ADVERTENCIA


Si se quieren ver todos los capítulos, basta con pulsar en el archivo año 2009, allí aparece "octubre" y en ese mes están casi todos los capítulos anteriores. Los otros primeros ocho se encuentran en el 2010.

TODAS LAS FOTOS DE ESTE BLOG SON PROPIEDAD DE JORGE EDUARDO LASTRA NEDWETZKI. NO SE INCLUYEN LAS REPRESENTACIONES DE FILÓSOFOS NI LA DE LA CRUZ AL COMIENZO, EN EL LADO IZQUIERDO DEL BLOG.

Normalmente cuando se introduce en el blog un capítulo nuevo, se pone y deja en primera línea durante unos días, luego se sitúa en el lugar que le corresponde de acuerdo a su numeración.


Para quienes buscan: El desarrollo del pueblo de Dios (Israel). Está en el blog Pateremon 4, entrada 17.


INTRODUCCIÓN



EL libro: "CONOCER Y SER" (002.00) fue comenzado a escribir el día 18 de Marzo de 2008. Es una especie de resumen de todas las experiencias filosóficas con las cuales he tenido contacto, tanto en los estudios formales como en las “meditaciones” que las enseñanzas de la vida y la naturaleza me permitieron “seguir”. Ha sido un largo camino, donde no han estado ausentes: las alegrías, el sufrimiento, la contemplación de realidades y hechos hostiles, así como la caridad y el amor de muchos seres que cruzaron por mis senderos y pisaron los caminos por donde iba. Se juntaron muchas cosas: pensamientos, palabras, rebeliones, cantos, lágrimas y algunos “amores” para poder distinguir los trazos de aquello que puede llamarse “filosofar” o formas de interpretar el conocer de mí mismo y de lo que me rodea. Pero, al fin, la síntesis se dio y he aquí, aquello que puedo recordar.


El libro: "SOBRE LA VERDAD" (003.00) empezó a ser escrito el día 22 de Agosto de 2014, en Salvaterra de miño, donde resido desde el 26 de noviembre de 2013.

Es una profundización sobre la verdad que se sustenta en en la Question 16 de la primera parte de la "Suma Teológica" de Sto Tomás de Aquino que tiene por título esa misma expresión: "Sobre la Verdad". La cual se divide en los siguientes artículos:

Questión 16 "Sobre la verdad"




002.00 EL CONOCIMIENTO EN GENERAL








LIBRO



CONOCER Y SER









CAPITULO I

EL CONOCIMIENTO EN GENERAL


El conocimiento humano es limitado, porque el hombre no es absoluto.  Esto es una premisa cierta, pero no siempre aceptada (a). La contingencia del ser humano implica “DEBILIDAD” en el sentido de que no tenemos dominio de TODO LO QUE ES, ni tan siquiera de lo que tenemos “más a mano” como es nuestro destino. Los hombres necesitamos “seguridad emocional” en lo que hacemos y en lo que somos. Esto equivale a determinar que lo pensado y lo hecho sea válido; o mejor aún, verdadero y útil. La duda es el mayor motivo de inseguridad en el ser y ahuyenta la vida propia del “espíritu”; éste es luz, claridad, verdad y amor (b) y aquello que no esté dentro de estos parámetros, interrumpe el flujo suave y cálido de su vida intrínseca. La integración de “algo”, externo a si mismo, en su intimidad; requiere características similares a la esencia que lo forma. Nada “manchado”, con aquello que no es de su misma naturaleza, halla cabida en él y así mismo, también es ajeno a lo que mi “yo” determina como bueno. Pero el espíritu no es el intelecto, aunque este es el “escáner” de lo que las imágenes sensibles nos imbuyen en el cerebro. El espíritu tiene que tener otra dimensión de ser que aquello “material” circundante de lo que formamos parte, pues las “determinaciones” intelectuales que llamamos ideas, no existen en la parte material en la cual estamos y nos conforma físicamente. Nuestro espíritu forma entes intelectuales que sólo él “fabrica” y sólo en él tienen existencia; esta no existencia material de la idea es sólo posible si se dan dos condiciones fundamentales: que la imagen sensible sea modificada y esas modificaciones sean relacionadas con otras similares de manera independiente de la realidad circundante y que el “espíritu” sea de una dimensión no material. Pero si es independiente es diferente y si es diferente “algo” que debe ser no material, determina esta diferencia. Las modificaciones de las imágenes sensoriales no es algo consciente, pero la consciencia puede intervenir voluntariamente y “hacer” imágenes nuevas con las ya “determinadas” u otras adquiridas después. De todas maneras: las ideas son seres “mutantes” y con existencia propia en nuestra interioridad, únicas y exclusivas de cada uno, pero similares a las de los otros seres humanos por ser concebidas de manera parecida. Esto quiere decir que el “proceso” de formación en nuestro espíritu, es semejante y por lo tanto las “estructuras” espirituales son de la misma “clase” y “sustancia”. Ósea que la parte espiritual humana es esencialmente la misma (c).




