Las vidas personales son aquellas que no sólo tienen un “mí” sino que saben que lo poseen bien diferenciado, único, excluyente y que pueden volverse sobre si mismos y saber que “conocen”. Su vida depende de factores como la vida que tienen los vegetales, la parte de los sentidos de los animales, la inteligencia instintiva de los animales superiores y la “posicionalidad” de una entidad material que une la materia con un elemento de existencial cuya esencia no está formada por átomos, moléculas, células o ningún elemento de origen físico. Pero su “mí” profundo y primario es independiente aunque necesita de las condiciones, vegetativas y animales, antes enunciadas. Esta anomalía en un mundo formado por elementos derivados de la “energía enfriada” supone una escala de transformación de dicha energía, en una escala de menor a mayor, hacia la concordancia con
Todas las formas “conoscitantes” (4) tiene como elemento común el ser derivadas de la materia en formas complejas y en escala de menor a mayor. Salvo una: la del ser humano, quien engloba la forma de conocer de los otros seres materiales, con una dimensión que, por “sus características de resultado”, eleva la dimensión material a otro plano no correspondiente a la realidad del entorno, aunque se vale de ella, de la dimensión material, para discernir formas no incluidas en la materia misma e imposibles de ser determinadas por dicha materia. Esto se percibe por cuanto las formas de las cosas hechas por el hombre, sin hablar de sus pensamientos, nunca son iguales a las que presenta la realidad material que lo engloba. En las matemáticas, por ejemplo, los desarrollos del dicho lenguaje, aunque pueden interpretar ciertas partes de la realidad, no corresponden, ni de lejos, a lo que esa realidad es en si misma. El conocimiento humano es relevantemente otro, no sólo con los animales, sino en relación a las estructuras materiales de
Conocemos algo de nuestro ser intrínseco; pero desconocemos la mayoría de lo que nos rodea y permite que seamos. Conocer, en términos humanos, no es ser, es sólo categoría de ser. Manera de presentarse el ser en la realidad del Universo.
Nuestros “mundos” son realidades intelectuales en primera instancia y proceden del contacto que tenemos con lo natural. “Omni cognitio príncipe a sensu” decía Sto. Tomas de Aquino siguiendo a Aristóteles. Pero estos conocimientos se determinan en nuestro espíritu de una manera especial propia de muestra especie y da lugar a “mundos” interiores y obras exteriores que son nuestro legado, bueno o malo, mejor o peor, a la dinámica de vida y creación de formas que es propia de nuestro Universo. Las ideas son propias del ser humano como resultado de la interacción entre la mente y el Universo, pero éste es de tal tamaño y nuestra mente tan pequeña que las ideas son generalizaciones de una realidad inconmensurable y diferente a nosotros, y tienen la cualidad de hacer posible el “acercamiento” a la dimensión de ser de lo Creado.
El conocer es absorción de una realidad “cercana” en el espíritu de quien la percibe, pero en forma de “idea”, nunca de realidad de ser total.
La complejidad de la idea viene dada por esta extrapolación de la realidad en la mente del “conoscitante”. Esta función se realiza normalmente por los sentidos externos que nos ponen en contacto con los seres circundantes. Pero también con los llamados sentidos internos, como la percepción de si mismo, que nos permite conocer nuestro “yo” interno, estados anímicos, “percibir” nuestras funciones interiores e incluso la “marcha” de nuestro cuerpo.
__________________________________________________














0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada