ADVERTENCIA


Si se quieren ver todos los capítulos, basta con pulsar en el archivo año 2009, allí aparece "octubre" y en ese mes están casi todos los capítulos anteriores. Los otros primeros ocho se encuentran en el 2010.

TODAS LAS FOTOS DE ESTE BLOG SON PROPIEDAD DE JORGE EDUARDO LASTRA NEDWETZKI. NO SE INCLUYEN LAS REPRESENTACIONES DE FILÓSOFOS NI LA DE LA CRUZ AL COMIENZO, EN EL LADO IZQUIERDO DEL BLOG.

Normalmente cuando se introduce en el blog un capítulo nuevo, se pone y deja en primera línea durante unos días, luego se sitúa en el lugar que le corresponde de acuerdo a su numeración.


Para quienes buscan: El desarrollo del pueblo de Dios (Israel). Está en el blog Pateremon 4, entrada 17.


INTRODUCCIÓN



EL libro: "CONOCER Y SER" (002.00) fue comenzado a escribir el día 18 de Marzo de 2008. Es una especie de resumen de todas las experiencias filosóficas con las cuales he tenido contacto, tanto en los estudios formales como en las “meditaciones” que las enseñanzas de la vida y la naturaleza me permitieron “seguir”. Ha sido un largo camino, donde no han estado ausentes: las alegrías, el sufrimiento, la contemplación de realidades y hechos hostiles, así como la caridad y el amor de muchos seres que cruzaron por mis senderos y pisaron los caminos por donde iba. Se juntaron muchas cosas: pensamientos, palabras, rebeliones, cantos, lágrimas y algunos “amores” para poder distinguir los trazos de aquello que puede llamarse “filosofar” o formas de interpretar el conocer de mí mismo y de lo que me rodea. Pero, al fin, la síntesis se dio y he aquí, aquello que puedo recordar.


El libro: "SOBRE LA VERDAD" (003.00) empezó a ser escrito el día 22 de Agosto de 2014, en Salvaterra de miño, donde resido desde el 26 de noviembre de 2013.

Es una profundización sobre la verdad que se sustenta en en la Question 16 de la primera parte de la "Suma Teológica" de Sto Tomás de Aquino que tiene por título esa misma expresión: "Sobre la Verdad". La cual se divide en los siguientes artículos:

Questión 16 "Sobre la verdad"




002.08 COMPARACIÓN.



Por un lado compartimos con los animales “mentaloides” la capacidad y la manera, más o menos similar, de “hacer” imágenes. Pero el proceso que dichas imágenes “sufren” en nuestro interior es diferente y de mayor nivel que el de las otras especies. Esta afirmación tiene su base en el resultado de las obras y actos que el ser humano desarrolla en comparación con el de las otras especies “mentaloides”; incluidos los grandes simios y los delfines o los cetáceos en general que tienen el cerebro más grande de todos los seres en la naturaleza. La explicación de esta diferencia no es simple y cualquier respuesta siempre será limitada. Pero peor sería no dar ninguna y quedar en la ignorancia.

En los últimos años diferentes experimentos de cognición animal, han dado resultados asombrosos, en cuanto a nuestras ideas sobre el conocimiento en los animales; demostrando el alto grado de “inteligencia” que tiene especies como los loros, los pulpos, los perros, los delfines y cetáceos en general, así como evidentemente los grandes simios. Muchos de ellos pueden resolver problemas prácticos y dan respuestas que sólo una mente “inteligente” puede enunciar. La solución de problemas, incluso matemáticos, se puede lograr en ellos con el debido entrenamiento. Pareciera que la diferencia entre hombres y animales, en cuanto al conocimiento, disminuyera. [17] El problema que filosóficamente se plantea es en primer lugar: si hay diferencia entre la inteligencia del hombre y la de los animales. Y si ésta es sólo de acumulación social de hábitos de aprendizaje. En segundo lugar: si el ser humano posee un elemento diferenciador de naturaleza no material que ha permitido el desarrollo de la cultura, las obras, la técnica etc. que determina la “socioesfera fabrística” [18] entre animales y humanos. En tercer lugar: si el elemento determinante en el ser humano es de otro orden diferente al material: ¿por qué sólo él? Y si ese orden implica lo que llamamos: inmortalidad.

¿Hay diferencia entre la inteligencia del hombre y de los animales? En principio si. Por varias razones. Primera: la misma que puede haber entre las diferentes especias. Segunda: por el mismo desarrollo “socio esférico” la diferencia es indudable. Tercero: aunque el proceso evolutivo físico entre los primates ha sido paralelo, en un momento dado del tiempo “algo” hizo que el ser humano se disparara a una velocidad cada vez mayor, hacia más altas cotas de conocimiento y se convirtiera en la especie que puede “trans-formar” la materia de acuerdo a su requerimiento, fantasías o necesidades. Esto es lo que hay que analizar para tratar de encontrar al menos algunos elementos que permitieron o permitirían ese cambio. Partamos de lo que es común, a ver si encontramos lo que es diferente. El universo material es el mismo para todos. Los elementos constitutivos de la naturaleza viviente, los átomos y moléculas, son las mismas. Los elementos, materiales de la tabla periódica, para la formación de la vida son los mismos. El elemento (ADN) que construye la vida es el mismo. Pero el orden del ADN en cuento a los aminoácidos que lo integran es diferente en cada especie y también hay variaciones en cada individuo, aunque esto último se percibe más a nivel de genes que de ADN. Luego la primera diferencia importante está: EN EL ORDEN DE LOS AMINOACIDOS EN LA FORMACIÓN DEL ADN. Hay que darse cuenta que cuando se habla de los "mismos" se entiende en el sentido de la forma igualitaria que la materia tiene en cuanto a la estructura formal.
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[17] Se pueden ver los trabajos de: Rob Shumaker con los orangutanes. De Irene Peppeberg con los papagayos etc.
[18] Las “creaciones” humanas en todas las esferas del conocimiento y la técnica.