002.01 EL PROCESO DE "IDEFINICIÓN"












El proceso de “idefinición”[1], en términos actuales, se llama conocer. Conocer no es más que determinar en nuestra “mente” la idea o ideas de la realidad que  somos y nos rodea; y así establecer lo que nos es real o no lo es; digo: “lo que nos es” ósea aquello que en su identidad, asumida por el espíritu, se ajusta a los “parámetros” de su realidad esencial; esto decimos que es Verdad. La no verdad es aquello que no corresponde a esos parámetros; pero que, forzado la voluntad, asumimos como “verdadero”,  aun sin  corresponder cabalmente a ellos. De aquí el problema de las enfermedades mentales que tanto daño hace a los seres humanos. La mentira se sobrepone a los “parámetros esenciales” del espíritu y se asume, mediante un acto espurio de la voluntad consciente, como “parámetro esencial” sin serlo; esto obstruye la concordancia entre espíritu y realidad, creando una falsa determinación “real” en nuestra mente; generando toda clase de desorden en nuestro interior y trastornando la relación con los otros y el mundo material.

Conocer es más que la mera asunción de entidades materiales por el proceso de “idefinición”; es también creación de determinaciones“iderales” [2] que suplanten a aquellas, mal formadas, que hemos acumulado, muchas veces sin saberlo, en nuestra niñez y ya están determinadas como “verdaderas” en la “memoria” del espíritu.(d)



[1] Proceso de transformación de las imágenes en ideas.
[2] Imágenes que la “mente” transformó en ideas.

002.02 MÁS SOBRE EL CONOCER.









La “ideralización” es eminentemente racional en su formación y puede ser irracional en su contenido. Es, como toda idea, ente formado por la razón, e irracional si conlleva elementos que no estén acordes con la esencia del espíritu humano.  Pues el recto ejercicio de la razón sólo permite “fabricar” ideas cónsonas con aquello que nuestro espíritu tiene como esencia fundamental. El ser humano al “fabricar” ideas que resulten inaprensibles por la sustancia espiritual;  forma verdaderas masas de conceptos que nublan o aniquilan la luz de verdad y realidad, dilucidada por el espíritu, en las imágenes de las cosas; la situación de oscuridad espiritual, está dada por: la multitud de conocimientos inadecuados que las diferentes concepciones de un individuo o cualquier sociedad, ha desarrollado, creído y alentado como verdades inmutable a través de los siglos; y ha impuesto, obligado o imbuido a creerlas, como verdades fundaméntales del hombre. La verdad  que es: “adecuación entre la cosa o las cosas y el intelecto del espíritu en el ser humano”, (Sto. Tomas de Aquino)[3] no es absoluta en nosotros y además está lastrada por siglos y siglos de “fantasías”, mentiras, intereses espurios y consideraciones emocionales o varias formas de vicios y mezquindades. Es decir: por toda la panoplia de antirealidad y antiverdad que el hombre ha generado y que llamamos “mal”.

