ADVERTENCIA

LOS CAPÍTULOS ANTERIORES AL 002.58, SE ENCUENTRAN, EN ORDEN ASCENDENTE, DESPUES DEL CAPÍTULO 002.00 CONOCER Y SER. Si se quieren ver todos los capítulos, basta con pulsar en el archivo año 2009, allí aparece "octubre" y en ese mes están casi todos los capítulos anteriores. Los otros primeros ocho se encuentran en el 2010.

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002.5Las vidas...



Las vidas personales son aquellas que no sólo tienen un “mí” sino que saben que lo poseen bien diferenciado, único, excluyente y que pueden volverse sobre si mismos y saber que “conocen”. Su vida depende de factores como la vida que tienen los vegetales, la parte de los sentidos de los animales, la inteligencia instintiva de los animales superiores y la “posicionalidad” de una entidad material que une la materia con un elemento de existencial cuya esencia no está formada por átomos, moléculas, células o ningún elemento de origen físico. Pero su “mí” profundo y primario es independiente aunque necesita de las condiciones, vegetativas y animales, antes enunciadas. Esta anomalía en un mundo formado por elementos derivados de la “energía enfriada” supone una escala de transformación de dicha energía, en una escala de menor a mayor, hacia la concordancia con la “Energía Pura” que es la “Creadora(3) de aquella que forma la materia conocida. En el ser humano se reúnen y tocan estás dos energías como final de una COMPLEJA ESCALA DONDE LA MATERIA SE UNE, POR SEMEJANZA, A LA “ENERGIA PURA E INFINITA" MEDIANTE LA SUBSTANCIA ESPIRITUAL QUE TENEMOS.

Todas las formas “conoscitantes” (4) tiene como elemento común el ser derivadas de la materia en formas complejas y en escala de menor a mayor. Salvo una: la del ser humano, quien engloba la forma de conocer de los otros seres materiales, con una dimensión que, por “sus características de resultado”, eleva la dimensión material a otro plano no correspondiente a la realidad del entorno, aunque se vale de ella, de la dimensión material, para discernir formas no incluidas en la materia misma e imposibles de ser determinadas por dicha materia. Esto se percibe por cuanto las formas de las cosas hechas por el hombre, sin hablar de sus pensamientos, nunca son iguales a las que presenta la realidad material que lo engloba. En las matemáticas, por ejemplo, los desarrollos del dicho lenguaje, aunque pueden interpretar ciertas partes de la realidad, no corresponden, ni de lejos, a lo que esa realidad es en si misma. El conocimiento humano es relevantemente otro, no sólo con los animales, sino en relación a las estructuras materiales de la naturaleza. El “mundo”, hecho por el hombre, implica un dominio de las causas y reglas de la naturaleza, así como una “arquitectura” interna de discernimiento que no se encuentra en ningún otro ser del mismo origen; es decir: dentro del orden de lo material. Pero este dominio de las reglas de lo natural, no implica que sea tal cual es el orden de la naturaleza, ni que el hecho de “conocer” sus reglas, cambie de manera esencial el orden de las cosas y los seres. El dominio, en el ser humano, es para producir nuevas formas, nunca para desarrollar los elementos intrínsicos (la sustancia) de las cosas. Se pueden alterar formas, nunca para crear esencias. Las formas hechas se pueden desarrollar de maneras sumamente complicadas; pero la necesidad intrínseca de lo que existe es palpable. Todas ellas requieren el sustrato de lo material para ser. Todas ellas son porque hay algo anterior a ellas no hecho por el hombre. Si existen, es porque las reglas del universo siguen funcionando con ellas o sin ellas. Son fabricadas a partir de “algo” y sólo pueden existir, si ese “algo” permanece en el ser y las sustenta en su manera de existir. Esto es parte de la “contingencia humana” y de la contingencia de las cosas. No somos por nosotros mismos y aunque, recreándonos en lo que hemos logrado, pensemos que somos una “maravilla” y que nada sería el mundo sin nosotros; o presumir de como hemos hecho de la naturaleza nuestro dominio. Tales pensamientos no son si no la obra del desfase que muchas veces el pensamiento tiene con la realidad y a la vez muestra la mentira en la cual vivimos y nos regocijamos.

Conocemos algo de nuestro ser intrínseco; pero desconocemos la mayoría de lo que nos rodea y permite que seamos. Conocer, en términos humanos, no es ser, es sólo categoría de ser. Manera de presentarse el ser en la realidad del Universo.

Nuestros “mundos” son realidades intelectuales en primera instancia y proceden del contacto que tenemos con lo natural. “Omni cognitio príncipe a sensu” decía Sto. Tomas de Aquino siguiendo a Aristóteles. Pero estos conocimientos se determinan en nuestro espíritu de una manera especial propia de muestra especie y da lugar a “mundos” interiores y obras exteriores que son nuestro legado, bueno o malo, mejor o peor, a la dinámica de vida y creación de formas que es propia de nuestro Universo. Las ideas son propias del ser humano como resultado de la interacción entre la mente y el Universo, pero éste es de tal tamaño y nuestra mente tan pequeña que las ideas son generalizaciones de una realidad inconmensurable y diferente a nosotros, y tienen la cualidad de hacer posible el “acercamiento” a la dimensión de ser de lo Creado.

El conocer es absorción de una realidad “cercana” en el espíritu de quien la percibe, pero en forma de “idea”, nunca de realidad de ser total.

La complejidad de la idea viene dada por esta extrapolación de la realidad en la mente del “conoscitante”. Esta función se realiza normalmente por los sentidos externos que nos ponen en contacto con los seres circundantes. Pero también con los llamados sentidos internos, como la percepción de si mismo, que nos permite conocer nuestro “yo” interno, estados anímicos, “percibir” nuestras funciones interiores e incluso la “marcha” de nuestro cuerpo.
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3)Principio de todo. 
4)Quienes pueden incluir en si mismos algo de lo que nos rodea en forma de idea.