002.09 LA MATERIA EN SÍ.



Pues en cuanto a la materia en si, nunca es la misma; esto es en cuanto a las formas vivientes en general. La diferencia entre las formas vivas más alejadas unas de otras, en cuanto a la estructura del ADN, no alcanza al 28%, según algunos estudios, otros ponen diferencias mayores o menores; pero para lo aquí nos interesa, la vida se ha realizado en un mismo contesto especifico: los aminoácidos que componen el ADN, con sus combinaciones cambiantes ( el ADN o ácido desoxirribonucleico está formado por la unión de desoxinucleótidos, conformados por la azucar desoxirribosa, el grupo fosfato y una de las 4 bases posibles: citosina, adenina, guanina y timina. la molécula de ADN está formada por el apareamiento de dos cadenas complementarias, mediante puente de H entre las bases: A-T y C-G. el ADN es el que contiene la información genética para el desarrollo del individuo. El ARN o ácido ribonucleico está formado por los ribonucleótidos constituidos por la pentosa ribosa, el grupo fosfato y una de las bases: U, A, C y G. el ARN puede presentarse como cadena simple o bicatenaria, caso en el cual las bases se aparean: A-U y C-G. la molécula participa principalmente en la síntesis de proteínas) (Tomado de un comentarista: Danuli86 en www.Yahoo.com respuestas). Toda vida es producto de esta sutil combinación de aminoácidos, el tiempo y las circunstancias del entorno que determinan y promueven los cambios sin proponérselo. Para especificar lo dicho hay que entender que el proceso es sumamente complejo y requiere condiciones físicas y de tiempo especiales y adecuadas.

La formación de los “cuerpos”, tanto en animales superiores como en los más ínfimos, es producto de unas condiciones del entorno que hoy día ya no se encuentran en el planeta. El desarrollo que motivó estas formas pasó por muchas y desconocidas etapas, cuyo transcurrir llamamos evolución. El hecho de no conocer lo que sucedió, no invalida la circunstancia del “ya fue”; es decir: sucedió. Lo sepamos o no lo sepamos, lo comprendamos o no. El proceso no es necesario conocerlo para que se dé. El universo, la materia y la vida, entre otras muchas cosas, nos dicen que no es necesario conocer su desarrollo para que sean. Esta es una de las diferencias entre conocer y ser. El racionalismo tiene una gran culpa en está anomalía o ilogicidad del pensar humano, como es el creer que si no lo conozco no puede ser.

002.10 LA INTELIGENCIA.


La inteligencia en sentido general es producto también de esta evolución, del tiempo y de ciertas circunstancias accidentales: terremotos, meteoritos, cambio de clima etc. que motivaron transformaciones en las conductas y hábitos de ciertos animales y la desaparición de otros. Todo esto, complejo, inmenso e imposible de determinar en todas y cada una de sus partes, ha dado como consecuencia las formas de vida y de inteligencias que hoy campean sobre la tierra.

La socio esfera que el ser humano ha desarrollada es producto de una forma conoscitiva determinada por elementos subjetivos, propios de la persona humana y, compartidos de manera similar por casi todos los sujetos de la especie. Sin embargo nos interesa saber si estos “elementos” también se encuentran en los animales y si no, cuales son las diferencias.

Los animales “piensan” así parece: Los animales tienen sentimientos de amor, odio, felicidad etc., así parece. Los animales conocen términos complejos, como arriba abajo, de lado, dentro, fuera etc., así parece. Los animales tienen “yo” un “mi” consciente, algunos así lo parece. Los animales conocen términos abstractos como: juventud, belleza, sintonía, bajeza, calma, etc. no parece. Tienen lo que representa la idea como parte física pero no lo que en el hombre se eleva a alturas de concepto. Luego hay una diferencia en el proceso de la imagen que el animal no realiza: el determinar, extraído de la imagen, una idea general de algo particular, con características propias de la “inteligencia” humana: el “mundo” del hombre.

El “mundo” de los seres que formamos la esencia “hombre”, es una dimensión intrínseca e interior que no tienen ninguna de las otras especies “mentaloides”. Esto hace la diferencia entre el animal y el hombre. No es en apariencia algo muy diferente casi se podría llegar a decir que algunos animales poseen este don. Ciertos monos se detienen ante los espejos y contemplan su imagen con una especie de arrobo que llama la atención; pero no es sino la sorpresa de ver a otra entidad similar o de comparar lo visto con la identidad de la imagen que tienen de si mismo. La diferencia entre la inteligencia animal y humana está en el proceso de abstracción que el hombre ejecuta sobre la imagen o imágenes. No basta con mezclar las imágenes y hacer nuevas imágenes con ellas. Para abstraer es necesario identificar los elementos comunes, en un grado no material que se da por similitud, nunca por igualdad; y formar con ellos el concepto que tiene características de nuevo, general y no material. La belleza no es un concepto material. Todo lo existente es, pero la belleza es armonía de formas propias del “espíritu” humano. Así mismo la grandeza, la sabiduría, lo exacto etc. Todos estos conceptos tienen como medida la dimensión del espíritu humano y se justifican a si mismos en relación a su estructura espiritual. Aquí comienza el “ser humano”.

002.11 LOS TÉRMINOS ABSTRACTOS.


La inteligencia en sentido general es producto también de esta evolución, del tiempo y de ciertas circunstancias accidentales: terremotos, meteoritos, cambio de clima etc. que motivaron transformaciones en las conductas y hábitos de ciertos animales y la desaparición de otros. Todo esto, complejo, inmenso e imposible de determinar en todas y cada una de sus partes, ha dado como consecuencia las formas de vida y de inteligencias que hoy campean sobre la tierra.

La socio esfera que el ser humano ha desarrollada es producto de una forma conoscitiva determinada por elementos subjetivos, propios de la persona humana y, compartidos de manera similar por casi todos los sujetos de la especie. Sin embargo nos interesa saber si estos “elementos” también se encuentran en los animales y si no, cuales son las diferencias.

Los animales “piensan” así parece: Los animales tienen sentimientos de amor, odio, felicidad etc., así parece. Los animales conocen términos complejos, como arriba abajo, de lado, dentro, fuera etc., así parece. Los animales tienen “yo” un “mi” consciente, algunos así lo parece. Los animales conocen términos abstractos como: juventud, belleza, sintonía, bajeza, calma, etc. no parece. Tienen lo que representa la idea como parte física pero no lo que en el hombre se eleva a alturas de concepto. Luego hay una diferencia en el proceso de la imagen que el animal no realiza: el determinar, extraído de la imagen, una idea general de algo particular, con características propias de la “inteligencia” humana: el “mundo” del hombre.