De otra parte, la concepción de las ideas en lo que llamamos ciencia experimental, o sea el conocer científico, es una determinación de la realidad que conlleva un argumento de validación justo y útil; como es: el principio de objetividad que, más o menos, se puede expresar de la siguiente forma: un hecho es valido, cuando puede ser comprobado una y otra vez, por diferentes personas, bajo circunstancias comunes o similares (e). Es decir: la validez de una ley o un hecho, dependerá de si se puede o no comprobar su “determinación”, cuantas veces se desee, bajo circunstancias similares. La ventaja del método científico es que cualquiera puede establecer su veracidad y, ésta, no depende de la autoridad de un ser humano o de un grupo de seres humanos que tratan de imponer un hecho como cierto. El factor de error que aparece en este principio, es el de la limitación del conocimiento humano y más aun, el de una persona determinada. Luego, de ésta manera, se infiere como correcta, la celebre frase latina: “errare humanum est”[4] . Y aun más, no sólo el errar, sino la cualidad implícita de poder equivocarse muchas veces. Pero si bien, el método científico, es un  método confiable, ni es absoluto, ni cien por cien seguro; y además, está limitado al conocimiento de las cosas materiales y sus relaciones, con un sentido general, no individual. Es decir, el conocimiento científico: es conocimiento de relaciones o hechos generales, no de “singularidades”. Sobre  lo singular, lo particular, lo determinado como unidad substancial o física, no se puede sino especular (f). Luego, el conocimiento científico, es en principio hipotético, luego experimental y finalmente determinante bajo ciertas circunstancias generales que pueden ser englobadas por otras más generales aún[5].



[3] “veritas est adaequatio rei et intellectus”. S. Th. I, 16, a.1 (Respondeo) et ibídem. a.2 Dificultades 2.
[4] Lucio Anneo Seneca: errare humanum est, sed perseverare diabolicum
[5] Para más detalles ver: http://es.wikipedia.org/wiki/MC-14

002.03 EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO.





 Advertencia: en Google, cuando se pregunta sobre el conocimiento intuitivo, aparece una referencia  a pateremon 3 y a esta entrada y dice lo siguiente: "002.3Conocimiento científico. ..... (Tomado de Wikipedia) ..." No se a que se refiere, pero ninguna de estas entradas está tomada de Wikipedia y menos de otra parte; son autoría de quien las escribe en  pensamiento y creación.




El conocimiento  científico, sin embargo, tiene  una  característica  fundamental, es la de ser el más “confiable” de los conocimientos que se pueden adquirir en relación con la realidad que nos rodea.  Pero  de  esto  a  hacer de dicho  conocimiento el único válido y extrapolarlo a dimensiones que no sean de índole material, hay un abismo de incongruencia que suele llamarse ciencia, pero no es más que especulación científica, o sea “cientificismos”, filosofía basada en hechos científicos y que, sacados de contexto o extrapolada, sustentan “verdades” que son ideas falaces o al  menos no determinadas sino por la mente de quien las inventa. Además, la ciencia en si, requiere un alto grado de fe y confianza en los hombres de ciencia que sugieren “verdades científicas”, ya que: si hay hechos científicos incuestionables y que determinan el avance técnico; como fuente de poder, fama y prestigió, la ciencia atrae y conlleva un sin número de ambiciones y recompensas que hacen caer a muchos de los que en ella medran. La mentira y el abuso, en el conocimiento científico, también es algo real. La honestidad que engloba la verdadera sabiduría, está muchas veces ausente en el espíritu de algunos que transita los caminos de dicho conocimiento. Y aunque su validez intrínseca se demuestra con los avances que la técnica desarrolla (g), no hay que olvidar la “zona” donde el conocimiento científico se desenvuelve: la parte material del ser y sólo en ésta[6].

El hombre conoce, ¿pero que cosas conoce? Y ¿Cuándo empezamos a conocer? Las interrogantes son, evidentemente, más que estas y las hay sutiles, y muchas que no tienen respuesta ni en el sentido “racionalizador” del espíritu. El conocer es simplemente agregar, a nuestra dimensión de ser, nuevas y variadas ideas, hábitos y costumbres que influirán en todo aquello que hagamos, en mayor o menor medida. Pero el conocimiento es personal, tiene una vertiente social o grupal que es “neutra”, en el sentido que está “ahí” y cualquiera interesado lo puede recibir. Las maneras de “recibir” el conocimiento son múltiples: van desde los libros, las conversaciones, los medios de comunicación, hasta la mera observación sensorial de nosotros mismos y lo que nos rodea.



[6]Cuando me refiero al método científico, considero como tal, el de las ciencias experimentales solamente.


