creaciones” humanas en todas las esferas del conocimiento y la técnica.
9) Se pueden ver los trabajos de: Rob Shumaker con los orangutanes. De Irene Peppeberg con los papagayos etc.
002.9La materia en sí.
Pues en cuanto a la materia en si, nunca es la misma; esto es en cuanto a las formas vivientes en general. La diferencia entre las formas vivas más alejadas unas de otras, en cuanto a la estructura del ADN, no alcanza al 28%, según algunos estudios, otros ponen diferencias mayores o menores; pero para lo aquí nos interesa, la vida se ha realizado en un mismo contesto especifico: los aminoácidos que componen el ADN, con sus combinaciones cambiantes ( el ADN o ácido desoxirribonucleico está formado por la unión de desoxinucleótidos, conformados por la azucar desoxirribosa, el grupo fosfato y una de las 4 bases posibles: citosina, adenina, guanina y timina. la molécula de ADN está formada por el apareamiento de dos cadenas complementarias, mediante puente de H entre las bases: A-T y C-G. el ADN es el que contiene la información genética para el desarrollo del individuo. El ARN o ácido ribonucleico está formado por los ribonucleótidos constituidos por la pentosa ribosa, el grupo fosfato y una de las bases: U, A, C y G. el ARN puede presentarse como cadena simple o bicatenaria, caso en el cual las bases se aparean: A-U y C-G. la molécula participa principalmente en la síntesis de proteínas) (Tomado de un comentarista: Danuli86 en www.Yahoo.com respuestas). Toda vida es producto de esta sutil combinación de aminoácidos, el tiempo y las circunstancias del entorno que determinan y promueven los cambios sin proponérselo. Para especificar lo dicho hay que entender que el proceso es sumamente complejo y requiere condiciones físicas y de tiempo especiales y adecuadas.
La formación de los “cuerpos”, tanto en animales superiores como en los más ínfimos, es producto de unas condiciones del entorno que hoy día ya no se encuentran en el planeta. El desarrollo que motivó estas formas pasó por muchas y desconocidas etapas, cuyo transcurrir llamamos evolución. El hecho de no conocer lo que sucedió, no invalida la circunstancia del “ya fue”; es decir: sucedió. Lo sepamos o no lo sepamos, lo comprendamos o no. El proceso no es necesario conocerlo para que se dé. El universo, la materia y la vida, entre otras muchas cosas, nos dicen que no es necesario conocer su desarrollo para que sean. Esta es una de las diferencias entre conocer y ser. El racionalismo tiene una gran culpa en está anomalía o ilogicidad del pensar humano, como es el creer que si no lo conozco no puede ser.
002.10La inteligencia.
La inteligencia en
sentido general es producto también de esta evolución, del tiempo y de
ciertas circunstancias accidentales: terremotos, meteoritos, cambio de
clima etc. que motivaron transformaciones en las conductas y hábitos de
ciertos animales y la desaparición de otros. Todo esto, complejo,
inmenso e imposible de determinar en todas y cada una de sus partes, ha
dado como consecuencia las formas de vida y de inteligencias que hoy
campean sobre la tierra.
La socio esfera que el ser humano ha desarrollada es producto de una forma conoscitiva determinada por elementos subjetivos, propios de la persona humana y, compartidos de manera similar por casi todos los sujetos de la especie. Sin embargo nos interesa saber si estos “elementos” también se encuentran en los animales y si no, cuales son las diferencias.
Los animales “piensan” así parece: Los animales tienen sentimientos de amor, odio, felicidad etc., así parece. Los animales conocen términos complejos, como arriba abajo, de lado, dentro, fuera etc., así parece. Los animales tienen “yo” un “mi” consciente, algunos así lo parece. Los animales conocen términos abstractos como: juventud, belleza, sintonía, bajeza, calma, etc. no parece. Tienen lo que representa la idea como parte física pero no lo que en el hombre se eleva a alturas de concepto. Luego hay una diferencia en el proceso de la imagen que el animal no realiza: el determinar, extraído de la imagen, una idea general de algo particular, con características propias de la “inteligencia” humana: el “mundo” del hombre.