El “mundo” de los seres que formamos la esencia “hombre”, es una dimensión intrínseca e interior que no tienen ninguna de las otras especies “mentaloides”. Esto hace la diferencia entre el animal y el hombre. No es en apariencia algo muy diferente casi se podría llegar a decir que algunos animales poseen este don. Ciertos monos se detienen ante los espejos y contemplan su imagen con una especie de arrobo que llama la atención; pero no es sino la sorpresa de ver a otra entidad similar o de comparar lo visto con la identidad de la imagen que tienen de si mismo. La diferencia entre la inteligencia animal y humana está en el proceso de abstracción que el hombre ejecuta sobre la imagen o imágenes. No basta con mezclar las imágenes y hacer nuevas imágenes con ellas. Para abstraer es necesario identificar los elementos comunes, en un grado no material que se da por similitud, nunca por igualdad; y formar con ellos el concepto que tiene características de nuevo, general y no material. La belleza no es un concepto material. Todo lo existente es, pero la belleza es armonía de formas propias del “espíritu” humano. Así mismo la grandeza, la sabiduría, lo exacto etc. Todos estos conceptos tienen como medida la dimensión del espíritu humano y se justifican a si mismos en relación a su estructura espiritual. Aquí comienza el “ser humano”.

002.12 CONOCER.




Conocer es “incorporar”, hacer cuerpo, que algo adquiera ser, en nuestra mente, una entidad que no estaba en ella antes. Esta entidad es propia y exclusiva de cada uno de los animales “mentaloides” que la forman en si. Pero a la vez tiene similitudes con las “incorporaciones” que pueden actualizar en su mente cualquier animal que tenga la misma capacidad; dichas entidades son llamadas imágenes y tienen características derivadas de la manera como cada sentido, en cada individuo y en cada especie son concebidas. Por lo tanto lo conocido está contenido en algo, sea en las neuronas, sea en el espíritu. La imagen contenida en las neuronas es una dimensión de orden químico y eléctrico, los conceptos del espíritu son de otro orden. Y si bien los conceptos pueden formar imágenes y de las imágenes se derivan conceptos; unas y otros son procesos diferentes. En la imagen se percibe lo semejante, en el concepto lo universal. Lo semejante está en lo material, son determinaciones en las imágenes con ciertos parecidos; en el concepto se extrapola en función de un todo común y se tiene por válido en cada una de las imágenes similares que la realidad puede poner a nuestro alcance. Pero la esencia de la diferencia, entre los seres mentaloides animales y humanos, reside realmente en la captación consciente de los conceptos en nuestra interioridad. En lo humano la dimensión espiritual permite: “volverse sobre si mismo” reproducir conceptos en nuestra interioridad con dimensiones nuevas y recrear situaciones y parámetros hechos a nuestra medida y con características diferentes cada vez. Esto conlleva la realización de “mundos” personales, sociales, utópicos, filosóficos, científicos etc. aceptados, repetidos, determinados y determinantes para los individuos, las sociedades o la humanidad.

En la realidad de cada especie, las imágenes son prioritarias y dependen de los instintos o del espíritu, en el caso del hombre. Pero tienen validez en la medida que los otros miembros del grupo las acepten o copien. Sin embargo, en el caso de los conceptos, la validez de ellos, aunque pueden ser “forzados” e impuestos por los diferentes tipos de presión personal, grupal o social; la verdadera validez de ellos se derivará de la concordancia de un concepto con los parámetros innatos que posee el espíritu. De aquí que la imposición meramente grupal, de conveniencia o social de un o unos conceptos, no tendrá valor sino en la medida que sea consecuente con la dimensión de este. Lo que en términos humanos llamamos: moral, se deriva de esta concordancia. Cuanto más un concepto encaje en la estructura del ser espiritual, mayor será la cualidad o “santidad” de dicho concepto. Pero esto es otro tema y por el momento no lo seguiremos.

Como se puede percibir, las imágenes forman sociedades aptas para desarrollarse, vivir y prosperar en un medio dado; pero los conceptos conllevan, además, la adecuación con la interioridad del ser que forma a la persona. Y así como cuando en una sociedad un individuo no cumple los parámetros propuestos por la mayoría o el elemento dominante, se sigue un castigo o hasta la expulsión del sujeto fuera de la comunidad; en la persona, cuando sus conceptos contradicen la esencia del espíritu, ésta está fuera de si, es decir sufre de una enfermedad interior que puede destruirla y causar daño a los que la rodean, no sólo en lo espiritual sino en el mismo orden material.

002.13 SIGUE EL CONOCER.




El conocer es un parámetro neutro en si mismo, pero conlleva aceptación o rechazo en la interioridad del individuo. De aquí nace el sentido de algo que llamamos: libertad; ella es una de las cualidades esenciales de los seres “mentaloides”, aunque con diversos grados y desarrollos. Sin embargo está marcado por una condición emocional, de acuerdo al “instante emotivo” en el cual un cierto conocimiento se produzca. Todo acto de conocimiento tiene su “instante emotivo” que va desde la calma, belleza, bienestar, hasta lo oscuro, malo, desdichado etc. Realmente el binomio: conocimiento-emoción, es fundamental para el desarrollo, futuro, de la imagen percibida o del conocimiento logrado. Si la parte emocional, asociada, es negativa, el “mi” personal, tenderá a no regresar, ni emocional ni realmente, al conocimiento dado: evitará estar en contacto consciente con él y no sacará mucho provecho intelectual del mismo. La complejidad de estas relaciones y la cantidad de elementos conoscibles que engloba; hacen del conocer, en su dimensión individual, una maraña inmensa imposible de determinar por nuestra mente. Y en el plano de la totalidad conllevan una imposibilidad aun mayor casi infinita.