002.04 EL PROCESO DE CONOCER.







El proceso de conocer es variado y cuenta con múltiples actores que son todos los seres vivientes. La aprehensión de “algo en otro” no es la ingestión material del comer. Se sitúa en un plano de realidad más alto que implica, de parte del aprehensor, la posibilidad del “órgano” o principio que reciba lo aprehendido, es decir lo que se hace conocido para mi; si, hace falta un “mi” para poder conocer. Hablo de “mí” como algo integrador en una determinada forma “vital” que puede sobretodo reproducirse y crecer, sea por si misma o a través de “infección” de las células.

Las cosas materiales, formas de la energía, no poseen conocimiento; simplemente son “forma”. Luego el conocimiento requiere vida; y la vida es: unidad de algo, entorno de un centro específico unificador de un todo determinado, simple o compuesto (h).

La vida es la esencia que permite el conocer. Pero hay múltiples formas de vida. Existen las vidas personales, las individuales, las grupales, las primarias y principalmente la Total. La Vida Total es aquella que permite todas las vidas y todas las cosas y tiene es Si la plenitud del Ser. Pero de está Vida se hablará más adelante.

La vida primaria son los virus, las bacterias y en general los seres unicelulares, cuya vida es corta y tienen movimiento y reproducción; ya sea que necesiten a otros seres para ello, como los virus, o que se muevan, coman y se dividan por ellos mismos. Pero su característica esencial es que no son sólo formas materiales. De alguna manera son capaces de “reaccionar” al menos a lo más elemental, como es la comida o la célula que les permitirá reproducirse. Esto, comparado con la simple forma de una piedra, es un avance en la independencia de la materia sobre la inmutabilidad de las formas.

“Existen opiniones dispares sobre si los virus son una forma de vida o estructuras orgánicas que interactúan con los seres vivos. Por ello algunos autores se refieren a ellos como «organismos al límite de la vida». Por una parte se asemejan a los organismos que tienen genes y evolucionan por selección natural, y se reproducen creando múltiples copias de sí mismos para autoensamblarse. Sin embargo, carecen de estructura celular, lo cual es considerado la unidad básica de la vida. Además, los virus no tienen un metabolismo propio, y necesitan una célula hospedadora para crear nuevos productos. Por tanto, no se pueden reproducir en el exterior de una célula huésped (aunque bacterias como Rickettsia y Chlamydia son considerados organismos vivos a pesar de tener la misma limitación). Las formas de vida aceptadas utilizan la división celular para reproducirse, mientras que los virus aparecen de forma súbita y en gran cantidad dentro de las células, lo que es análogo al crecimiento autónomo de los cristales. El autoensamblaje de los virus dentro de las células tiene implicaciones para el estudio del origen de la vida, pues refuerza las hipótesis de que la vida podría haber comenzado en forma de moléculas orgánicas autoensamblantes”[7].  

Las vidas grupales son aquellos individuos que juntan sus elementos constitutivos en función de un fin común, como son las plantas en general, pero su “mi” no aparece, sino que es una función coordinada entre  los factores que la forman, realizada por un mecanismo “de vida” que no se conoce bien todavía.  Las plantas tienen procesos complejos de crecimiento, respiración, transformación, protección, conservación, alimentación, desarrollo y reproducción. También poseen movimientos de orientación hacia arriba, hacia abajo y hacia la luz y en algunos casos de abertura y cierre de sus hojas o flores, cuando se las toca. Todo esto y muchas cualidades más, son “conocimientos” que las plantas desarrollan al contacto con el medio ambiente y definen un modo de relacionarse con la realidad circundante que implica un “conocer” determinado por su esencia de ser.

Las vidas individuales son seres que poseen en mayor o menor escala de definición, un “mi”; es decir, son individuos únicos con funciones especificas, determinadas por un centro o “actividad orgánica”[8] coordinadora de su actividad. Tienen movimiento  propio,  cuerpos no simples, órganos sensoriales, comen, se reproducen, nacen, sienten y cambian de acuerdo al medio donde se encuentren, en un proceso adaptativo complejo y en gran parte aún desconocido por la ciencia. Son todos los animales que van desde los insectos, casi microscópicos, hasta los grandes monos y el hombre. En ellos, el “mi”, sigue una línea de conocimiento ascendente, proporcional al desarrollo de su centro nervioso coordinador o de la capacidad cerebral que posean. Este segmento de la vida, en el planeta tierra, es el más avanzado en cuanto a la transformación de la materia se refiere; sería como si la parte inanimada, formada por la energía, con la complejidad que más o menos conocemos: partículas subatómicas, átomos, moléculas, aminoácidos, células, etc.; se desarrollaran, por un mecanismo desconocido, hasta llegar a formas de vida, donde el movimiento, el crecimiento, la reproducción y finalmente la inteligencia, fueran las formas de vida buscadas por una fuerza desconocida, pero actuante, que abarca todo el universo