El “mundo” de los seres que formamos la esencia “hombre”, es una dimensión intrínseca e interior que no tienen ninguna de las otras especies “mentaloides”. Esto hace la diferencia entre el animal y el hombre. No es en apariencia algo muy diferente casi se podría llegar a decir que algunos animales poseen este don. Ciertos monos se detienen ante los espejos y contemplan su imagen con una especie de arrobo que llama la atención; pero no es sino la sorpresa de ver a otra entidad similar o de comparar lo visto con la identidad de la imagen que tienen de si mismo. La diferencia entre la inteligencia animal y humana está en el proceso de abstracción que el hombre ejecuta sobre la imagen o imágenes. No basta con mezclar las imágenes y hacer nuevas imágenes con ellas. Para abstraer es necesario identificar los elementos comunes, en un grado no material que se da por similitud, nunca por igualdad; y formar con ellos el concepto que tiene características de nuevo, general y no material. La belleza no es un concepto material. Todo lo existente es, pero la belleza es armonía de formas propias del “espíritu” humano. Así mismo la grandeza, la sabiduría, lo exacto etc. Todos estos conceptos tienen como medida la dimensión del espíritu humano y se justifican a si mismos en relación a su estructura espiritual. Aquí comienza el “ser humano”.
002.11Los términos abstractos.
Los términos
abstractos no existen en la realidad material. Son producto de “algo”
que llamamos: espíritu, al discernir en la imagen material elementos de
similitud de acuerdo al orden que el espíritu tiene “per se”. Dicho
orden es propio de la dimensión del ente espiritual que nos ha sido dado
y no tiene que ver con el orden material formado por la energía y sus
“leyes”. De aquí la diferencia entre las imágenes materiales y los
conceptos abstractos propios del hombre.
En realidad cuando se habla de conceptos abstractos se quiere expresar la diferencia de “mundos” entre el propio del ser humano y el mundo material que nos rodea y del cual formamos parte, pero como seres, en esta dimensión, debemos entender que si el hombre detenta esa “capacidad”, es también en el universo, como entidad total, que ella existe. Así pues, si el “mundo del hombre” no está formado sólo por lo material, como analizaremos después, podemos deducir la existencia de otras realidades que no sean de orden físico, en el sentido de contener materia como la conocemos; y también la existencia de “Una Entidad Absoluta” que determina, mantiene, pensó y creó la nuestra.
El espíritu tiene su propia forma de ser y también sus leyes que lo informan. La forma de ser espiritual es diferente a la forma material en varias cualidades: es inmortal, ósea no desaparece al no estar constituido de partes, sino que es un todo homogéneo. Su substancia es de energía pura, es decir, no tiene la “desaceleración” que formó la materia, sino que se mantiene "determinada" en el ser de lo que es. Su esencia no es propia, ha sido creada por un Ser no creado. Y permanece en el ser por siempre. Lo dicho será, partiendo de su capacidad “cognoscitiva”, el desarrollo analítico que sigue.
Para tratar de entender, de acuerdo a nuestra capacidad siempre limitada, es prioritario determinar la no materialidad de la idea abstraída de las imágenes sensoriales materiales. La imagen no es la idea, es decir, la imagen se forma a partir de lo que nos rodea y del conocimiento de nuestra realidad corporal y síquica, a través de los sentidos tanto externos como internos. Es producto del percibir. Del “estar” en un lugar sitio o cuerpo, en medio de transformaciones y entes que cambian y se muevan. Somos “grabadoras” de imágenes sensoriales con una velocidad de captación rapidísima. Nuestros sentidos, como los de todos los animales “mentaloides”, están desarrollados, adecuados y habituados a ciertas funciones específicas y cumple muy bien con su tarea, en la mayoría de los casos y situaciones. Las imágenes pueden ser formadas por contacto directo o mediante el uso de sonidos, palabras, dibujos, fotos etc. Todo lo que llega a nuestros sentidos forma una imagen en la medida de su “aproximación” a lo que llamamos “atención”. O sea, de acuerdo al interés que despierte en nuestro “mi” consciente el objeto, ruido, olor etc., percibido. Las imágenes no son “neutras” conllevan una carga emocional dependiendo del factor: “emisor perceptible”. Pero, por el momento, no nos detendremos en este factor, el análisis es hacia la forma de conocer, no del sentir emocional.