Tengamos en cuenta que la dimensión de los actos conoscibles totales, aunque realizados por seres limitados en número, tienen dimensión de infinitud, para emplear una palabra significativa de una cantidad enorme, y no es posible la aprehensión en una sola mente. De aquí la necesidad, a nuestro nivel espiritual e intelectual, de la generalización para poder abarcar lo infinito; unido a esto y superándolo de manera no comprensible, está la dimensión de la materia, del universo y en general de lo creado. A nivel del entendimiento humano, para comprender, es necesario abstraer de cada elemento conoscible, las pautas, partes, determinaciones etc. que poseen las imágenes de distintos seres, para formar, con los elementos similares, una clasificación que englobe múltiples entes en una sólo imagen general. Estás imágenes generales no son sino las ideas que, tan mañosamente, manejamos como elemento real de los entes y en quienes ponemos el elemento verdad de manera tan artificial. La idea es imagen de imágenes nunca realidad objetiva “entelente” (19); tiene realidad en el contexto de nuestra dimensión mental, similar y a la vez diferente en cada individuo; pero no es sino aproximación al ente o entes reales que la provocaron; es: general, abstraída, inmaterial en su formación, similar a otras pero única en la mente que la concibió; de aquí que los elementos técnicos derivados de las ideas no sean iguales a los elementos naturales y posean maneras, formas y cualidades distintas a las originales. El volar es propio de aves y de aviones pero el ave un animal y el avión una máquina. Nada de lo fabricado por el hombre es igual a lo natural, aun copiando lo biológico; lo técnico es de otra naturaleza formal y material. 
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[19] La referente a la realidad objetiva en el plano de lo material.
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002.14 EL ACTO DE CONOCER.




El acto de conocer es propio del viviente y el acto de “idear” es potestativo del ser humano. El manejo válido de la realidad material que la idea proporciona al ser humano, deriva de su similitud con los elementos reales de donde procede; y del proceso “espiritual” al cual es integrada la idea en el intelecto humano. Las ideas son los elementos primigenios por los cuales el espíritu desarrolla su labor de “creación” con los elementos de la materia; pero también son ventanas desde donde se puede contemplar dimensiones de existencia que sobrepasan el, aparentemente, determinante mundo material. La “visión” espiritual es una dimensión de conocimiento, superior a la proporcionada por el simple conocer de lo inmanente. La contemplación de realidades transcendentes es una percepción intuitiva de la dimensión total en la cual nos movemos y que, a veces, se nos presenta de manera no racional. Esta dimensión del conocer es, para muchos, no deseada y para otros, una búsqueda de la verdad más alta a la cual la mente humana puede aspirar. 

La capacidad abstractiva produce ideas propias y relativas a la entidad humana; pero al no poseer el conocimiento absoluto de la realidad, producen seres materiales, mediante la ciencia y la técnica, con la dimensión que le permite su determinación espiritual. El conocimiento total o substancial de lo creado no es propio de su capacidad y por lo tanto los “mundos”, intelectuales o de formas materiales que fabrica, no poseen substancia: son máquinas o "irrealidades". Éstas, a su vez, son determinaciones materiales formadas por la inteligencia y la labor humana, con los componentes materiales que proceden de la energía; sin mayor entidad que la permitida por la posibilidad de la capacidad humana. Luego es muy importante darse cuenta del lugar que ocupamos en la escala del Ser; no somos el centro del universo, ni del conocimiento, ni de la creación de entes, sólo somos parte, importante eso sí, de una realidad material y espiritual de totalidad infinita (ésta última), la cual nos es prácticamente desconocida en su inmensa dimensión.

La existencia del ser humano sólo tiene razón de ser, como eslabón de una cadena de creación inmanente y trascendente, donde el espíritu humano une las dos realidades (material y espiritual), al poseer algo de cada una de ellas. Ese es nuestro lugar, en el “vértigo” de seres y de cosas del cual formamos parte y en donde estamos encajados. No nos coloquemos fuera del lugar posible donde nos ha ubicado el Ser Creador, porque no tenemos más dimensión que la dada por la potencialidad creadora que señala nuestro hacer dentro de unos parámetros enormes y no vislumbrados todavía; pero a su vez limitados, de acuerdo a nuestra potencialidad de ser. En otras palabras: no queramos ser Dios, seamos todo lo que podemos ser, lo cual ya es mucho más de lo que podemos concebir, al menos por ahora.

Nuestro ser y nuestro conocer dependen de muchos factores, no concebidos ni determinados por nosotros, los cuales entornan y desbordan la realidad donde vivimos, nos movemos y existimos; y el conocer no hace al ser, sólo utiliza la forma material para lograr otras formas que nos permitan vivir en esta dimensión, con la mayor capacidad de felicidad y realización. Pero siempre teniendo en cuenta la contingencia propia de un ser que no se creó a si mismo.

 

002.15 DENTRO DEL CONOCER.




Dentro del conocer humano está, también, la de las entidades intelectuales que sólo tienen cabida en la mente de quien las hace. Pero, aunque pueden ser compartidas y “vislumbradas” por otros seres, sólo tienen existencia en la parte intelectual de cada hombre. Esta existencia tiene carácter inmaterial, en el sentido de que no es una forma de la materia, aunque pueden intervenir, en su formación, determinaciones materiales. Si fueran formas materiales: serian percibidas por los sentidos externos y poseerían rasgos propios de los seres materiales.
Las entidades intelectuales humanas poseen características propias del medio donde la persona “pasa” su existencia; y las circunstancias que condicionan o condicionaron su ser. Son producto de la “mezcla” de imágenes e ideas en situaciones y modos muy personales e íntimos y del esfuerzo y atención proporcionados por la persona que las desarrolla. Todas las formas materiales humanas han sido primero “hechas” en la mente, pero no todas las ideas se convierten en formas materiales. Porque con las ideas mentales, no solamente se realizan entes materiales, también se fabrican ideas “imaginables”, pero no reales, que hacen mundos ficticios en la “interioridad” [20] de nuestro ser. De aquí, todas clase de demencias y “mundos” ad hoc, propios de cada persona o de grupos de personas.
La complejidad del conocer hace de éste una “aberración” en términos de dominio humano. Es decir: el pretender dominar mediante la razón, las diferentes formas de existencia y de cosas materiales, como si fuéramos dioses, es una pretensión absurda que sólo concita la creencia de una grandeza humana inexistente; y a la cual, por motivos de falsa seguridad emocional, queremos creer. El desarrollo técnico humano no conlleva un crecimiento espiritual y emocional paralelo y adecuado al desarrollo de las formas “maquineras” [21] que hacemos. El trabajo y la realización de nuevas formas materiales, es una actividad remuneradora y altamente positiva que conlleva la más alta potencialidad trasformadora de los seres que habitan el planeta. Lo cual es una esfera de creación de formas materiales, intrínsecas del ser humano, coadyuvante a la propia de la naturaleza. Pero nunca debe confundirse la fabricación de formas y estructuras humanas, con un poder más allá de lo que nuestra capacidad de ser nos permite. No tenemos poder sobre la naturaleza más allá de lo meramente material; y la naturaleza es inmensa en secretos y determinaciones que aún conocidas, nos depasan en número y acciones de manera casi infinita.
 Las vertientes del conocimiento son: absoluto, intuitivo, científico (lógico-matemático), grupales o sociales y personales; los grupos de conocimientos, están formados por las aproximaciones a una actividad determinada: agricultura, fabricas de diferentes tipos, construcciones, maquinas en general, pensamiento, etc. y cada una de ellas con sus divisiones especializadas y subdivisiones más especializadas aún. Y también por la ciencia como elemento abstracto y la filosofía, la religión y otras especificaciones como fuentes de razón y adelanto humano. El conocimiento social es propio del desarrollo de sistemas y formas de actuación en “masa” de hombres que conviven en grupos los cuales tienen unas características de actuación entre si y necesitan elementos de razón y espíritu para convivir entre ellos y no destruirse gratuitamente. El conocimiento personal tiene características propias y como es el sujeto-persona quien lo absorbe y utiliza, posee la característica de procesamiento primaria y fundamental de todo el proceso. La técnica es o puede ser grupal, pero el conocimiento personal, es individual y único. Se puede entender por semejanza pero nunca será el mismo que originalmente existió. Es más, nunca es igual en el tiempo y cada instante transforma y hace variar sus características, de manera más o menos notable.
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[20] El término se emplea con mayor alcance que en la expresión corriente. 
[21] Se refiere a toda la gama de construcción de máquinas y de formas materiales similares.
 