[7]http://es.wikipedia.org/wiki/Virus (Propiedades de Vida)
[8] Entiendo por ésta: todo lo que pueda inducir a un conjunto material a desarrollar cambios como: crecer, reproducirse o alimentarse.

 

002.05 LAS VIDAS.









Las vidas mibióticas [9] o personales, son aquellas que no sólo tienen un “mi” sino que saben que lo poseen bien diferenciado, único, excluyente y que pueden, en las más relevantes, “ver” dentro de sí mismos y saber que “conocen”. Su vida depende de factores como la vida que tienen los vegetales, la parte de los sentidos de los animales, la inteligencia instintiva de los animales superiores y la “posicionalidad” de una entidad material que une la materia con un elemento de existencia cuya esencia no está formada por átomos, moléculas, células o ningún elemento de origen físico. Pero su “mi” profundo y primario es independiente, bien que necesite las condiciones vegetativas y animales, antes enunciadas. Esta anomalía en un mundo formado por elementos derivados de la “energía enfriada” supone una escala de transformación de dicha energía, en una escala de menor a mayor, hacia la concordancia, no integración, con la “Energía Pura” que es la “Creadora” de “aquello”[10] que forma la materia conocida (i). En el ser humano se reúnen y tocan estás dos energías como final de una COMPLEJA ESCALA DONDE LA MATERIA SE UNE, POR SEMEJANZA, A LA ENERGÍA PURA E INFINITA.

Todas las formas conoscentes tiene como elemento común el ser derivadas de la materia en formas complejas y en escala de menor a mayor. Salvo una: la del ser humano, quien engloba la forma de conocer de los otros seres materiales, con una dimensión que, por “sus características de resultado”, eleva la dimensión material a otro plano no correspondiente a la realidad del entorno, aunque se vale de ella, de la dimensión material, para discernir formas no incluidas en la materia misma, e imposibles de ser determinadas por dicha materia. Esto se percibe por cuanto las formas de las cosas hechas por el hombre, sin hablar de sus pensamientos, nunca son iguales a las que presenta la realidad material que lo engloba.

En las matemáticas, por ejemplo, los desarrollos de dicho lenguaje, aunque pueden interpretar ciertas partes de la realidad, no corresponden, ni de lejos, a lo que esa realidad es en si misma. El conocimiento humano es relevantemente otro, no sólo con los animales, sino en relación a las estructuras materiales de la naturaleza. El “mundo”, hecho por el hombre, implica un dominio de las causas y reglas de la naturaleza, así como una “arquitectura” interna de discernimiento que no se encuentra en ningún otro ser del mismo origen; es decir: dentro del orden de lo material.

Pero este dominio de las reglas de lo natural, no implica que sea tal cual es el orden de la naturaleza, ni que el hecho de “conocer”  sus reglas, cambie de manera esencial el orden de las cosas y los seres. El dominio, en el ser humano, es para producir nuevas formas, nunca para desarrollar los elementos intrínsecos (la sustancia) de las cosas. Se pueden alterar formas, nunca para crear esencias. Las formas hechas se pueden desarrollar de maneras sumamente complicadas; pero la necesidad intrínseca de lo que existe es palpable. Todas ellas requieren el sustrato de lo material para ser. Todas ellas son porque hay algo anterior a ellas no hecho por el hombre. Si existen, es porque las reglas del universo siguen funcionando con ellas o sin ellas. Son fabricadas a partir de “algo” y sólo pueden existir,  si ese “algo” permanece en el ser y las sustenta en su manera de existir. Esto es parte de la “contingencia humana” y de la contingencia de las cosas. No somos por nosotros mismos y aunque, recreándonos en lo que hemos logrado, pensemos que somos una “maravilla” y que nada sería el mundo sin nosotros; o presumir de como hemos hecho de la naturaleza nuestro dominio. Tales pensamientos no son si no la obra del desfase que muchas veces el pensamiento tiene con la realidad y a la vez muestra la mentira en la cual vivimos y nos regocijamos.