002.12Conocer.
Conocer es “incorporar”, hacer cuerpo, que algo adquiera ser, en nuestra mente, una entidad que no estaba en ella antes. Esta entidad es propia y exclusiva de cada uno de los animales “mentaloides” que la forman en si. Pero a la vez tiene similitudes con las “incorporaciones” que pueden actualizar en su mente cualquier animal que tenga la misma capacidad; dichas entidades son llamadas imágenes y tienen características derivadas de la manera como cada sentido, en cada individuo y en cada especie son concebidas. Por lo tanto lo conocido está contenido en algo, sea en las neuronas, sea en el espíritu. La imagen contenida en las neuronas es una dimensión de orden químico y eléctrico, los conceptos del espíritu son de otro orden. Y si bien los conceptos pueden formar imágenes y de las imágenes se derivan conceptos; unas y otros son procesos diferentes. En la imagen se percibe lo semejante, en el concepto lo universal. Lo semejante está en lo material, son determinaciones en las imágenes con ciertos parecidos; en el concepto se extrapola en función de un todo común y se tiene por válido en cada una de las imágenes similares que la realidad puede poner a nuestro alcance. Pero la esencia de la diferencia, entre los seres mentaloides animales y humanos, reside realmente en la captación consciente de los conceptos en nuestra interioridad. En lo humano la dimensión espiritual permite: “volverse sobre si mismo” reproducir conceptos en nuestra interioridad con dimensiones nuevas y recrear situaciones y parámetros hechos a nuestra medida y con características diferentes cada vez. Esto conlleva la realización de “mundos” personales, sociales, utópicos, filosóficos, científicos etc. aceptados, repetidos, determinados y determinantes para los individuos, las sociedades o la humanidad.
En la realidad de cada especie, las imágenes son prioritarias y dependen de los instintos o del espíritu, en el caso del hombre. Pero tienen validez en la medida que los otros miembros del grupo las acepten o copien. Sin embargo, en el caso de los conceptos, la validez de ellos, aunque pueden ser “forzados” e impuestos por los diferentes tipos de presión personal, grupal o social; la verdadera validez de ellos se derivará de la concordancia de un concepto con los parámetros innatos que posee el espíritu. De aquí que la imposición meramente grupal, de conveniencia o social de un o unos conceptos, no tendrá valor sino en la medida que sea consecuente con la dimensión de este. Lo que en términos humanos llamamos: moral, se deriva de esta concordancia. Cuanto más un concepto encaje en la estructura del ser espiritual, mayor será la cualidad o “santidad” de dicho concepto. Pero esto es otro tema y por el momento no lo seguiremos.
Como se puede percibir, las imágenes forman sociedades aptas para desarrollarse, vivir y prosperar en un medio dado; pero los conceptos conllevan, además, la adecuación con la interioridad del ser que forma a la persona. Y así como cuando en una sociedad un individuo no cumple los parámetros propuestos por la mayoría o el elemento dominante, se sigue un castigo o hasta la expulsión del sujeto fuera de la comunidad; en la persona, cuando sus conceptos contradicen la esencia del espíritu, ésta está fuera de si, es decir sufre de una enfermedad interior que puede destruirla y causar daño a los que la rodean, no sólo en lo espiritual sino en el mismo orden material.
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