002.16 EL CONOCIMIENTO PERSONAL.






EL CONOCIMIENTO PERSONAL


 Cada conoscente, ejerce la potencialidad que le ha sido dada, en la forma como tiene determinado su ser. Y si bien los seres de una especie son similares y sus facultades conoscentes son parecidas; la aprensión de lo conoscible es propia de cada individuo bajo las características de cada especie.
El hombre tiene determinaciones de ser especiales, dentro de las características de las especies terrestres; lo comprobamos por los resultados de su facultad de conocer. Pero, así mismo, cada especie, tienen formas de conocer propias de su determinación esencial. La vida, en sus manifestaciones, dota, a cada individuo viviente, de características propias de su especie y de su individualidad; pero en situación de continuo cambio y adaptación en el tiempo, de cada especie y de cada individuo en particular; esto implica una cantidad de procesos conoscitivos de una magnitud inmensa; lo cual sólo nos permite tener un asomo de conocimiento general y relativo de los procesos que, en tales situaciones, se realizan. Por lo tanto, nuestro entender, acerca de las funciones del conocer, son: generales, limitadas y racionales.
El conocimiento general, o generalización, es una adaptación de la mente, ante la inmensa multitud de conocimientos que suceden. Se toma lo semejante de cada imagen sensible y se hace una idea global de unos elementos reales con características comunes, para poder abarcar lo no conocido, mediante la determinación en nuestra mente, de lo semejante en los individuos. Esto que no es la realidad del o de los seres conoscibles, pero tiene la ventaja de podernos dar una aproximación al ser de un individuo o individuos dados, de acuerdo a características ya determinadas y adquiridas en nuestra mente. A los atributos, ya determinados en nuestra mente, se les atribuye el elemento o elementos nuevos y con el conocimiento de esa realidad tenemos, por el instante, suficiente; luego vendrán la revisión, purificación y adecuación, hasta donde sea posible, del elemento nuevo, en la realidad “idearia” de nuestro “archivo” conoscente.[22] Esto es solamente una pequeña parte de todo el impulso conoscible que realiza el espíritu y el hecho de “diseccionarlo” mentalmente y escribirlo aquí, pretende sólo trasmitir un ejemplo de la complejidad de nuestro pensar.
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[22]Todo lo referente a las ideas que “fabricamos” con la mente.

002.17 LA GENERALIZACIÓN.




La generalización es una forma de conocer sin mayor esfuerzo, una multitud de seres individuales, mediante una convención mental que no dice sino aproximaciones a la verdad total de cualquier ser. Pero es válida y necesaria para nuestra manera de “conectarnos” con la realidad y de poder utilizarla e interactuar con ella.
La generalización nos encamina hacia la realidad de un ser determinado, mediante la posibilidad de conocerlo por aproximación, al tener conciencia de algunas de sus características determinantes ya conocidas.
La generalización es propia de la idea y es a su vez, una o unas, ideas concatenadas en si. Tiene realidad mental y su posibilidad de conocimiento real es limitada, aunque válida. Las ideas, como decía Platón, son “sombras” de la realidad; pero las ideas "reflejan" la realidad y ese "reflejo", es suficiente para poder cambiar las “formas materiales”, mediante la ayuda del trabajo y la técnica; las ideas no existen “per se”: son “formas mentales” determinadas por el espíritu humano.
Uno de los grandes errores de la filosofía clásica, es haber pretendido hacer del conocimiento humano el “facet totum” de la realidad material y espiritual, cuando sólo es un instrumento para interaccionar con ella. El ser humano forma parte de un todo espiritual y material, no es principio ni fin de nada que no sean sus propias elucubraciones intelectuales y las formas, más o menos complejas, de la ciencia y la técnica; pero el problema reside en la “mirada” de su ser sobre la realidad que le circunda. Cuando esa “mirada” se detiene sólo en sus obras y no ve el conjunto que le permite realizarlas, está determinando la realidad como algo parcial, muy parcial, pero a la vez definitorio de lo que es “su mundo”. Dicho “mundo” encierra la negación, no explícita, pero si implícita, de la vastedad de todo lo que es. Esto puede ser un mecanismo de defensa ante la imposibilidad que tenemos de conocer el todo y más aún, de aceptar nuestra limitación.
La contingencia humana también es de conocimiento. Nuestra esencia es relativa, en cuanto potencialidad, ante lo absoluto. Semejante, no igual; determinada, pero no totalmente desarrollada; en periodo de evolución, no ya plenamente hecha; en movimiento, no estática. Esto se comprueba por la cantidad enorme de conocimientos que hemos ido adquiriendo a través de los siglos de evolución y de historia.
La pretensión de dominio del hombre sobre la naturaleza, es una simple cuestión de esa mentira que se llama soberbia, en la cual caemos una y otra vez. El hecho del control que el hombre tiene sobre muchas cosas, no quita la realidad del ser donde todo ello se da: el universo en su conjunto armónico que permite, engloba y lleva nuestro ser y hacer. Somos parte de un todo inseparable, sensible y en movimiento perenne, sin el cual nada sería, y menos nosotros que formamos la parte más delicada y última de la escala de seres materiales, en contacto con una realidad no material infinita.
El equilibrio necesario para aceptar esta realidad de contingencia: es la afirmación, continua y perenne, del aparecer y desaparecer de nosotros mismos y de la obras que realizamos, en un ámbito inmenso de formas materiales circundantes, en su mayor parte desconocidas. Y también la individuación del conocimiento, tanto cuanto, el conocer humano es personal, aunque comunicable, en la medida que sus determinaciones son ajenas a lo que no tenga vida. Es decir: sólo en la mente humana y animal, el proceso del conocer, tiene función y forma, aunque se pueda “almacenar” en muchas partes y de diversas manera. Advirtiendo que el “almacenamiento” del conocer de manera “extramental”, sólo es potestativo del ser humano: en libros, cintas magnéticas, discos, discos duros y lo que puede venir. Avance que la mente humana ha sabido lograr, al modificar los elementos naturales para beneficio propio. Este hacer humano, propio de un ser con “algo” superior a lo meramente material (por ahora sólo es detectable en el ser humano) conlleva la interrogante de: ¿Qué dimensión es esa que nos permite hacer lo que hacemos y a tantos seres semejantes a nosotros: primates, delfines, elefantes etc. no se lo permite? Y no es una diferencia simplemente de desarrollo social, decir esto equivale a un simplismo impropio de un ser pensante, pues la complejidad de lo hecho y la diferencia con los animales es abismal.