Conocemos algo de nuestro ser intrínseco; pero la mayoría de lo que nos rodea y permite que seamos lo desconocemos. Conocer, en términos humanos, no es ser, es sólo categoría de ser. Manera de presentarse el ser en la realidad del Universo.

Nuestros “mundos” son realidades intelectuales en primera instancia y proceden del contacto que tenemos con  lo natural. “Nihil est in intellectu quod prius non fuerit in sensu”[11] decía Sto. Tomas de Aquino siguiendo a Aristóteles. Pero estos conocimientos se determinan en nuestro espíritu de una forma especial propia de muestra especie y da lugar a “mundos” interiores y obras exteriores que son nuestro legado, bueno o malo, mejor o peor, a la dinámica de vida y creación de formas que es propia de nuestro Universo. Las ideas son propias del ser humano como resultado de la interacción entre la mente y el Universo, pero éste es de tal tamaño y nuestra mente tan pequeña que las ideas son generalizaciones de una realidad inconmensurable y diferente a nosotros, y tienen la cualidad de hacer posible el “acercamiento” a la dimensión de ser de lo Creado. El conocer es absorción de una realidad “cercana” en el espíritu de quien la percibe, pero en forma de “idea”, nunca de realidad de ser total.

La complejidad de la idea viene dada por esta extrapolación de la realidad en la mente del “conoscitante”[12]. Esta función se realiza normalmente por los sentidos externos que nos ponen en contacto con los seres circundante. Pero también con los llamados sentidos internos, como la percepción de si mismo, que nos permite conocer nuestro “yo” interno, estados anímicos, “percibir” nuestras funciones interiores e incluso la “marcha” de nuestro cuerpo.



[9] Aquellos seres vivos que tienen un “mi” diferenciado.
[10] En la ciencia no se plantea claramente si hay un “elemento” o energía primigenia que está en el principio de la materia, pero tampoco se “pregunta” el problema de manera sistemática. Pues es una “singularidad”. Michio Kaku, El universo de Einstein p. 109.
[11] Sto. Tomas. De veritate, q. 2 a. 3 arg. 19
[12] Seres que pueden incluir en si mismo “algo diferente” a lo meramente  material.

002.06 LA ESCALA DEL CONOCIMIENTO.




Los seres dotados de “conoscitación”[13] forman una escala en el orden del conocimiento de acuerdo a la mayor o menor inflexión de la idea en ellos. Cuanto más nivel de conocimiento de si mismo y de la realidad tenga un ser dado, más extensa y precisa será su “conoscitación” de lo real. La vida en sus manifestaciones tiene tendencia a suplantar, ingerir, procesar o “internalizar” otros seres y vidas. Toca, desplaza, absorbe y asume dentro de su parte “mental” otros seres y otras vidas. Este último proceso es propia de los vivientes, la parte material sólo puede tocar y desplazar mezclarse o ser absorbida. Pero lo “mental” hace aparecer un estado de ser diferente a los meros procesos materiales. Los seres vivientes de cierto nivel conoscitante tienen la capacidad de hacer imágenes de lo real que les rodea y de su “sentires” internos. Esto conlleva una dimensión de ser que les permite interactuar con los otros seres de maneras diferentes a lo que la parte material sensible les permite. No quiere esto decir que la ínteractuación sea de otro orden diferente al de la materia, sino que el organismo vivo crea una determinación del orden material en forma de imagen, por medio de elementos materiales como la electricidad, ciertas substancias químicas, rechazo o aceptación y otros procesos interiores, mediante la dinámica del órgano que llamamos cerebro. La complejidad y tamaño de estás operaciones es, como todo lo real, de una dimensión para la cual no tenemos medida ni capacidad de percepción.

La informática actual, mediante la electricidad, permite hacer eso mismo de manera no viviente pero si compleja. El problema reside en: ¿que hace la diferencia entre el “conocer” de la máquina y el conocer de la vida? Es obvio que la máquina está programada para hacer lo que hace, la vida también tiene un “programa”, inmensamente más complejo, pero lo tiene. Luego aquí de lo que se trata es del grado de complejidad y de la utilización por el ser humano de la percepción de sus funciones interiores de raciocinio que conjugando la técnica, logran “reproducir”, de manera similar, dichas funciones, con elementos materiales ordenados de acuerdo al proceso que quieren aprovechar. Pero esto que engloba la técnica humana será tratado más adelante.

Las imágenes que los seres vivientes “fabrican” en sus mentes, tienen características similares pero son individuales y propias. Individuales, porque cada individuo conoscente, hace imágenes de acuerdo a la forma, distancia, fuerza, manera etc. en que percibe la imagen que “fabrica”. Y propia, porque ningún otro individuo puede ni tiene la misma percepción. Esta “singularidad” de la imagen hace de éstas algo exclusivo y en cuanto a la cantidad: inconmensurables. Luego tenemos imágenes propias en la mente de cada ser viviente y formas determinadas en el mundo real. Las imágenes corresponde a ciertas de esas formas pero singularizadas por cada uno de los conoscitantes, esto conlleva la pregunta de: ¿cómo se pueden trasmitir, mediante signos, dichas imágenes, entre unos y otros de los vivientes?
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[13] la operación que realiza el ser vivo al determinar una imagen.

002.07 LA POTENCIALIDAD DE LA IMAGEN.






Sin embargo la imagen no es la última potencialidad que la mente puede realizar en torno al conocimiento de la realidad; las imágenes tienen “vida propia” en la mente de quien las percibe. Esto permite asociar o disociar imágenes que conllevan otras nuevas, la mayoría de las veces sólo mentales. Es el caso simple de una sirena o un centauro.

Por supuesto que al “enredarse” imágenes en tropel, por decir algo, la secuencia puede llevar a otras de carácter netamente fantástico e inusual. Pero todo ello se realiza de manera individual y mental. Posteriormente esas imágenes se pueden dibujar de manera material, pero nunca serán las mismas que concibió la mente, parecidas quizás, las misma nunca.

Las imágenes son propias de la mente “conosciente” y al recordarlas, en si mismo, el individuo no puede reproducirlas de manera igual; el factor tiempo, en este caso mental, cambia la imagen de manera sutil. Luego la imagen, producto de la interacción entre la mente y la realidad, se convierte en ser mental con características especiales con respecto al ser que las originó y al cual tiene similitud. Las imágenes fotográficas, si bien no dan la totalidad del ser o seres que reproducen, si son fieles al instante o a la luz, etc. que estaba en el momento dado. Las mentales no poseen esa cualidad. Parece que son de otra naturaleza. Este problema se debe más a las características de los seres mentalizados que a la posibilidad del proceso en si. La mente no es exacta con respecto a la realidad: es perceptiva, no copia, integra a su manera de ser la imagen real del ser del otro.

Los diferentes seres “mentaloides” [14] tienen caracterizas y actividades mentales diferentes que también forman una especie de escala donde las percepciones de las imágenes son distintas, no sólo como individuos, sino como especies. La manera de percibir las imágenes de la realidad, en las diferentes especies, debe ser similar en cada una de ellas pero diferente a la de las otras. Las pruebas que los sicólogos del conocimiento animal han realizado con diferentes seres “mentaloides”, loro, urracas, delfines, diferentes clases de monos etc. parecen indicar que si bien la percepción puede ser diferente la identificación de los objetos sigue siendo válida. Es decir el resultado de tener una imagen mental, en no importa cual especie animal “mentaloide”, conlleva la identificación real del objeto y su ínteractuación con él de maneras diversas. Luego la manera de percibir la imagen no es obstáculo para el conocimiento del ser al cual ella hace referencia. Es, entonces, una cualidad de las mentes el no reproducir “fotográficamente” la realidad, así la similitud y no la igualdad sirve para ampliar el campo de “visión” de ésta. Pero también muestra que los animales “mentaloides” tienen un conocimiento de la realidad “ad hoc” y no de esa realidad tal cual ella es. Significa esto que la evolución, en la naturaleza, no lleva a una perfección total, sino que determina seres con características “escalares” [15] que poseen mayor o menor “contacto” con lo real. Lo que en términos materiales son las etapas “escalares” de la energía, los quars, los muones, neutrones, átomos, moléculas, formas y compuestos complejos, hasta llegar a la vida y los seres vivos. En la parte mental se reproduce el mismo esquema de manera precisa en la escala de mayor a menor. Hay, al parecer una constante “escalar” en todo lo creado.