002.18 LA CONTINGENCIA HUMANA.




El doble rol de desempeño humano, entre lo que fabrica y su contingencia en comparación con lo creado, es una constante en la historia humana del pensamiento; no hemos hallado respuestas netas ni concisa para realidades que nos depasan y muchas veces preferimos ignorar los hechos y atenernos a lo que podamos “manejar”. He aquí el problema, al menos uno de ellos.
La continua búsqueda de la verdad o al menos de lo más válido, tiene una larga historia en el transcurrir de la humanidad; hombres sabios y santos, han dicho y redicho, opinado y afirmado ideas, modos y “realidades” sobre las “verdades” de las cosas. Pero es muy poco lo conseguido en comparación con las posibilidades que el universo posee. La ciencia es el más exacto conocimiento posible en nuestra dimensión material; y realiza su potencialidad mediante la técnica y algunas de las artes más pragmáticas como es la arquitectura; pero el conocimiento más sublime y concorde con lo real, es la vivencia mística válida; la cual, por ser personal y única, no es posible determinarla en términos científicos o filosóficos. El ignorar tal conocimiento, el místico, por el hecho de no poder ser incluido en los parámetros científicos, es un desprecio a la dimensión total que posee el ser humano; y reduce, el campo de lo cognoscible, a la sola interpretación de los hechos materiales. La pretendida exactitud y relieve que tiene el conocimiento científico-matemático, posee el don de hacernos sentir seguros y poderosos como si domináramos la dinámica del universo. Pero nunca va más allá; el verdadero dominio de las cosas está en el “continuo” material y vital que sólo el universo posee; y sobre todo, en el Ser que determina y determinó su “andar”. Por eso es pretensión de soberbia, mentira sobre lo que somos o hacemos, el creer que podemos dominar lo que no dominamos, osea, lo que no nos es posible dominar.
El tan publicitado debate entre ciencia y religión, no es más que la ignorancia de cuanto no sabemos; es decir: sabemos más o menos lo que sabemos, pero ignoramos cuanto ignoramos. Y lo ignorado es infinitamente mayor que lo sabido. Pero por la “mirada” sobre lo sabido que nadie, ningún hombre, puede abarcar aun cuando es de la labor humana, nosotros creemos saberlo todo, o por lo menos lo más importante, en relación con lo que somos. De aquí las formas de pensamiento donde el hombre se yergue en dios de si mismo, de los demás y de las cosas materiales, al hacer de su conocimiento el TODO.
No es necesario saber para existir, basta con aparecer; y aparecer, aparecemos los que somos, salvo Aquel que no puede haber aparecido pues siempre fue. El principio de causalidad, implícito en todo lo material, requiere una causa no “aparecida”, como lo especifica el principio; pues si todo deriva de otro y este de otro, la cadena no tendría comienzo y eso no es concebible lógicamente, y si no es lógico no podría sustentarse la ciencia, pues lo material es “per se” causal.
Hay una derivación intrínseca en el conocer que son las escalas; el conocimiento es y se realiza por tramos de menor a mayor; así mismo, las cosa materiales, preceden al ser de manera parecida; la “conquista” de la entidad material acontece, en el tiempo y el espacio, de lo más pequeño a lo más grande; de lo menos entitativo a lo mas realizado. El orden es este y ni lo hemos hecho, ni tan siquiera lo sabíamos, al comenzar nuestra andadura humana por el ser. El espíritu está “definido” pero es intrínsicamente libre, su definición es de “naturaleza” no de limitación; lo que es “innato”, en él, es su “manera de ser”, su esencia; ésta, nunca son sus definiciones que son obra de nuestro “hacer”. Nos definimos espiritualmente de acuerdo a la posibilidad “natural” con la que ya contamos; pero la definición, en nosotros, dentro del tiempo y el espacio donde estemos, está sometida a nuestro “estar en el mundo”. Lo definitorio del espíritu es “accidente” de si mismo, nunca es su esencia; marca “carácter”, es decir: determina su acción, pero no es de su naturaleza sino adquirido. De aquí se deduce la posibilidad del cambio en los “hábitos” espirituales pues son movimientos de la esencia, no realidades “intrínsecas” de la misma. El espíritu, como decía Aristóteles y Sto. Tomas, viene al mundo: “cum tabula rasa”, es decir: sin nada determinado salvo su esencia “natural”. Pero hay una determinación intrínseca al “cuerpo” que es lo trasmitido por generaciones y generaciones de seres, de los cuales formamos parte por herencia: la carga genética. La “carga genética” determina la tendencia, en cada uno de nosotros, que “contamina” la pureza esencial del espíritu y le hace, de acuerdo a las circunstancias o de nuestra volición, “inclinarse” hacia esas definiciones trasmitidas.