Luego en los diferentes seres “mentaloides” la captación, operación y proceso de la imagen tiene evidentes diferencias. Ya los mismos órganos de la recepción de las imágenes, al presentar diferencias de percepción y capacidad, conllevan distintas formas de aprehensión de ellas. Pero su carácter universal, aunque muy difuso, es congruente. Esto se ve claro cuando se estudia la actuación ante elementos reales en dicha clase de animales.

Todo este complejo conjunto de actos y procesos, que son múltiples y en número enorme, es sólo una pequeña parte de las posibilidades de conocimiento que se realizan en la llamada: “naturaleza”; conjunto de hechos, sucesos, relaciones, condiciones etc. que forman la plataforma material y vital donde marcamos nuestro transcurrir en el tiempo.

El tiempo es el otro orden de suceso que influye, determina y acoge el conocer. El tiempo es la no permanencia en el mismo estado de ser de una cosa o de las cosas. Ósea la mutación continua y constante en el ser, de algo y de todo. El tiempo está dado por lo “inabsoluto” [16] de la materia aparecida. Sólo lo que es total y absoluto o está determinado substancialmente, escapa al proceso de tiempo y espacio. La creación es contingente, ósea, no absoluta y por eso cambia. No está totalmente realizada por eso evoluciona. Y al evolucionar lo hace en un lugar y dentro de unas condiciones de ser inestático. Luego el conocimiento, en un lugar donde tiempo y espacio existen, es a su vez cambiante, modulable e inexacto. Y si bien la “mente” que lo concibe puede ser substancialmente determinada, es decir ya definida en el ser, aunque no total o absoluta; lo percibido nunca tendrá la determinación categórica ya que no lo es “per se” y lo no absoluto no puede determinar nada en el Ser.

Por otra parte, ninguna de las formas de la materia esta determinada substancialmente. Todos son compuestos, más o menos cambiantes, de formas más o menos complejas. El único determinante substancial, en lo material, es lo que llamamos: energía. Elemento que no conocemos y sólo suponemos como lo más universal, primario y congénito que tienen todas y cada una de las formas materiales conocidas (recuerdese a Demócrito). De aquí deriva que el conocer a nivel de los seres “mentaloides” sea imperfecto, limitado, contingente y sólo se pueda desarrollar en la aprensión de seres formados por el mismo proceso que hizo el universo.  Se deduce que el conocer, por si mismo, no realiza el ser, no esta determinado sino como proceso y, sus categorías  lo serán tambien. Luego: CONOCER NO ES SER, en términos de seres no absolutos.

Todo esto es para ubicar el conocer “mentaloide” en la escala que le corresponde dentro de lo que llamamos conocer. Pero dentro de los seres que realizan dicho proceso, hay un ser que por las consecuencias de desarrollo en la creación de formas sumamente complejas, es excepción en dicha escala, al menos por ahora. Evidentemente esta excepción es el ser humano. Pero en cuanto a lo que hace la diferencia y en el “cómo” es el proceso, no es algo fácil de interpretar; las opiniones, la falta de conocimientos sobre nosotros mismos, en fin, la limitación del mismo proceso que utilizamos; hace muy difusa la visión de un saber a cerca de como nuestra capacidad de aprehensión de los otros seres y realidades, se realiza y actúa.
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[14] Seres que tiene cerebros y capacidad de recibir y procesar imágenes.
[15] La situación de la materia y los seres vivientes en cuanto a su proceso de perfeccionamiento en la realización de la complejidad de los seres, tanto desde el orden formal como de la vida. 
[16] Aquello que no posee la condición de ser por si mismo. Sino que requiere de un ser anterior y absoluto que lo determine. Lo cual puede ser por creación directa o por evolución. Lo absoluto no requiere ni creación ni evolución. Sólo Ser.