002.19 LA CONDICIÓN.



Lo dicho antes conlleva una condición: la de que el espíritu no sea de la misma naturaleza que el cuerpo y sea “hecho”, al mismo tiempo que la parte material, en el momento de la concepción del ser humano, pero viniendo de un lugar no material. Esto no es fácil de entender y menos de aceptar, sin embargo es condición imprescindible para poder resolver nuestra incógnita de ser.
El conocer, en grado de "entelequia", es un elemento complejo y propio de seres vivientes, no de objetos materiales; pero tiene grados y presupone elementos distintos a los normalmente existentes en los seres corporales: un cerebro con cierta capacidad de determinación consciente. La forma como el cerebro, o los cerebros, conocen pasa por los sentidos: “ Nihil est in intellectu quod prius non fuerit in sensu”, (Aristóteles-Sto. Tomas). La imagen hecha por lo sensorial, como ya se dijo, forma o permite la idea; pero las ideas también tienen categorías; las hay simples, mera unión de imágenes: sirena, centauro etc. y hay ideas abstractas: belleza, puro, sabio etc. que implican un orden diferente a la mera unión “física” de dos o más imágenes. La diferencia reside en la realidad intrínseca del “elemento” analizador; o sea: si el “elemento” analizador es de orden material, no puede determinar imágenes, fuera de las imágenes materiales; pero si es de otro orden más elevado, elevará, a ese orden, lo que proceda en la imagen; las ideas abstractas no están, ni se conciben en la naturaleza material, salvo en el hombre, y por eso decimos que son de otro orden. Dicho orden es propio del ser humano pero no tiene origen material; si lo tuviera, las interpretaciones abstractas serían también materiales y concordarían con la realidad del mundo donde vivimos: ellas interpretan el mundo, no lo describen tal como es. En principio la “interpretación” del mundo, es una visión, desde otra realidad, de lo que representan los seres materiales y la materia para nosotros. Por eso hacemos obras que no tienen de lo material sino la energía en diferentes formas naturales, pero “nuestras formas” son diferentes. Lo esencial de lo material es la no uniformidad, nosotros hacemos formas uniformes; la naturaleza hace vida personal, nosotros fabricamos formas sin vida. La diferencia es constante y determinante: dominamos algo dentro de lo natural que son las formas; pero la esencia de la realidad es ajena a nuestro hacer.
La diferencia entre la naturaleza y nuestro hacer, está en el “elemento” que “diseña” la obra fabricada. Al conocer, de manera imperfecta la realidad, no podemos imitarla sino al nivel de nuestra imperfección. Las diferencias subsistentes entre el conocer humano y el ser, son esenciales en el proceso de fabricación de las obras del hombre. En general, la magnitud del conocimiento humano, pasa por el “elemento” interno que eleva las imágenes a las ideas abstractas y a los deseos humanos de interaccionar con la realidad circundante y consigo mismo. Al “penetrar” en el conocimiento humano, salta a la vista, no tanto el proceso o “mecanismo” involucrado, como la absorción, por nuestra parte, de ideas de poder, dominio y soberbia que la contemplación de las obras humanas “imprime” en aquellos que no piensan profundamente en su significado real y completo. Este problema es más importante, a causa de sus resultados, que la comprensión racional del proceso conoscitivo. El proceso es, en si mismo, complejo y personal; pero se realiza “automáticamente” al contacto de la mente del ser humano y la realidad en las imágenes obtenidas por los sentidos; el hecho de determinarlo racionalmente, sirve para comprender y utilizar su “mecanismo” en funciones pragmáticas, como por ejemplo: la computación que nace del análisis lógico de ciertas funciones mentales. Pero esto es sólo a nivel de interacción simple con la realidad material. Conocimientos que sólo se dan en la mente de quien tiene espíritu.

002.20 MÁS SOBRE EL CONOCER 2.




El conocimiento nace de una realidad más alta que todo hombre posee desde que nace y tiene un alcance mucho mayor de lo pensable. Se realiza en nosotros, con nosotros y por nosotros, siempre en contacto con el Ser y los seres. No estamos aislados, ni en el vivir, ni en el pensar y mucho menos en el ser.
Ahora bien, el conocimiento tiene algunas vertientes determinadas, según se dirija al conocimiento de los seres materiales o de entidades espirituales de orden más elevado y complejo. Al dirigir su “mirada” hacia lo material el orden de éste se “impregna” en la mente y determina las relaciones de lo material dentro del contexto de lo lógico. Es decir sometido a comprobación y análisis. Pero si su “mirada” se dirige a un orden más elevado, por ejemplo el de los valores, su proceso es diferente y no concuerda con el “fabricado” por el determinismo lógico-matemático. No es que no sea lógico, pero su lógica parte de determinaciones de otro orden, dentro de un contexto no material. Los valores no son determinaciones sociales, aunque los hay, pero no tiene la universalidad de aquellos que trascienden la conducta meramente animal y muchas veces la contradicen; los valores son ideas abstractas y proceden del orden, cuando son válidos, del espíritu. El querer imponer un orden sobre el otro, el lógico-matemático sobre el de los valores, cuando en realidad son complementarios, conlleva un cierto caos en la conducta y obra humana que no favorece la expansión del conocer y del ser.
Las determinaciones humanas, en cuanto a los valores, están condicionadas a la necesidad que el ser tiene, de lograr lo mejor para su realización; pero no sólo en el plano de lo meramente material, sino también en lo trascendente; esto último esta dado por la “carga” de espíritu que el hombre tiene en si. Si el hombre no tuviera una dimensión de trascendencia difícilmente se ocuparía de abrir ventanas hacia ella; viviría en lo material ignorando toda sensación de más allá en el en término de su vida; así hacen los animales y si bien ellos tienen recuerdos y hay una cierta consciencia de la muerte, no alteran su presente en función de un futuro fuera de las entidades materiales.
Los valores son ideas recurrente y fijadas por siglos de vivencias, donde lo inmaterial forma y tiene condición de ser. Un algo inmaterial más inmenso, poderoso, rico y feliz que la pesada y limitada existencia entre la materia tal como la conocemos. El hombre busca la inmortalidad porque siente su presencia en si mismo, no porque tenga necesidad de crearla para huir del “mal” en la vida presente; sino los animales también la buscarían. No es fácil creer en lo que no nos trasmiten directamente los sentidos; y menos creer por las versiones de otros seres sobre la trascendencia; pero si hay una condicionante que nos convence de la realidad de lo inmaterial, al ver la forma como muchos viven más allá de lo que el sentido de lo material permite desear.

002.21 LAS NECESIDADES BÁSICAS.




Las necesidades básicas de la vida material son: salud, comer, dormir, reproducirse y el afecto; las necesidades del espíritu están representadas por un intangible llamado: amor. Pero lo inmaterial puede hacer vivir al cuerpo sin ninguna de sus necesidades básicas salvo el afecto, cosa que lo material no puede hacer. Hay hombres cuyo sacrificio de las necesidades sensibles es categórico, viven más allá de lo físico y las necesidades básicas no constituyen un problema para ellos. Inclusive hay casos de personas que han vivido sin comer por años. Si bien son excepciones indican la existencia de “algo” que puede dominar la parte física del ser humano y evidentemente, tiene un nivel de vida mayor y está en otra dimensión de existencia. Todo esto es parte del conocer humano y no sólo lo lógico-matemático. Reducir el conocimiento a la mera pretensión científica del saber, es poner lo “seguro” sobre lo verdadero y limitar el conocimiento humano al desarrollo y dominio de lo meramente material. Claro que estamos aquí: en un universo material finito; pero la dimensión de ese universo y su aparición con el tiempo y el espacio, es una determinación de alguien superior al universo mismo. Y esto, si no se toma en cuenta, limita y disfraza la “visión” que el hombre tiene de si mismo, con las consecuencias, graves y absurdas que hemos observado en el transcurrir de la humanidad y sobre todo en el siglo XX.
El hombre no hizo el Ser, ni el universo ni a si mismo, sólo lo conoce de una manera limitada y lo utiliza para la realización de su ser material. Cualquier otra premisa, con respecto a esto, es espuria; y conlleva consecuencias de ideas y acciones, desastrosa para la humanidad.
Estamos y aparecimos aquí: en una dimensión que nos es desconocida. Arañamos la vida, el tiempo y las cosas, en un continuo pasar desordenado y breve; todo nos es ajeno menos nosotros mismos. Y es, en esa interioridad personal y única, donde hacemos y somos el “continuo cambiante de existencia” que juzga y determina cosas y seres, en consonancia con una dimensión de vida no hecha por nosotros. Pasamos y de nuestro pensar y hacer quedan cosas, pensamientos y hechos, acordes con la vida del transcurrir “marcado”; pues “marcamos” los instantes de conciencia, es decir: determinamos al pasar, en el tiempo y el espacio, los tres segundos, más o menos, donde nuestra conciencia determina y juzga sobre lo que le sucede. Las obras humanas materiales son modificaciones del ser material en cuanto a su forma; pero las determinaciones personales intrínsecas a la persona humana, “marcan” la dimensión espiritual de cada uno e influyen en las determinaciones de aquellos y aquello que nos rodea. El vivir, más que el hacer, es determinar el ser en relación con la existencia vital que poseemos. O sea, fijar nuestra esencia espiritual en determinaciones acordes o no con la realidad del Espíritu; al hacer esto “construimos” una dimensión de ser que hace nuestro estar en lo material determinante en cuanto a lo “fabricado” y pensado. Y al pasar llevaremos y dejaremos las determinaciones hechas en nuestro interior, como legado y vida de la potencia de nuestro ser personal en las relaciones, cosas y pensamientos ajenos. Toda esta inmensidad de situaciones, hechos, pensamientos y obras, forman la dimensión humana que atraviesa la historia y modifica las formas del ser material y altera la corriente suave y armoniosa del espíritu. Pero aquí comienza la interacción social entre las personas y su definición con respecto a la Entidad Espiritual Suprema, a la que normalmente se denomina: DIOS.

002.22 EL CONOCIMIENTO EMOCIONAL.





Las emociones son parte intrínseca del individuo, cada especie animal tiene sus características emocionales, aun que siempre, lo emocional, tiene algo de común en todas ellas. Las emociones son sentimientos derivados de lo sensorial y nacen de la aprehensión de la realidad circundante e interior, de cada individuo. Son respuestas del ente corporal ante lo inmediato, es decir: ante los sucesos que le acometen y acontecen en el transcurrir vital. Lo emocional no se piensa, se percibe y se reacciona; ya sea negándolo, o respondiendo de diferentes maneras.
Hay emociones negativas, positivas y ambiguas; existen seres para quienes la emoción es algo “no sentido”, pero son seres anormales. Entre las emociones negativas se pueden nombrar: el miedo, el odio, la angustia etc. pero todas están más o menos relacionadas; son “mecanismos” de defensa del sujeto, en función de sus circunstancias adversas. Las positivas: el amor, la alegría, la esperanza etc. se producen cuando el ente consigue o espera algo que le “llena” e induce a lograr más realización de ser. Las emociones ambiguas son más resultado de la indecisión sobre la consecuencia de una circunstancia que sobre la sensación misma. Es decir: el sujeto no percibe claramente cual será la reacción de “algo” con respecto a si mismo o a su grupo. Es derivado de una no experiencia en relación con la “actuación” de un ser o una cosa determinada. La emocionalidad ambigua cambia o desaparece al descubrirse la reacción del ser que la provoca o determinar la “sensación” con un sentimiento al respecto, aunque no siempre válido.
Las emociones juegan un papel primordial en los sujetos vivientes. A nivel de instintos, tienen una fuerza que domina al ente animal y le hace seguir sus dictados. Lo sexual, la violencia, el hambre, la sed etc. son instintos que provocan emociones de placer, rabia, satisfacción etc. y están enmarcados en el contesto de lo más inmediato, físicamente hablando.
Todo lo dicho anteriormente es de sobra sabido y está sucintamente y profusamente estudiado; pero lo más importante es percibir que los vivientes lo somos de una manera similar; ósea: la vida es “común”, no existen grandes diferencias entre los seres que viven. El estudio de la genética demuestra, en las cadenas de ADN, la similitud de la vida.
Las emociones son primarias y más o menos las mismas; unidad de propósito y fin en la realización de la creación; pero la emocionalidad también implica una manera de aprendizaje, ósea: es un tipo de conocimiento. Son conocimientos sensibles: inmediatos, repetitivos y acumulativos; el individuo los asume en la medida en que le van sucediendo los actos que los concitan. Son aprendizajes personales aunque pueden ser trasmitidos de manera social, pero no con la intensidad y fuerza del “encuentro” personal con el acto o actos que los provocan.